Mostrando entradas con la etiqueta Día del Libro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Día del Libro. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de mayo de 2026

CULTURA, esa dama de los sueños.

 


Decía uno, ¡vaya usted a saber!- pido perdón por ignorar su nombre, aunque bien podría llamarse Gulliver_, que “cuando desciende el sol de la cultura, hasta los enanos proyectan grandes sombras”.

Lo que éste debía ignorar es que el sol, siempre va y vuelve, y para todos amanece, sobre todo, para aquellos que se empeñan en la CULTURA.

Y si no, recordad el dicho: Siempre venceremos los eclipses, porque no hay eclipse que cien años dure ni día que no amanezca… reconozco que hemos reinventado el dicho, pero lo cierto es que hemos aprendido que si es preciso que el sol salga por otro sitio, saldrá.

A esta Dama que alimenta nuestros sueños, no le gustó nunca que alguien le pusiera cauces, ni que le estuvieran torturando el oído con lo que es o no políticamente correcto. De modo que , si lo que se impone, es salir por el Oeste y ponerse por el Este…pues, ¡qué quiere usted que le diga!, se cambian las tornas del Universo y a otra cosa…

A esta Dama de la que hablamos es bueno dejarla fluir, que se maneje a su antojo…que vaya y venga…unas veces será como amante impetuosa, capaz de trasladarnos al séptimo cielo… No lo duden, hablando de CULTURA, el Séptimo Cielo, existe…En esos momentos de éxtasis y mientras nos dure la resaca de su amor, creeremos que otro mundo es posible.

Y cuando nos pueda el desánimo, porque también habrá de esos momentos, en los que nos sintamos con el corazón partido, en los que la veamos como amantes despechados, ella vendrá a sacudirnos la abulia de estar vivos…será capaz de invitarnos a revelarnos contra aquello que nos deshumaniza, que borra lo que de hermoso hay en este mundo. Ella será capaz de hacer que, ante  nuestros ojos, se despliegue la orgía de la primavera.

Porque la CULTURA es un arma que apunta hacia el futuro. Ella hará crecer flores, aún cuando los inviernos se empeñen en hablarnos de la nieve.

De sobra sabemos que en estos tiempos desalmados,  isobaras enloquecidas nos anuncian que no hay día en que no se aproximen aguaceros. Y de sobra sabemos que esos aguaceros pretenden cogernos con el corazón desabrigado. Hay mucho desalmado que se empeña en arrojar la CULTURA por la ventana.

Pero ella , la CULTURA, sabe de paraguas contra esos aguaceros…y de paracaídas que protegen de peligrosos saltos al vacío. Por suerte o por desgracia, está muy acostumbrada a saltar sin red.

Ella es capaz de resistir todos los embates, siempre tendremos su reducto seguro…Siempre nos quedará la CULTURA…y ansiaremos ser, y lo seremos,  como esa belleza blanca de la jara que es capaz de arañar la dureza gris de la roca.

Mientras tengamos dientes, mordamos, seamos valientes, expresemos libremente lo que estamos dispuestos a hacer por ella.

Dice un tal Luis García Montero que “la vida no es un sueño”, por mucho que Don Pedro Calderón de la Barca, otro tal, se empeñase en lo contrario…

Hablando de esa Dama, a veces mujer fatal, que atiende por el nombre de CULTURA, no sé a quién darle la razón…probablemente ambos la tengan, porque no existe una razón absoluta, sólo hay razones que tratan, sin demasiado acierto,  de alcanzar el absoluto, que es concepto inabarcable.

Ciertamente, a veces no se sueña mientras se vive, porque si te da por entregarte a los sueños, la vida, que  a veces es una locahijadeputa, llega escudándose en no sé qué circunstancias, y te borra los sueños de un plumazo, o de un guantazo, que en demasiadas ocasiones no se anda con sutilezas.

No, a veces uno no sueña mientras vive… A veces, hay que vivir y punto; pero, eso sí, recomendamos encarecidamente no  perder de vista la CULTURA, así será más fácil andar el camino.

A veces la vida es un tango triste que habla de amores imposibles y se complace en recordarnos que estamos jodidos, tremendamente jodidos…

Pero, qué carajos…¡¡Se puede soñar, tenemos el derecho a soñar, tenemos el deber de soñar una vida más justa, más hermosa, más digna para todos!!

