lunes, 25 de abril de 2022

LIBROS, CAMINOS, DÍAS...

 





A veces, solo a veces, las cosas pasan como una se imagina.

Por fin, este 2022, ha sido el año en que hemos podido disfrutar de un Día del Libro que se ha estirado durante seis días intensamente vividos.

La Plaza Mayor y el bonito banco violeta que siempre nos espera a la puerta de la Casa de Cultura de Valdencín, nos sirvieron de escenarios para llevar las palabras, que otros habían escrito para nosotros, a la calle. Es hermoso ver cómo el viento las lleva de unos oidos a otros, y cada uno las va haciendo suyas a su manera.

En nuestro corazón, como un temblor de mariposa o unas cosquillitas de ala de libélula, se han quedado las historias que Margalida Albertí contó para chicos y grandes. Bichos, cuentos tradicionales,mitos, historias de otros tiempos perfumadas de tomillo y espliego y la eterna sonrisa de mamá Pepa que sabe mucho de lo narrado.

He de confesar que fue emocionante compartir tablas con los niños que leyeron y mostraron orgullosos sus relatos ganadores. La magia se palpa en un escenario lleno de niños. Todo lo impregna su frescura, esos nervios que les asoman a los ojos en forma de sonrisa, las manos temblorosas al coger el papel, la voz que, de repente, se va quedando muda hasta que de nuevo remonta y cascabelea en nuestros oídos.

Desde estas lineas quiero pedir disculpas por no haber estado con los niños y niñas de Valdencín y haber disfrutado con sus relatos. El ajetreo de estos días me pasó puntualmente factura y me impidió acudir a esta importante cita. A veces, solo a veces, una quiere y no puede.

Cecilia Bruno, educadora social comprometida profundamente con su profesión, llegó como el ángel que es, acompañada de un ser entrañable, su “Tía Esther”, a la que los usuarios del Centro de Día “María Libertad” no hacían más que gritarle “guapa, guapa”. Ambas hicieron que afloraran poemas y recuerdos. Ciertamente, como recalcaron estas dos mujeres hermosas, el libro más importante es el que escribimos cada uno con nuestra propia vida; es aquel que cuando la memoria se nos muestre cansada, ahí estarán otros para recordar lo vivido. La vida, el existir, ha de ser un camino compartido.

Con pan y vino se anda el camino”, dice un refrán castellano. En este caso, fue un aromático café y unos dulces hechos con manos amorosas, las de la Asociación Amas de Casa, los que acompañaron nuestra lectura en la Biblioteca Municipal. No hay nada como compartir viandas y lecturas en torno a una mesa. Que la palabra nos acompañe y nos guíe, que ella sea faro que nos alumbre en las zozobras cotidianas.

Un “Día del Libro” como mandan los cánones ha de tener, por fuerza, la presentación de alguna nueva criatura literaria. En esta ocasión, “El guardián del Prado”, vino de la mano de Juan Carlos Rivas, torrejoncillano de corazón afincado en Coria. Su presentación fue un alegato de amor hacia nuestro pueblo y sus gentes. Los allí convocados nos fuimos con su libro bajo el brazo, dispuestos a sumergirnos en una historia sobre mueseos, cuadros robados y el eco de la Guerra Civil latiendo entre sus páginas. Tan embebida estaba una en las palabras de Juan Carlos, que casi se me olvida entregarle el obsequio que ofrecemos a cuantos, altruistamente, pasan por nuestra Casa de Cultura:barro y dulces , esencia de lo que fuimos, somos y seremos en este bendito pueblo moldeado por las manos de los artesanos.

Y, como no podía ser de otra manera, pues aquí somos teatreros hasta decir basta, culminamos esta Semana del Libro 2022, con una comedia de enredos con música en directo: “El juego de los embustes”. Pese a ser vísperas de romería, hubo quien se acercó a disfrutar de cuatro alocados cómicos que tan pronto eran lo que decían ser, como dejaban de serlo y eran otra cosa. Merece extraordinariamente la pena acudir al teatro para que la cabeza se te llene de una algarabía de pájaros trinando aquí y allá.

Y presidiendo todos los actos, como embajadora de bienvenida a todos cuantos han querido acercarse por nuestra Casa de Cultura a disfrutar de esta semana llena de emociones, una exposición que nos ha envuelto en el halo misterioso del romanticismo a través de los evocadores versos de Carolina Coronado, a los que tan bien se adaptan los dibujos de Borja González y Alejo Bueno. Gracias al Plan de Fomento de la Lectura de Extremadura por convertir nuestro hall en una sala de exposiciones abierta de manera gratuita a cuantos tengan a bien visitarla.

