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domingo, 19 de abril de 2026

Mariposa danzarina

 



MARIPOSA DANZARINA

Danza la mariposa,

pues sabe que es hermosa.

 

Viaja de flor en flor

luciendo su color.

 

Sus alas extendidas

van regalando vida.

 

Lenta revolotea

y el viento de la aldea,

deja en su corazón

un etéreo temblor.

 

Danza la mariposa,

pues sabe que es hermosa.

Mª José Vergel Vega

martes, 10 de febrero de 2026

Febrero de cigüeñas

 



La cigüeña es un ave símbolo de fertilidad. Son fieles a los lugares que habitan temporada tras temporada.

Cada año ─mucho antes ya de la onomástica que reza en el dicho de “por San Blas, cigüeñas verás” ─regresan a sus nidos desde tierras más cálidas en las que han pasado los rigores del invierno.

Las torres de nuestras iglesias no serían las mismas sin el crotorar de estas aves que preparan el gazpacho como los más reputados chefs.

San Isidoro y otros estudiosos nos dicen de ellas que son un símbolo de “piedad filial”. Pocas aves como ellas se dedican con tanta atención  a la cría de sus hijos.

Mitológicamente, la cigüeña estaba consagrada a Juno, diosa del matrimonio.

Has de saber, cuando veas una cigüeña, que la vida está próxima a renovarse, a ofrecernos días de cálida esperanza.

Vengan o no vengan por San Blas, en clase hemos abierto nuestras puertas a las cigüeñas este mes de febrero. Tenemos ya unas cuantas acomodadas en unos nidos artesanos que han hecho los alumnos/as de Infantil y Primer Ciclo de Primaria de la actividad de Fomento de la Lectura del CEIP Batalla de Pavía de Torrejoncillo.

Os dejo unos versos que hice para esta actividad.

¡Buen provecho, grumetes de las palabras!


CIGÜEÑA  PATEÑA

Conozco una cigüeña,

pate pateña,

que subida en la torre

su pata enseña.


Yo sé de una cigüeña,

pate pateña,

que cuando llega el día

peina sus greñas.

 

Me gusta la cigüeña,

pate pateña,

que sale de mañana

y va a la aceña.

 

Se baña la cigüeña,

pate pateña,

y pesca con el pico

ramas pequeñas. 

 

Volando la cigüeña,

pate pateña,

regresa a su nido


risu risueña.

 

Se oye a la cigüeña

pate pateña,

haciendo su gazpacho

desde la peña.

 

Por San Blas las cigüeñas,

pate pateñas,

vuelven al campanario:

son lugareñas.

Mª José Vergel 

 


domingo, 23 de noviembre de 2025

Arcimboldeando: ¿Somos lo que comemos?

 



 

El arte utiliza caminos diversos para ayudarnos a realizar nuestra lectura particular del mundo.

Aprovechando esta estación otoñal que nos conduce a la calma y nos permite reconectar con nosotros mismos, nos fijamos en la obra de una pintor renacentista, que revolucionó absolutamente la pintura de su época: Giuseppe Arcimboldo (Milán 1527-1593).

Arcimboldo es uno de los más grandes representantes del «Manierismo» ─estilo de transición entre el Renacimiento y el Barroco, artificioso y exagerado─. Ejemplo de este estilo son las «cabezas compuestas» de Arcimboldo, retratos de gran originalidad formados a partir de la combinación de frutas, semillas, flores y otros objetos cotidianos.

Mis grumetes aprendices de 2º y 3º Ciclos de Primaria en la actividad de Fomento de la Lectura, cogieron un pulado de frutas y hojas otoñales y allá que se lanzaron a diseñar sus propios «arcimboldos».

El resultado de esta osadía han sido unos retratos bien curiosos que podéis visitar y admirar en el pasillo de la Biblioteca.

Cuando desatamos la imaginación, dejamos libres todas las criaturas que nos pueblan.

¿Será verdad que somos lo que comemos?


Arcimboldo era un pintor

de la escuela manierista.

Italiano, de Milán,

fue un gran renacentista.