No, no podemos perder de vista a la CULTURA…Ella es experta en soñar sin importarle que muchos no crean en sus sueños…

No vayan ustedes a pensar…,  la CULTURA no es tan loca como parece, aunque a veces no se controle cual tierna damita adolescente. Antes de mostrarse, suele consultar con su almohada. Cualquier almohada, y más la de la CULTURA, tiene arranques de filósofa:  piensa, duda, se tortura, se deja aconsejar, abandona el consejo…Claro que, cuando decimos almohada, quizá queramos decir CONCIENCIA… esa tocanarices a la que deberíamos prestar más atención.

Hacerle caso a la conciencia, esa voz interior que te recuerda, que para la CULTURA también es precisa la DIGNIDAD.

Normalmente callamos si estamos solos, la CULTURA, que es sabia, nos recuerda que es mejor callar cuando estamos mal acompañados y después…consultar con la almohada…siempre hay alguna dispuesta a aclararnos las dudas.

Esa Dama de sueños ha cumplido ya una eternidad, pero sigue dudando, sigue muriéndose de frío si no encuentra nuestras manos. Le da pánico sentir que sin nosotros ni vive ni sueña.

NO es bueno que una Dama como ella esté sola, por mucho que no siempre se mueva en ambientes selectos.  A mí me gusta más cuanto se torna arrabalera,  mujer fatal con medias negras capaz de meterse en cualquier tugurio para llevar un poquito de luz a esos reinos de sombra que nos rodean.

Esa dama confiesa que se ha ido haciendo en nuestras manos…cuantas más son las manos, más grande se va haciendo su nombre, más años se va echando a las espaldas…

Es experta en hacer suyo nuestro sufrimiento.

Ella ama si nosotros amamos.

Está alegre si nos ve sonreir.

Llora si nosotros lloramos.

Puede ser el pasado, el presente y el futuro.

Necesita de la memoria para perdurar a través de nuestros recuerdos.

Estamos en ella y ella está en nosotros, si somos humanos es gracias a ella.

En su nombre han de caber todos los nombres.

Ella es la CULTURA, la VERDAD de nuestras vidas, la que nos trae el progreso, la que nos diferencia de los animales; la que nos hace dignos de llamarnos HOMBRES o MUJERES.

Ella puede ser la tierra en la que seguirán germinando nuestros sueños. Sólo por ella seremos sembradores de sueños, y no los abandonaremos por muchos malos despertares que nos acechen. Siempre encontraremos una canción para invocar a la lluvia…

Y como declara un tal Mario Benedetti, la queremos:

…porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo con codo

somos mucho más que dos.

Y aunque hoy el alma nos hable de baladas tristes, el sol de nuestras manos será capaz de beberse la escarcha, porque esa Dama soñadora nunca se rinde.

Ella es el  fuego que alimenta nuestro entusiasmo, porque su capacidad de amar es grande y su reino no tiene límites.

Ella es el agua que dibuja la estela de esos barcos que recalaron en otros puertos, la estela blanca de los sueños de esos marineros, que nos precedieron en el oficio de soñar , y que no olvidaremos por más que pasen treinta veces treinta años.

Ella es el aire que nos recuerda que seguimos vivos y despiertos, el que nos mantiene alertas, el que nos dice que no estamos solos, el que nos regala una brisa salina si estamos cansados.

Por eso, porque le gusta nuestra compañía, ella sigue proponiéndonos una y otra vez el mismo trato: caminar juntos, aunar esfuerzos,  seguir alimentando nuestros sueños en esta época de baladas tristes  que llenan el alma de notas de escarcha.

Mª José Vergel Vega

domingo, 19 de abril de 2026

Mariposa danzarina

 



MARIPOSA DANZARINA

Danza la mariposa,

pues sabe que es hermosa.

 

Viaja de flor en flor

luciendo su color.

 

Sus alas extendidas

van regalando vida.

 

Lenta revolotea

y el viento de la aldea,

deja en su corazón

un etéreo temblor.

 

Danza la mariposa,

pues sabe que es hermosa.

Mª José Vergel Vega

domingo, 11 de mayo de 2025

Romance del Hada Versada

 Dejo por aquí una experiencia más de las llevadas a cabo en la actividad de Fomento de la Lectura en el CEIP Batalla de Pavía de Torrejoncillo, con motivo de la celebración del Día de la Poesía. 



Allá por el mes de marzo,

al llegar la primavera,

se presenta con sus versos

un hada muy sandunguera.

 

Hada Versada la llaman,

con su varita hace rimas.

Amiga de la belleza,

lo que es feo, le da grima.

 

En cada suspiro, un verso,

las palabras la encandilan,

sobre el campo va dejando

el renacer de la vida.