Gracias emocionadas a los que habéis hecho posible esta Semana del Libro que, sin duda, quedará allí donde cada cual guarde las cosas del querer.

Mª José Vergel Vega

jueves, 7 de abril de 2022

Pétalos, pétulos

 



A mis niños de 4 años les encanta rimar. Para celebrar el Día de la Poesía compuse este poema usando las aportaciones de los alumnos. Isabel, Leo, Zoe y Alejandro son unos poetas natos. Fue Alejandro, muy apañado él, quien puso el título: "Pétalos , pétulos".



Un poema de colores

nos ayuda a ser mejores.

En mi precioso jardín,

las flores salen sin fin.


¡Verde, que te quiero verde,

el que no rime, pierde!


Pétalos, pétulos traemos

que de rimas llenaremos.

De color rosa, ella se posa:

aquí esta la mariposa.


¡Verde, que te quiero verde,

el que no rime, pierde!


Morado llega con el viento,

he aquí Don Pensamiento.

¡No queremos flores negras,

nos recuerdan a la guerra!


¡Verde, que te quiero verde,

el que no rime , pierde!


El ratoncillo Pepillo

se pirra por el amarillo.

¡Sube pronto al naranjel,

no tardes mucho, Isabel!


¡Verde, que te quiero verde,

el que no rime, pierde!


¡Pintemos el cielo azul

como un vestido de tul!

Dibuja una nube blanca,

justo encima de la granja.


¡Verde, que te quiero verde,

el que no rime, pierde!


Aleja el gris de la tristeza,

¡sonríe, no te de pereza!

Pétalos, pétulos trajimos,

mucha rimas escribimos.


¡Verde, que te quiero verde,

el que no rime, pierde!


Mª José Vergel Vega



martes, 8 de marzo de 2022

Soy mujer (Manifiesto 8M)




Un año más volvemos a salir a la calle para reivindicar, para seguir incidiendo en la lucha por el más importante de nuestros derechos: ser libres e iguales, sin brecha de género.

Las mujeres no serán iguales fuera del hogar mientras los hombres no sean iguales dentro de él”. Importante reflexión que nos dejó hace tiempo la activista del femimismo Gloria Steiman. Reflexión que no puede ser más cierta, porque mientras no haya igualdad en nuestros hogares, no la habrá de puertas para afuera. Todas y todos deberíamos compartir esta obviedad, pues nos pondría en el camino hacia la igualdad real.

Salimos a la calle para sembrar palabras de esperanza, para repetirnos hasta el hartazgo que querer es poder, para visibilizar que somos parte importante del mundo, para rasgar el oprobio al que se nos ha sometido durante siglos.

Soy mujer y grito, exijo mi presencia en los asuntos del mundo.

Soy mujer y lo que pienso, cuenta. Soy mujer y lo que hago, puede cambiar el mundo.

Soy mujer y no tengo miedo a trastocar el girar del universo, si con ello estoy contribuyendo a construir un mundo más justo, más digno, más habitable, más humano.

Soy mujer y soy marea, porque guardo en mí a todas y cada una de las mujeres. Una y todas en dulce y necesaria armonía de sororidad.

Soy mujer y defiendo la dignidad de los trabajos invisibles. Defiendo las manos de quienes se olvidan de sí mismas y se dan como un regalo a los demás.

Soy mujer y me atrevo a denunciar la violencia machista. Rechazo las manos de quienes son heraldos de muerte y de sombra.

Soy mujer y denuncio que siete de cada diez empleos a tiempo parcial tengan rostro femenino, que no exista aún un reparto de tareas equitativas en muchos hogares y en muchas familias, que no se haga lo suficiente para romper el techo de cristal y favorecer el liderazgo de las mujeres en la toma de decisiones.

Soy mujer y me duele el horror de la guerra, el que están sufriendo muchas de mis hermanas en Afganistán, Yemen, Corea del Norte, Venezuela, Siria, Palestina, Ucrania. Vuestro dolor es mi dolor.

Soy mujer y me sumo al lema de Naciones Unidas: “Igualdad de género hoy para un mañana sostenible”, y solicito la cooperación entre hombres y mujeres para construir una sociedad mejor.

Soy mujer y os invito a creer en el feminismo, a no olvidar a las que sufren, a las que se creen solas ante el dolor.

Soy mujer y sé que soy capaz de romper cadenas.

Soy mujer y soy fuerte, porque estoy hecha de retazos de esperanza y libertad.

M.ª José Vergel Vega

Torrejoncillo 8 de Marzo de 2022






viernes, 4 de febrero de 2022

Cosas que detesto

 



Detesto la luz cuando me invade la tristeza.