 

De pequeño, con su padre,

se inició en las vidrieras,

palacios y catedrales

decoran Italia entera.

 

Famoso pintor de corte

de grandes emperadores,

todos se lo disputaban

y lo colmaron de honores.

 

Buscaba la inspiración

en flores, frutos, semillas,

que enseguida convertía

en alguna maravilla.

 

Podemos ver «arcimboldos»

en museos muy famosos,

en la Uffizi y en el Louvre

nos esperan misteriosos.

 

 

Sus cuadros son puro juego,

míralos con embeleso.

Nada es lo que parece,

Arcimboldo es bien travieso.

 

Estaba empeñado en ver

más allá de los objetos;

por arte de pareidolia

transformaba sus bocetos.

 

Fue un artista artificioso,

que todo lo trastocaba:

melocotones en ojos

y las bocas en guayabas.

 

Aquí te propongo un juego

si te quieres divertir:

coge frutas de un frutero

y mezcla con frenesí.

 

Verás que no es poca cosa

el retrato conseguido.

Por el sendero del arte,

ya caminas decidido.


Mª José Vergel Vega



domingo, 11 de mayo de 2025

Romance del Hada Versada

 Dejo por aquí una experiencia más de las llevadas a cabo en la actividad de Fomento de la Lectura en el CEIP Batalla de Pavía de Torrejoncillo, con motivo de la celebración del Día de la Poesía. 



Allá por el mes de marzo,

al llegar la primavera,

se presenta con sus versos

un hada muy sandunguera.

 

Hada Versada la llaman,

con su varita hace rimas.

Amiga de la belleza,

lo que es feo, le da grima.

 

En cada suspiro, un verso,

las palabras la encandilan,

sobre el campo va dejando

el renacer de la vida.

 

Ella entiende de octosílabos

y heroicos alejandrinos;

de heptasílabos de amor

están llenos los caminos.

   

Lo mismo te hace un soneto

que compone seguidillas;

de romances sabe un rato,

es experta en redondillas.

 

Églogas de Garcilaso

de cabo a cabo recita,

solo tiene que poner

a trabajar la varita.

 

Paso a paso y verso a verso,

nos va sembrando los días

de poemas tan hermosos

que nos llenan de alegría.

 

Deja que el Hada Versada

traiga belleza a tu vida;

de todos es bien sabido

que versos curan heridas.

Mª José Vergel Vega

 


martes, 1 de abril de 2025

MI BOTE DE BESOS

 






Con motivo de la Semana del Amor y de la Amistad, el Duendecillo Biblonio, que vive como un rey en el tronco del árbol mágico de la Biblioteca, nos dejó sobre la alfombra de los cuentos: Mamá, ¿de qué color son los besos?, una historia preciosa escrita e ilustrada por Elisenda Queralt y Carla Pott.

Se trata de un cuento escrito de una manera tan delicada y con unas ilustraciones tan  bonitas, que encandila a chicos y grandes.

Los niños y niñas de Primer Ciclo de Fomento de la Lectura hablaron largo y tendido sobre el color de los besos que más les gustaban.

Hablaban de besos verdes como hojitas de primavera, de los azules como el cielo en el verano, de los amarillos relucientes como el sol al mediodía, los violetas misteriosos como la noche, los rojos como cerezas jugosas, los anaranjados como el atardecer, los blancos como el silencio y los besos arcoiris, que tienen todos los colores.

Después del cuento, decoraron sus besos y el bote para guardarlos y que estuvieran a buen recaudo. Nunca sabemos cuándo puede asomar una gotita de tristeza. Los besos de colores van muy bien para curarnos de la pena. Por mi parte, les hice un poemita en el que atesorar la emoción de cada beso: “Mi bote de besos”.



En mi bote decorado                                                             

los besos voy a guardar,                                                      

por si un día la tristeza                                                       

me viniera a visitar.                                                            

 

Los hay de un rojo cereza                                                     

como el fuego del hogar,                                                      

esos dan mucha alegría,                                                        

calorcito de verdad.                                                                

 

Otros son tan amarillos                                                        

que de lejos veo brillar,                                                         

al mismo sol se parecen                                                        

con rayitos de amistad.                                                         

 

Los verdes cogí en el campo                                                  

a punto de despuntar,                                                            

son hojitas que muy tiernas                                                    

por doquier encontrarás.    