 

Ella entiende de octosílabos

y heroicos alejandrinos;

de heptasílabos de amor

están llenos los caminos.

   

Lo mismo te hace un soneto

que compone seguidillas;

de romances sabe un rato,

es experta en redondillas.

 

Églogas de Garcilaso

de cabo a cabo recita,

solo tiene que poner

a trabajar la varita.

 

Paso a paso y verso a verso,

nos va sembrando los días

de poemas tan hermosos

que nos llenan de alegría.

 

Deja que el Hada Versada

traiga belleza a tu vida;

de todos es bien sabido

que versos curan heridas.

Mª José Vergel Vega

 


martes, 9 de abril de 2024

Abrazar la mansedumbre

 



Tengo en mis manos una reedición de 2019  de La princesa manca de Gustavo Martín Garzo, en editorial Kalandraka. Una auténtica joya.

La princesa manca tiene el regusto de los cuentos de antaño, contados al calor de la lumbre. Es de esos cuentos que una parece encontrar en un alto del camino en una reunión de pastores  ,refugiados al calor de las brasas en una noche fría de invierno, en la que lo que se cuenta, abriga y reconforta.

Fuego e historias, ingredientes perfectos para calentar el espíritu.

Gustavo Martín Garzo, autor de esta delicadeza de cuento, es un contador de historias a la antigua usanza. Lo narrado parece sembrado con  manos delicadas, hilado y cosido en el mandil de las abuelas, donde cabe lo mucho y lo poco. Las abuelas, las mejores contadoras desde que el mundo es mundo.

La sorpresa, el encantamiento, el asombro, el volver a ser infantes, está a solo un pase de página.

Queremos más, que nos cuente más, que la historia que se hace otras historias, no se detenga. La noche es larga y las palabras del contador brotan del manantial sereno de los sueños. Primero es un hilito, pero poco a poco, si sabemos darle el tiempo necesario, la historia se va haciendo río y el río se va haciendo cada vez más caudaloso hasta alcanzar el mar, donde desembocan todos los cuentos.

Los cuentos de Martín Garzo son como casas solariegas en las que recalar buscando sosiego. En ellos las palabras se cocinan a fuego lento, removiendo con la cuchara de palo, dando las vueltas necesarias para que el guiso final nos aproveche y nos reconforte: “sólo en su mansedumbre se guardaba el secreto del paraíso”. La mansedumbre como la mejor manera posible de transitar esta vida.

Una no puede entrar en las historias de Martín Garzo sin poner a punto la imaginación, sin volver de nuevo al reino de la inocencia donde conviven en amor y compaña animales, hombres, criaturas extrañas, una naturaleza madre que nos guía y nos salva de los peligros, el bosque como criatura poseedora de todos los secretos. Emboscarse para sanar: “Aunque existieran la pobreza, las ofensas, los fracasos, nadie lograría extinguir jamás esa luz que  les llegaba del misterioso bosque, revelándoles lo simples y verdaderas que podían ser las cosas”.

La princesa manca, y otros cuentos de Martín Garzo, son percibidos por los cinco sentidos. Sólo así podemos entenderlos, disfrutarlos y sanarnos. Nuestra existencia viene dada por la aceptación  del ciclo reiterativo entre la vida y la muerte. El autor nos muestra el verdadero ritmo de la vida, que no es otro que la pausa, el transitar tranquilo, el dejarse mecer en los hilos de las horas. Hay un tiempo para “encontrarnos con las cosas, y otro para despedirnos de ellas”. Y esto es así de sagrado.

A la usanza de los antiguos juglares, cuenta directamente al corazón. Lo narrado no parece escrito, sino dicho por labios expertos en pregonar historias.

La vida es un camino lleno de pruebas y sorpresas. En ella el dolor da paso a una felicidad más o menos efímera, y de ésta al sufrimiento media un suspiro. Cuanto antes lo aceptemos, más disfrutaremos del tiempo de vida que nos ha sido asignado. Y esto nos lo enseña como nadie este filósofo contador de historias que es Martín Garzo.

Contar para asombrarnos del milagro que es la vida.

Mª José Vergel Vega

domingo, 7 de abril de 2024

A la vida pirata.

Foto de la portada de "El pirata pata de lata".



 Buscando en el baúl de los versos, encontré unos poemitas que escribí hace algunos cursos para animar a leer y escribir a mis grumetes aprendices de escritores.

No tienen mayor pretensión que el divertimento y la animación a navegar en el mar de los libros.


