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Foto Internet |
“Cuando Dios creó todas las cosas,
dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Tomó un poco de barro e
hizo una hermosa estatua. Pero era algo muerto, sin vida; tenía ojos pero no
veía; oídos pero no oía; boca pero no hablaba; manos y pies pero no caminaba.
Entonces el señor sopló el espíritu de vida en el rostro de esa estatua, es
decir, creó el alma y la introdujo en
ella la cual se convirtió en un hombre vivo. Es el primer hombre, a quien Dios
puso por nombre Adán, que significa “Hecho de tierra”.
El mismo Dios, Sabio entre los Sabios,
no ignoraba que las manos del alfarero eran capaces de dar
vida, por eso escogió el barro para crear al hombre.
Guardo unas manos de barro, en el
fondo sin fondo de mi caja de galletas.
Manos que se demoran en la espera, porque
ellas saben de la calma a la hora de dar
vida.
Manos que se funden con la tierra,
manos que se alían con el agua. Tierra y agua a merced del fuego de las manos.
Manos que tocan el alma de las cosas.
Manos que dicen palabras de amor.
Manos de carne que tocan lo divino.
Manos endurecidas que recrean con
ternura el rito de la vida, en cada tinaja, en cada cántaro…en cada cacharro…
Benditas sean las manos de los
alfareros, olleros, tinajeros de mi pueblo porque ellas iluminan la tierra.
Mª José Vergel Vega