 

Algunos son tan azules,

cachitos de cielo y mar;

son de un azul tan profundo

que nunca se ha de apagar.

 

Misteriosos, los violetas,

nos borran la oscuridad;

cuando estemos preocupados,

rápido nos curarán.

 

Guardaré también los blancos,

de silencio y amistad,

para que lleven al mundo

el abrazo de la PAZ.

 

Con sus colores mezclados

un arcoiris harán,

y en el BOTE DE LOS BESOS

alegres me esperarán.

 Mª José Vergel Vega

 

 

                                                  

 


lunes, 10 de marzo de 2025

Las mandarinas de Dauseda

 

Mi buceo particular en la intrahistoria de los miércoles, se lo dedico hoy a un hombre sencillo y bueno de mi pueblo, «Tío Venancio». Él me contó la historia que a continuación voy a compartir con vosotros. Tío Venancio entornaba los ojos mientras expresaba lo mucho que ha cambiado la vida, cómo antes se apreciaban las cosas, cómo todo se compartía, cómo las casas estaban abiertas de par en par para aquel que necesitara de nosotros. Y tiene toda la razón, ahora nos miramos con recelo, la envidia sobrevuela como moscardón , lo hacemos todo para nuestro provecho,  sin pensar en que pueda sufrir el que tenemos al lado. Es verdad, tío Venancio, yo también me barrunto que algo feo, muy feo, está pasando; no confiamos los unos en los otros y eso, palabra de Julia, que no me gusta ni zarrampiu .

 


Esto que voy a contaros  me sucedió hace unos días. De regreso a casa, me sorprendí más de una vez pensando en lo que aquel buen hombre me había contado, mientras esperaba para entrar al médico.

¡Qué cosas tiene tío Venancio!, me repetía yo a mí misma.

No me ví la cara, pero seguro que llevaba dibujada una sonrisa bobalicona, esa que nos sale cuando vamos pensando en otra cosa, y nuestros pies caminan como si pisaran estrellas, que digo yo.

 

Tío Venancio, me había hecho pensar en la cantidad de pequeñas cosas que bastan para hacernos felices cada día. Me regaló uno de sus recuerdos y yo, agradecida, lo deposité dentro de mi vieja caja de galletas, en ella estará a salvo de los embates del tiempo traicionero  y de la memoria , que a veces da bandazos. En el vientre de esa caja, que huele a galletas María,  podrá encontrarlo mi hermana, protagonista de esta historia.

Pues…esto era de saber que hubo un tiempo en que todos éramos muy felices en una casa en medio del campo, en el mismo corazón de Dauseda. Dicen que tío Venancio estaba con papá Leandro preparando la tierra para la próxima siembra. Cuando llegó la hora de comer el «cacho pan», ambos se sentaron en el portal a reponer fuerzas.

Cuentan también que, en el momento en que tío Venancio fue a comerse la fruta, una niña de grandes ojos y pelo rizado, apareció por allí y se quedó tan embelesada mirando las mandarinas que iban a servirle de postre, que el buen hombre le dijo a la criatura:

¿Quierih una , bonita?

Sigue la historia contándonos que aquella niña hizo un gracioso mohín, inclinó la cabeza hacia un lado y contestó:

–¡Buenu!

 

 

Cautivado debió quedarse el bueno de tío Venancio, viendo con qué sazón se comía aquel diminuto ser la apetecible fruta, y no pudo por menos que preguntar:

–¿T,a guhtau, bonita?

Llegados a este punto, el cronista se queda un momento en suspenso, creemos que en solidaridad con aquella linda niña que, al parecer, entornó los ojos, sonrió con dulce sonrisa y después de morderse el labio inferior, espetó:

–¡Condeliriu!