EL PIRATA DEL OTOÑO


Resulta un poco gazmoño

el pirata del Otoño.

Duerme sobre una seta

y pasea en bicicleta.

No lleva parche en el ojo

porque tiene sus antojos..

No lleva pata de palo,

ni es un pirata malo.

Es amigo de los duendes

y con ellos bien se entiende.

No hay en el mundo un pirata

que tanto meta la pata.

¡Que es un poco gazmoño

el Pirata del Otoño!


CRISTÓBAL , “EL PIRATA ENAMORADO”


Cristóbal , de pequeño, 

jugaba a ser marinero.

En una hoja de papel

dibujó un barco velero. 

¡Yo quiero surcar los mares,

yo quiero ser bucanero;

yo no quiero cien cañones,

ni quiero uniforme nuevo!

¡Yo quiero ver las estrellas,

yo quiero mirar al cielo,

y mostrarle a los Mares

mi corazón tan tierno!

Y con el paso del tiempo,

Cristóbal fue creciendo,

y , por cosas de la vida,

se hizo pirata bueno.

Puso un corazón por vela

y al mar echó su velero;

con los cañones, Cristóbal,

sólo disparaba versos.


Mª José Vergel Vega


miércoles, 19 de abril de 2023

Mi vida salvaje



 Siempre salgo de las presentaciones de libros de poesía con la misma desazón. Me apena que, lectores y profanos, se pierdan la liturgia de la palabra, esa conexión íntima y mágica de cómo lo que siente el poeta, va haciendo nido en nuestro corazón.

Para sentir esto que digo, hay que probarlo y saborearlo.

Hoy, el poeta Juan Ramón Santos, compartió con nosotros, en nuestra coqueta Biblioteca "Martineta Rohet": "Vida salvaje", un poemario delicioso que nos llevó a aquellos días, más o menos despreocupados, en los que descubríamos el mundo cada cual a su manera. 

La poesía tiene estas cosas, nos hace indagar en nosotros mismos a través de los versos que alguien ha escrito para nosotros, sin ni siquiera saberlo.

Todo el rato, me vinieron los recuerdos, imborrables, de mi propia vida salvaje en el paraíso cercano de Dauseda. 

Pasaron ante mí las mariposas blancas que perseguíamos en busca de buenas noticias. Me vi descalza pisando los charcos al salir de la escuela, corriendo a llevarle el "cacho pan" a mi padre, que labraba entre coplas con aquel caballo sordo.

Y recité las tablas de multiplicar en aquella escuela chiquita de paredes encaladas y ventanales por los que entraba la luz cambiante de las estaciones. Y toqué las manos de mi madre que siempre olían a pan por las mañanas.

Verso a verso, me fui sumergiendo en el libro de la vida de mis abuelas. Aún cada tarde, al ponerse el sol, veo a los portugueses tirar de la cuerda. Hay relatos  que se quedan en una para siempre y nos salvan de los naufragios cotidianos, de un mundo que se me antoja que va demasiado deprisa.

Ante mí pasaron también las noches de verano y la sinfonía de escarabajos entre las hojas de la higuera...

Y tantos y tantos recuerdos que se me agolpan en la memoria.

Los versos, ciertos versos, son como aquella magdalena de Proust, que nos trae el regusto de aquello que formó parte importante- lo sabemos ahora- de nuestra cotidianeidad y que, de manera repentina, se nos hace tan presente.

 Quien lo probó, lo sabe.


Mª José Vergel Vega

lunes, 25 de abril de 2022

LIBROS, CAMINOS, DÍAS...

 





A veces, solo a veces, las cosas pasan como una se imagina.

Por fin, este 2022, ha sido el año en que hemos podido disfrutar de un Día del Libro que se ha estirado durante seis días intensamente vividos.

La Plaza Mayor y el bonito banco violeta que siempre nos espera a la puerta de la Casa de Cultura de Valdencín, nos sirvieron de escenarios para llevar las palabras, que otros habían escrito para nosotros, a la calle. Es hermoso ver cómo el viento las lleva de unos oidos a otros, y cada uno las va haciendo suyas a su manera.

En nuestro corazón, como un temblor de mariposa o unas cosquillitas de ala de libélula, se han quedado las historias que Margalida Albertí contó para chicos y grandes. Bichos, cuentos tradicionales,mitos, historias de otros tiempos perfumadas de tomillo y espliego y la eterna sonrisa de mamá Pepa que sabe mucho de lo narrado.