Detesto el grito si me abraza el silencio.

Detesto los ojos que miran sin verme.

Detesto los labios que besan como escarcha.

Detesto la vida cuando no es verdadera.

Detesto las manos que aprietan como garras.

Detesto soñar cuando no estoy despierta.

Detesto darme por vencida sin presentar batalla.

Detesto las frases hechas, la palmada en la espalda.

Detesto olvidar el lugar de donde vengo.

Detesto tropezar, perder el norte.

Detesto la rabia asomada a los labios,

las palabras que no pasan por el corazón,

la miel perdida de los recuerdos.

Detesto meter la vida en la maleta.

Detesto los trenes que no esperan.

Detesto las estaciones cerradas,

el mundo que gira a su manera.

Detesto olvidar los nombres

de quienes cayeron por el camino.

Detesto las flores en las cunetas,

el insoportable barranco del olvido.


Detesto no ser yo cuando me detesto.

Mª José Vergel Vega



domingo, 25 de abril de 2021

Me atreveré a decir vuestros nombres

 


Llegó el cantor con los versos enredados entre las cuerdas de su guitarra, dejándonos un temblor de agua en la mirada. Quiso haceros visibles para traeros de vuelta hasta este presente que es el vuestro.

Maruja, Margarita, Ángeles, Rosario, María, María Teresa, Rosa, Concha, Josefina, Ernestina, Marga, Ángela...nuestros labios os nombran para regresaros al ahora, para que sigáis caminando al lado de nuestros sueños. Vuestra lucha continúa en la nuestra.

Juntas derribaremos los muros que nos impiden vislumbrar un horizonte lleno de luz, de vida plena y digna.

Reivindicaremos vuestra manera de ser y estar en el mundo, que ha de ser la nuestra. Vuestras manos de mujer serán una entre nuestras manos; esas manos siempre ocupadas, yendo de unos asuntos a otros, como mariposas nerviosas que el viento trae y lleva sin tregua.

Pronunciaremos una a una las letras de vuestros nombres, para reclamar la falta que nos hace vuestro legado. Seguiremos quitándonos el sombrero, abrazando la irreverencia de caminar contra corriente.

Queridas Sin Sombrero, cuánta falta nos hacen vuestros versos para llenar de sensibilidad y fuerza el caminar de cada día.

Sin duda, éste ha sido un 23 de Abril muy especial: despertar la memoria y hacer presentes a aquellas mujeres valientes que se empeñaron en hacernos libres . No nos cansaremos de repetir vuestros nombres , de echarlos a volar como mariposas que baten las alas del sentimiento.

Gracias, querido cantor , por derramar sobre nosotros esa lluvia de necesarios versos, capaces de curar las heridas del ostracismo y la indiferencia. Gracias por hacernos saber que las manos de las mujeres también escriben versos que labran los caminos de la esperanza, versos que abrasan, que nos remueven y nos ponen en guardia, que constatan la fuerza que nos imprime el haber nacido mujeres.

Nací mujer. Soy libre, valiente, dueña de mis actos. Soy mujer y guardo en la rebotica del corazón un buen manojo de sonrisas de recambio para cuando las fuerzas me flaqueen. Soy mujer y danzaré sobre los prejuicios que me impiden avanzar. Nací mujer y con vosotras lanzo al viento mi sombrero, porque ser mujer no ha de significar otra cosa que ser libre.

Mª José Vergel Vega



martes, 19 de enero de 2021

Hoy me muero por volver

Federico eterno. Madrid , enero de 2020

 

Un día precioso el de ayer bajo el cielo de Madrid. La lluvia volvió a ser estación de reencuentro, esta vez con la familia del teatro.

De buena mañana, Angelita, una de las voluntarias del Real, nos mostró las entrañas de este emblemático teatro. Más de uno se vio ensayando en aquellas salas inmensas y pisando un escenario con tanto renombre.

Seguimos por San Ginés, degustando con deleite un chocolate artesano con unas porras que quitaban el sentío.

Repuestas las fuerzas, caminamos Madrid bajo la llovizna, demorando los pasos para saborear los recovecos del camino.

Fue un día de arte callejero: el buen hacer de Moe el tubero que nos llevó a través de los entresijos de sus tuberías musicales hasta el último mohicano. Un chico de mirada dulce, nos puso un temblor en la mismísima puerta del alma, dejándonos rendidos y desarmados ante su Granada. El llanto de los violines ,amansando la lluvia, puso banda sonora a la mañana.

Día también de experiencias" surrealistas", que mis compañeros de paseo no me dejarán contar. Dicen que lo que pasa en el teatro en el teatro se queda.