¡Bendita expresión ésta que me refirió el cuentista! ¡Condeliriu!, así, todo junto, porque en este pueblo nuestro, la expresión llega de un golpe a la boca; y de un golpe ha de salir. Porque de un golpe se expresa el delirio, la delectación con la que una niña de pocos años manifestaba su agradecimiento, sin medida, ante el regalo de aquel manjar que a día de hoy pudiera parecernos tan simple.

Esto sucedió hace ya algunos años, pues el cronista no lo precisa con exactitud,. Fue en el mismo corazón de Dauseda, cuando aún las mandarinas eran frutas mágicas que despertaban el delirio de los niños.

 Mª José Vergel Vega

NOTA: Este artículo fue publicado en Torrejoncillo Todo Noticias el 19 de Septiembre de 2012.

jueves, 28 de noviembre de 2024

MARTINA Y MARTÍN

 



En estas dos últimas semanas de Noviembre hemos trabajado en clase dos días internacionales muy importantes: el Día de los  Derechos de la Infancia y el Día Contra la Violencia de Género.

Hay muchos niños y niñas en el mundo que aún no saben qué es eso de tener derechos. Jamás han tenido la suerte de que los traten como niños, las terribles circunstancias en las que malviven los ha hecho madurar antes de tiempo. A través de estas líneas, queremos recordar a tantos niños y niñas que pasan su infancia en territorios en guerra, a los que ni siquiera tienen un lugar en el que vivir, a los que cada día no tienen sus necesidades básicas cubiertas, a los que no dejamos echar raíces tan importantes para disfrutar de una vida digna, a los que soportan en sus pequeñas espaldas todo el dolor del mundo.

En clase de Fomento de la Lectura hemos trabajado el «Derecho a la propia identidad», la capacidad que tenemos todos desde niños a tener un nombre  y  a la afirmación de ser uno y una mismos.

Cada niño y cada niña debe poder ser como quiera ser y a ser aceptados sin ningún tipo de condición o prejuicio.

En la alfombra de los cuentos desplegamos las velas de dos historias hermosas de Raquel Díaz Reguera, que aún nos siguen abrigando el corazón: Yo voy conmigo y Yo soy.

Se trata de dos relatos que encierran las historias de dos niños a los que la sociedad que los rodea se cree con derecho a poner coto a cómo visten, a cómo ríen, a cómo piensan, a cómo quieren, a cómo hablan, a cómo guardan silencio, a cómo son en definitiva.

Martín y Martina (la bautizamos así, porque en el cuento no tiene nombre) son dos niños a los que les pica la nariz y las rodillas se les ponen tontas cuando están cerca el uno del otro.

Las convenciones sociales les hacen pensar que si se van despojando de lo que les caracteriza, conquistarán la amistad y el beneplácito del otro.

Martina va abandonando sus coletas, sus gafas de ver el mundo de una manera especial, su sonrisa quitapenas, las canciones que tararea a cada instante, las pecas que la hacen única, las palabras que continuamente salen de su boca, sus alas de libélula que la llevan en pos de sus sueños…

A medida que va dejando atrás su esencia, eso que la hace única, los pájaros que pueblan su cabeza salen en desbandada y terminan enjaulados.

¡Martín la mira por fin!, pero a ella no le gusta la versión en la que se ha convertido. Todo lo que ha dejado atrás era lo que la hacía llamarse Martina, esa niña alegre y parlanchina que tenía tan claro lo que la hacía feliz. Martina comprende que lo fundamental es quererse a sí misma tal y como a ella le gusta ser. No para hasta hacer regresar a los pájaros que anidaban en su cabeza y pregonar a los cuatro vientos que le gusta ser como es, y a quien no le guste que mire para otro lado como dice Alma. Ella es Martina, niña hecha de sueños, de alas que vuelan libres y que podrá conquistar aquello que se proponga.

Mis niños dicen que a Martín le pasa lo mismo, pero al contrario. Les llamó la atención que Martina se quitaba y Martín se ponía.