He de confesar que fue emocionante compartir tablas con los niños que leyeron y mostraron orgullosos sus relatos ganadores. La magia se palpa en un escenario lleno de niños. Todo lo impregna su frescura, esos nervios que les asoman a los ojos en forma de sonrisa, las manos temblorosas al coger el papel, la voz que, de repente, se va quedando muda hasta que de nuevo remonta y cascabelea en nuestros oídos.

Desde estas lineas quiero pedir disculpas por no haber estado con los niños y niñas de Valdencín y haber disfrutado con sus relatos. El ajetreo de estos días me pasó puntualmente factura y me impidió acudir a esta importante cita. A veces, solo a veces, una quiere y no puede.

Cecilia Bruno, educadora social comprometida profundamente con su profesión, llegó como el ángel que es, acompañada de un ser entrañable, su “Tía Esther”, a la que los usuarios del Centro de Día “María Libertad” no hacían más que gritarle “guapa, guapa”. Ambas hicieron que afloraran poemas y recuerdos. Ciertamente, como recalcaron estas dos mujeres hermosas, el libro más importante es el que escribimos cada uno con nuestra propia vida; es aquel que cuando la memoria se nos muestre cansada, ahí estarán otros para recordar lo vivido. La vida, el existir, ha de ser un camino compartido.

Con pan y vino se anda el camino”, dice un refrán castellano. En este caso, fue un aromático café y unos dulces hechos con manos amorosas, las de la Asociación Amas de Casa, los que acompañaron nuestra lectura en la Biblioteca Municipal. No hay nada como compartir viandas y lecturas en torno a una mesa. Que la palabra nos acompañe y nos guíe, que ella sea faro que nos alumbre en las zozobras cotidianas.

Un “Día del Libro” como mandan los cánones ha de tener, por fuerza, la presentación de alguna nueva criatura literaria. En esta ocasión, “El guardián del Prado”, vino de la mano de Juan Carlos Rivas, torrejoncillano de corazón afincado en Coria. Su presentación fue un alegato de amor hacia nuestro pueblo y sus gentes. Los allí convocados nos fuimos con su libro bajo el brazo, dispuestos a sumergirnos en una historia sobre mueseos, cuadros robados y el eco de la Guerra Civil latiendo entre sus páginas. Tan embebida estaba una en las palabras de Juan Carlos, que casi se me olvida entregarle el obsequio que ofrecemos a cuantos, altruistamente, pasan por nuestra Casa de Cultura:barro y dulces , esencia de lo que fuimos, somos y seremos en este bendito pueblo moldeado por las manos de los artesanos.

Y, como no podía ser de otra manera, pues aquí somos teatreros hasta decir basta, culminamos esta Semana del Libro 2022, con una comedia de enredos con música en directo: “El juego de los embustes”. Pese a ser vísperas de romería, hubo quien se acercó a disfrutar de cuatro alocados cómicos que tan pronto eran lo que decían ser, como dejaban de serlo y eran otra cosa. Merece extraordinariamente la pena acudir al teatro para que la cabeza se te llene de una algarabía de pájaros trinando aquí y allá.

Y presidiendo todos los actos, como embajadora de bienvenida a todos cuantos han querido acercarse por nuestra Casa de Cultura a disfrutar de esta semana llena de emociones, una exposición que nos ha envuelto en el halo misterioso del romanticismo a través de los evocadores versos de Carolina Coronado, a los que tan bien se adaptan los dibujos de Borja González y Alejo Bueno. Gracias al Plan de Fomento de la Lectura de Extremadura por convertir nuestro hall en una sala de exposiciones abierta de manera gratuita a cuantos tengan a bien visitarla.

Gracias emocionadas a los que habéis hecho posible esta Semana del Libro que, sin duda, quedará allí donde cada cual guarde las cosas del querer.

Mª José Vergel Vega

domingo, 25 de abril de 2021

Me atreveré a decir vuestros nombres

 


Llegó el cantor con los versos enredados entre las cuerdas de su guitarra, dejándonos un temblor de agua en la mirada. Quiso haceros visibles para traeros de vuelta hasta este presente que es el vuestro.

Maruja, Margarita, Ángeles, Rosario, María, María Teresa, Rosa, Concha, Josefina, Ernestina, Marga, Ángela...nuestros labios os nombran para regresaros al ahora, para que sigáis caminando al lado de nuestros sueños. Vuestra lucha continúa en la nuestra.

Juntas derribaremos los muros que nos impiden vislumbrar un horizonte lleno de luz, de vida plena y digna.

