«Se
anuncian fuertes lluvias por el Atlántico…»
Era la voz de Gloria
quien radiaba el parte meteorológico previsto para el fin de semana.
Mario pensó que para qué
había comprado él una casita en la costa como nidito de amor, si Gloria siempre
anunciaba mal tiempo en el Atlántico. La cosa tenía narices.
¡Ah, pero de este fin de semana no pasaba, así cayeran chuzos de
punta! Definitivamente, dijeran lo que dijeran las previsiones de Gloria, irían
a la casa de la playa.
Lo más probable era que
mi amiga se opusiera, tan meteoróloga ella. Ya la estaba oyendo: «Mira, Mario, no sólo son las fuertes lluvias,
sino que habrá vientos de fuerza ocho o incluso más y, claro, donde está la
casa, asomada mismamente al acantilado, lo más lógico es que nos engulla el
mar, y ¡hala!, para qué queremos después el dichoso nidito…»
Pero no, ya podía decir
misa, que esta vez no se saldría con la suya. Estaba decidido. Lo tenía todo
preparado y las previsiones de Gloria no estropearían su plan.
Una voz de hombre, que
no le resultaba del todo desconocida, daba ahora la crónica de sucesos:
«Una
mujer ha aparecido muerta en extrañas circunstancias en la casa conocida como
“El Acantilado”, junto a ella se encontraba un hombre que ha sido puesto a
disposición judicial. El individuo responde a las iniciales M.H.D.»
Mario sintió una fuerte
punzada en el pecho. Intentó llegar en vano al teléfono para pedir ayuda, pero
una punzada aún más fuerte lo hizo caer fulminado.
Mª José Vergel Vega

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