Martín se muere por cada una de las cosas que hacen única a Martina, pero esto no lo puede decir porque tiraría por la borda ser el más popular del colegio. Los “popus” son tipos duros, que se peinan como los futbolistas famosos, llevan gafas oscuras, escuchan los hits de moda, visten ropa de marca…

Martín lleva una mochila tan cargada de convencionalismos, que a penas puede levantar los pies del suelo. Llega un momento en que se mira al espejo y no se reconoce. ¿Qué es lo que me hace estar tan triste? se pregunta:
«Yo soy Martín, ni más ni menos, y debo caminar a mi manera»

Martín, al igual que Martina, comprende que debe mostrarse a los demás con valentía, siendo como le gusta ser, no como los demás le dicen que sea. Cuando se da cuenta de esto, al igual que Martina, comienza a escuchar el revoloteo de los pájaros de su cabeza y ¿sábeis qué? …

Pues que a él también le crecen alas, las alas de ir libre por el mundo. Martín y Martina van consigo mismos sin importarles lo que piensen los demás.

Si nos queremos y nos respetamos a nosotros mismos, estamos en el camino de recrear un mundo más justo, más humano, más igualitario, en el que no tengan cabida las faltas de respeto, el daño gratuito, la violencia de los verdugos sobre aquellos a los que se les niega una mínima dignidad.

¿Y tú? ¿Te has preguntado alguna vez si vas contigo?

Mª José Vergel Vega

viernes, 22 de marzo de 2019

Piratas de los versos

Imagen Internet

Es lo que tiene leer como "locas de los versos" la "Canción del pirata" de Espronceda, que tanto juego sigue dando a la hora de enganchar a esto de la poesía.
La alfombra de los cuentos se convirtió en un mar embravecido, y los piratas-poetas  brotaron por doquier, batiendo sus plumas, retándose a versos.
El combate fue fiero y enconado, las plumas no tuvieron descanso. Al final, el combate lo ganó la POESÍA, como no podía ser de otra manera.
Os dejo el poema que escribieron mis piratas de los versos.



La poesía es MÚSICA.
La poesía es SILENCIO.
La poesía es ALEGRÍA.
La poesía es JUEGO.

La poesía es CALMA.
La poesía es PENSAMIENTO.
La poesía es RISA.
La poesía es LAMENTO.

La poesía es SUEÑO.
La poesía es CANTO.
La poesía es VIAJE.
La poesía es LLANTO.

La poesía es LECTURA.
La poesía es FELICIDAD.
La poesía es EMOCIÓN.
La poesía es PAZ.


Mª José Vergel Vega

jueves, 15 de marzo de 2018

Niño de viento y espuma


Una de estas tardes lluviosas de Marzo, en la arena de nuestro mar de cuentos, convocamos a Gabriel, a su memoria dormida en el corazón de los niños.
Quisimos hacerlo presente en las historias que contamos cada día en nuestro colegio. Invitamos, a través de la lluvia que repiqueteaba en las ventanas, a uno de los pececitos más entrañables del mundo de los cuentos: Nadarín.
¿Qué quién es Nadarín? Pues un pescaíto negro más listo que el hambre que guió con sus arranques de pez estratega, a la colonia de pececitos rojos lejos del alcance de un atún voraz que surcaba los mares.
Con Nadarín aprendimos que cuando hacemos algo juntos, podemos alcanzar el objetivo que nos propongamos y que si todos recordamos a alguien que se ha ido, podemos sentir que está entre nosotros.
¡Gracias a la sensibilidad y a la sabiduría  de Leo Lionni que nos pone un temblor en el alma en todas las historias que nos cuenta!
¡Gracias a la ternura y a la inocencia de los niños, ellos hacen posible, con su magia, creer en que un mundo mejor está por llega!.
Entre todos escribimos estas palabras que, seguro seguro, Gabriel habrá recibido.

Duerme, pececito.
Los corales cantan para tí una sinfonía de agua.
Déjate mecer por las olas que te manda
nuestro mar de palabras.
Sueña  lindas historias
en nuestro mar de cuentos.
Una lluvia de besos te arropará
mientras duermes en tu casa de algas.
Deja que te canten las sirenas,
allá en el reino de Neptuno.
Duerme, Gabriel,
Nadarín de los mares.
Duerme, pequeño Gabriel,
niño de viento y espuma.