Reivindicaremos vuestra manera de ser y estar en el mundo, que ha de ser la nuestra. Vuestras manos de mujer serán una entre nuestras manos; esas manos siempre ocupadas, yendo de unos asuntos a otros, como mariposas nerviosas que el viento trae y lleva sin tregua.

Pronunciaremos una a una las letras de vuestros nombres, para reclamar la falta que nos hace vuestro legado. Seguiremos quitándonos el sombrero, abrazando la irreverencia de caminar contra corriente.

Queridas Sin Sombrero, cuánta falta nos hacen vuestros versos para llenar de sensibilidad y fuerza el caminar de cada día.

Sin duda, éste ha sido un 23 de Abril muy especial: despertar la memoria y hacer presentes a aquellas mujeres valientes que se empeñaron en hacernos libres . No nos cansaremos de repetir vuestros nombres , de echarlos a volar como mariposas que baten las alas del sentimiento.

Gracias, querido cantor , por derramar sobre nosotros esa lluvia de necesarios versos, capaces de curar las heridas del ostracismo y la indiferencia. Gracias por hacernos saber que las manos de las mujeres también escriben versos que labran los caminos de la esperanza, versos que abrasan, que nos remueven y nos ponen en guardia, que constatan la fuerza que nos imprime el haber nacido mujeres.

Nací mujer. Soy libre, valiente, dueña de mis actos. Soy mujer y guardo en la rebotica del corazón un buen manojo de sonrisas de recambio para cuando las fuerzas me flaqueen. Soy mujer y danzaré sobre los prejuicios que me impiden avanzar. Nací mujer y con vosotras lanzo al viento mi sombrero, porque ser mujer no ha de significar otra cosa que ser libre.

Mª José Vergel Vega



viernes, 18 de mayo de 2018

Había una vez un pequeño príncipe...




Vivimos en un mundo loco que no nos da tiempo para detenernos y saborear las cosas que verdaderamente importan.
El Principito llegó este curso para llamarnos la atención sobre esas cosas que nos encienden el corazón y la sonrisa: la esencia de la vida. Nos dejamos, pues, seducir por aquel príncipe-niño de cabellos rubios y nos trasladamos con él a su asteroide B-612, el lugar más chiquinino del Universo.
Se pasaba los días pidiendo que le dibujásemos un cordero, y al final –ya sabemos cómo son los niños– se salió con la suya. Una y mil veces nos repetía que las cosas más bonitas, esas que merecen la pena, se ven sólo con el corazón.
Tan dentro supo llegarnos este pequeño príncipe de los sueños, que montamos una pequeña obrita de teatro para agradecerle todo lo que nos había regalado. Ya sabéis que en esta vida hay que agradecer lo bueno y aprender de lo menos bueno, porque todo lo que nos pasa, nos fortalece.
Desde que lo conocimos una tarde en la playa en la que recalan nuestras lecturas, no hemos dejado de agradecerle que nos impulsara a creer en nuestros sueños, a mimar las pequeñas cosas de la vida , lo bueno que es contar con una mano amiga y lo sano que es no poner etiquetas a nadie.
Si nos sostenemos los unos a los otros, sabiéndonos iguales aunque diferentes, el mundo será un lugar más hermoso, en el que los niños puedan dedicar su hermoso tiempo a ser niños y los mayores disfrutemos viéndolos felices.
Nosotros estamos convencidos de ello. ¿Y tú?
Mª José Vergel Vega




martes, 1 de septiembre de 2015

La semillita dormilona

 Ahora que empieza Septiembre, volvemos al cole y nos vamos sacudiendo  la modorra estival, voy a dejaros una historia  que compuse para que mis niños de Educación Infantil celebraran el Día del Libro . Es un poemita, sin grandes pretensiones,  a base de pareados,  sobre una semilla que no despertaba ni a la de tres y que a ellos les hizo mucha gracia. 


Era de saber una semillita
dormidita en su cunita.
Soñaba el señor Sol
con viajar a Sebastopol.

Pero antes de emprender viaje,
debía de pagar peaje:
¡Despertar a la Semilla,
haciéndole cosquillas!

_¡Esta Semilla dormilona
se está haciendo la remolona!
Por más que el Sol lo intentaba,
la Semilla no despertaba.

Cuando el Sol se fue a dormir,
alguien llegó por allí.
Dando un traspiés Doña Luna,
se chocó contra la cuna.
  
La Semillita enfadada,
despertó congestionada.
_¡Ay mamá, dile a la Luna
que no me ha hecho gracia alguna!

_Ya sabes que a mamá Tierra
no le gusta nada la guerra.
Le dijo a la Semillita:
-¡Niña, quédate quietita!

miércoles, 17 de junio de 2015

Los libros del General

Foto Internet
Guardo este artículo, que ya se publicara con anterioridad, con especial cariño. En él duerme una preciosa historia, al menos para Julia y para mí, de un verano ya lejano en el que ambas descubrimos la aventura de leer e imaginar.

Los” Libros del General” estaban colocados en una librería de madera muy antigua que había en el piso alto. La abuela me la había enseñado alguna vez, pero me tenía terminantemente prohibido cogerlos a mí sola; no porque pudieran resultarme perjudiciales moralmente, sino porque algunos de ellos eran verdaderos incunables. Era el caso de un Quijote en dos tomos con una encuadernación lujosísima, de piel de vaca repujada, aunque yo, sinceramente, prefería lo que había por dentro.
     Recuerdo que la primera vez que lo abrí tuve que taparme la boca con las manos para no gritar de asombro. Estaba escrito con una letra preciosa con muchos adornos, y unos dibujos que invitaban a soñar y a zambullirte de lleno en el mundo de los Caballeros Andantes y las Damas Enamoradas. Pero quien quiera que fuera el que había escrito aquel libro con aquella letra tan preciosa, sin duda no había tenido , ni por asomo, una maestra tan severa como la mía: ¡ Madre Soberana, si allí había miles de faltas de ortografía! Si el tal Cervantes, que así se llamaba el autor, hubiera tenido que copiar veinte veces cada palabra mal escrita, todavía hoy estaría escribiendo, el pobre. Después me enteré- mi abuela por poco se muere de la risa cuando me lo explicaba el viejo General Mutilado-, que en los tiempos en que Cervantes escribió El Quijote no se escribía como ahora, y lo que yo creía faltas de ortografía, pues resulta que no lo eran.
     ¡Pues menos mal!, porque ya estaba yo dispuesta a plantear severa batalla a  la Señorita Remi, que siempre estaba con aquello de que las faltas de ortografía le daban un dolor de barriga tremendo. ¡Pobre! Por eso estaba mala cada dos por tres.
     Os confieso que en un solo verano conseguí leerme los dos tomos de El Quijote, que ya es mérito para una niña de ocho años. Por eso, aunque a muchos les sonará extraño y a niña repelente, cada vez que me preguntan cuál es mi libro favorito, siempre digo que El Quijote y me importa un pimiento que la gente me mire con mal disimulada cara de asco.  ¡Qué me importa a mí que las demás niñas prefieran a Blancanieves, Caperucita y otras del mismo estilo! Ni se imagina la gente el grado de felicidad que yo alcanzaba cuando me ponía a leer aquella maravilla, con aquellos dibujos tan fantásticos del loco de Don Quijote colgado de los molinos de viento, o del bueno de Sancho Panza con su barriga serena y oronda, que no lograba explicarse qué había hecho él para merecer semejante amo.

miércoles, 22 de abril de 2015

Hija de la palabra

Foto Internet

No sólo de pan vive el hombre, pues son otras las cosas que calman el hambre y la sed del sentimiento.
Toda mi vida me recuerdo rodeada de libros, de historias de nunca acabar, del yo no te digo ni que sí ni que no, de la canción del ternerito al que apartaban de su madre, de los cuentos que inventaba la mía exclusivamente para mí, de las historias que escribía la abuela en el libro de la vida…
Aún hoy, cuando se ha cumplido una buena parte de mi caminar por el mundo, creo que en cualquier momento una ondina de hermosura insuperable y cabellera dorada, va a asomarse a aquella ventana de la Casa de las Sirenas, y he de verla peinarse, lánguidamente, con un peine de oro.
Si soy como soy es porque los libros, las palabras que los conforman, me han ido moldeando. Soy hija de la palabra y de las infinitas formas  en que aquella se manifiesta y nada de lo que pase a mi madre me es ajeno.
Me consta , porque los conozco como conozco a los de mi sangre, que ningún libro quiere acabar en el Cementerio de los Libros Olvidados. Los cadáveres de palabras amontonados unos encima de otros, dan una pena infinita y no hay bastantes cruces para recordarlos.
No quiero historias prisioneras de un tiempo al que arrancaron el corazón. ¡Yo quiero palabras aladas, que vuelen de estante en estante, que vayan de mano en mano! ¡Que Don Quijote baile con Mme. Bovary y la Cenicienta tenga derecho a perder su zapato de cristal a la hora que le apetezca , porque los hechizos no tienen por qué desaparecer nunca!

miércoles, 23 de abril de 2014

A Ángel Campos, una tarde de invierno.