Mª José Vergel Vega

domingo, 10 de diciembre de 2017

La tierra prometida


“ He reducido el mundo a mi jardín y ahora veo la intensidad de todo lo que existe”
 (J. Ortega y Gasset)

Ha pasado el tiempo demasiado deprisa, velozmente  han ido sucediéndose las estaciones, y allí sigue varado en la orilla, acompañando con su sombra a aquel barco que un día pintamos de esperanza. El viejo chopo va dejando al descubierto sus cansadas raíces y se inclina hacia el agua quieta del río, coqueto aún, intentando conservar la compostura . Mi gigante verde siempre me recibe con las ramas abiertas.
¡Cuántos momentos de ocio he pasado en aquel barco amarrado a la cintura del chopo y que se mecía al compás de la brisa suave de la siesta! Cuando pienso en aquel tiempo tan azul ,me recuerdo siempre con un libro entre las manos, poniendo rumbo a los mares del sur en compañía de esa loca que es la imaginación de los niños y de las historias de Jack London, por supuesto. Otras veces me quedaba muy quieta, con los ojos puestos en el movimiento aleteante de las hojas del viejo chopo, hasta que me quedaba dormida y me dejaba llevar por el sueño hacia cualquier expedición por la luna. Yo de pequeña quería ser muchas cosas, pero sobre todo, astronauta; ahora tengo vértigo, ay que ver cómo te cambia el tiempo. Otras veces, componía canciones con los poemas que me rondaban la cabeza y me ceñían el corazón, echando mano de aquella guitarra que jamás aprendí a tocar, porque mis dedos siempre fueron torpes. Me viene a la memoria aquel romancillo de Góngora que dice:
La más bella niña
de nuestra ciudad ,
hoy viuda y sola
y ayer por casar…
Recitando esos versos rasgaba las cuerdas de la guitarra, poniendo énfasis en un estribillo que me quemaba las entrañas, porque yo siempre he sido muy vehemente, y me ponía tanto en la piel de aquella viudita, que me creía ella misma a la hora de repetir : Dejadme llorar/ orillas del mar… Han pasado los años y no he olvidado aquel poema que con mucho más acierto que yo, dónde va a parar, cantaba Paco Ibáñez.

lunes, 13 de febrero de 2017

¿A qué saben los besos?

Esta tarde, después de disfrutar de una historia preciosa, que recomiendo a chicos y grandes: Mamá, ¿de qué color son los besos?, le propuse a Nerea escribir un cuento que llevara por título: ¿A qué saben los besos? Su primera reacción fue ponerse un poquito remolona. Negociamos durante un ratito y llegamos al acuerdo de escribir juntas la historia propuesta, utilizando la técnica del acordeón (ir doblando el folio en forma de acordeón, de manera que cada una debíamos continuar la frase que hubiera escrito la otra). Después de invocar a las musas a través de las notas relajantes e inspiradoras de la guitarra, éste fue el resultado. 




Los besos son geniales pero: ¿alguien sabe a qué saben?
_¡Yo, yo lo sé! Ayer, al levantarme, vi un beso que sabía a tortitas con nata. Era un beso de ternura, el mejor para las mañanas de frío. Yo hoy he visto uno con sabor a tiramisú de canela.  Era un beso cálido, muy cálido, de esos que calientan el alma. Cuando me lo comí, ¡todo olía tan rico!
_¿Has visto algún beso con sabor a chocolate?
_ ¡Sí, claro que sí! El que te da tu mamá al irte a dormir, un beso tranquilizador. ¿Sabes que hay besos con olor a rosas? ¿De qué serán?
-¡Pues creo que encontré uno debajo de la almohada al ir a dormir. Sabía a nube de fresa y hacía cosquillas en la boca. ¿Sería un beso juguetón?
_¡Pues claro que lo era! A mí los besos que más me gustan son los besos con sabor a torrijas, esos que te dan las abuelas tan fuertes.
_¡Claro, es que los besos de las abuelas son especiales! ¿Tú me regalarías un beso?
_¡Pues claro! Sería uno de melocotón, suave por fuera y dulce por dentro, que son los mejores.

Nerea Lorenzo y Mª José Vergel