Para los que amamos los libros y santificamos el oficio de escribir, hoy es un día grande.
¡Benditos libros que nos salvan de tantas cosas! ¡Que los dioses guarden para siempre a aquellos cuya mano los dota de vida!
Encontré este humilde homenaje que hice hace unos años a mi querido Ángel Campos. Me ha emocionado encontrarlo, por eso lo rescato y le hago un hueco especial en estos Cuadernos de Dauseda.

"A veces sólo un gesto es suficiente /para salvar el día" (Ángel Campos Pámpano)

Foto Web
Os hablaré hoy de un poeta. Ángel parecía haber surgido del silencio. Mirarlo transmitía calma. Su mirada, profunda, siempre parecía estar buscando algún verso; porque para Ángel, escribir, era ante todo, mirar.
Se me ha ido Ángel Campos, poeta callado, de versos amargos, pero repletos de dulzura. Parece que fue ayer cuando lo conocí una “tarde parda y fría de invierno”, en una de las sesiones de un Taller Literario. Llegó sin hacer ruido, con su porte de poeta sencillo, con sus libros-tesoros bajo el brazo y una sonrisa verdadera en los labios. Recuerdo que elogió unos versos que yo había escrito, ya se sabe que los poetas somos seres vanidosos y nos gusta, aunque no lo digamos, que nos regalen el oído. Aquel elogio, tan sencillo, me sirvió para dar forma a un poemario que nació del silencio y que es una parte inseparable de mí misma. Ese poemario es Dauseda, cuyos versos deben mucho a aquel encuentro tan entrañable con Ángel Campos, y a dos de sus libros: La ciudad blanca y Siquiera este refugio.De Ángel dijo Santiago Castelo que era un hombre de “ vuelta de muchas amarguras”. Supo dar a esa amargura, a ese dolor de vivir, forma de verso. ¡Qué difícil es dar forma poética a las aflicciones sin caer en la ñoñería! Pero Ángel supo hacerlo, supo encontrar el lado dulce de lo amargo.
A todos nos descubrió Lisboa, esa Lisboa tan suya que quiso compartir con nosotros, generosamente, a través de esos versos tan verdaderos de La ciudad blanca; una Lisboa que se muestra ante el poeta y ante nosotros, lectores, de todas las formas y colores posibles:
Lisboa, bajo el celaje tenue del otoño, es casi un cuadro cubista tendido en la ladera”.
Confieso que te he utilizado, Ángel. Calaste en mí tan hondo aquella tarde, que siempre, en casi todo cuanto escribo, permanece tu huella imborrable. Tus versos de La ciudad blanca, subyacen en una carta de amor que escribí no hace mucho y que tiene como fondo Lisboa, la que pintan tus versos y la que mis ojos de turista novata, contemplaron extasiados un día.
Gracias por enseñarme que la poesía puede decir aquello que parece no poder ser dicho, aquello que está tan profundo y tan sin forma que no parece poder ser expresado con palabras. Pero la poesía posee en sí misma esa magia, es capaz de crear palabras para nombrar lo innombrable.
Te empeñaste en apresar con tus versos aquellos tiempos azules y más o menos despreocupados de la infancia: “Pintar tan sólo para preservar el desierto”Escribir para preservar, qué hermosa tarea ésta, querido Ángel. Escribir para poner a salvo esos paraísos que todos poseemos, para redimirlos del tiempo, ese tiempo cruel que no guarda la compostura debida con las cosas que amamos, incluso más que a nosotros mismos. Ponerlos a salvo, aunque muchas veces esa hazaña nos haga daño:
Volver es como un largo
silencio abandonado,
huella de un cuerpo trunco
que ha cumplido su ciclo,
un grito adentro
que casi nadie escucha.

¡Qué bien lo expresan estos versos tuyos! Muchas veces nos sentimos así. Quisiéramos, con los versos, presentar ante los demás nuestros anhelos, nuestras esperanzas, nuestras desazones, nuestro amor, nuestro dolor… pero todo queda en un grito silencioso que nos taladra por dentro.
Gracias Ángel por ser poeta. Gracias por ser un hombre cercano a lo que verdaderamente importa; cercano a las cosas sencillas, a esas cosas que, sin darnos cuenta, vamos perdiendo en el devenir irremediable de los días.