La tarde condujo nuestros pasos hacia una ruta literaria guiada por el maestro de ceremonias, Pedro Luis López Bellot, que nos llevó por el Madrid de Max Estrella donde cenó con el poeta Rubén Darío. De aquella esperpéntica cena sólo queda hoy, como recalcó con cierta sorna nuestro guía, la manzana de Apple, con un mordisco, apostilló uno de sus alumnos. Pudimos descubrir lo que de cóncavo y convexo tienen nuestra vidas reflejadas en el callejón del Gato. Paseo tan especial sólo podía terminar a las puertas del Teatro Español, donde nos consolaron las lágrimas de Federico bajo la lluvia. Federico herido, muerto de amor, ofreciéndonos eternamente su corazón de niño y la paz que soñó entre las manos.

Y paso a paso, con la lluvia como compañera, llegamos al Kamikaze para poner fin a un día teatral de principio a fin, disfrutando de teatro de calidad: Jauría, de Jordi Casanovas, dirigida por Miguel del Arco. Se trata de una obra gestada a partir del juicio a la Manada. Un montaje con una calidad enorme en todos los aspectos. Unos actores espectaculares que manejaron magistralmente todos los registros. Consiguieron que en la sala contuviéramos la respiración. Teatro que da voz a las víctimas y abre en canal a los verdugos, mostrándolos tal cual son.

Y cayó el telón. Seguramente afuera seguiría lloviendo. Me se sentí abrigada por el abrazo que sus compañeros le dieron a María Hervás, la actriz que asumió en sí todo el dolor y la incomprensión de la víctima de unos malnacidos. ¡YO SÍ TE CREO, TODOS LOS QUE ALLÍ NOS CONGREGAMOS TE CREEMOS! No habrá paz para los que no quieren entender que NO ES NO. Jauría: teatro que remueve las tripas y no deja indiferente.

Gracias Pedro Luis López Bellot y familia del Teatro, por invitarme a esta bonita experiencia.

La lluvia de Enero, de cuando en vez, cae y nos bendice. Hoy, como diría el cantor, me muero por volver.

Mª José Vergel Vega. Madrid, enero de 2020.



miércoles, 6 de enero de 2021

Miserere o la farsa inmisericorde del mundo

 

"Desde entonces tuve el corazón descalzo" (Jaime Sabines)

Algunas veces vuelve la lluvia para resucitar los miedos del pasado. Regresa con ella el monstruo y tenemos frío. Zozobran los barquitos que construimos con manos temblorosas. Una y otra vez somos obligados a morder la manzana del pecado que nos arroja del paraíso.

El monstruo nos mira a los ojos y terminamos por sentirnos cómplices de su juego macabro. Una babel de espanto nos envuelve y arden las naves que ni siquiera dio tiempo a cargar de esperanza. No bien hemos sido alumbrados al mundo, cuando ya se espera que emprendamos el camino que alguien trazó para nosotros, indefensos polichinelas en un teatro de sombras.

Echamos a andar y a cada paso nos acecha el monstruo que vive en el espejo. Y entonces revivimos el horror. Los terrores de la infancia nos devoran como águilas hambrientas. Nunca muere el monstruo; su rabia alimenta larvas que darán vida a nuevas fauces, que seguirán  devorando lo que queda de nuestra inocencia.

Continúa la lluvia incesante, llevándonos a golpes hacia el holocausto donde quedó ahogada nuestra infancia. No hay nada más terrible que ser niño se convierta en una condena, descubrir que se deja atrás la inocencia cuando uno pierde sus sueños en las embestidas  contra el monstruo.

La vida de los arrojados del paraíso de la infancia es una tempestad en blanco y negro, sótano oscuro iluminado por la camisa blanca del verdugo; camisa blanca que no lava conciencias. Y entre la tempestad, las preguntas que nos golpean como martillos: ¿Somos realmente libres de tomar el camino que queremos? ¿Puede el verdugo elegir otro papel que no sea el de brazo ejecutor del horror ? ¿Puede en algún momento la víctima dejar de serlo?  

Los extremos están condenados a encontrarse. Y el martillo sigue golpeando sobre el yunque sangrante de nuestra conciencia: ¿Puede el verdugo devenir víctima y ésta verdugo? ¿En qué momento a los dioses se les fue de las manos el asunto sagrado de la creación y nos dejaron como legado un mundo que es una farsa inmisericorde? ¿En qué momento el amor deja de ser un sentimiento noble para convertirse en algo aberrante? ¿Dónde está la misericordia que debemos a los afligidos?

El monstruo se nos presenta como un mártir ante  la sociedad, ante sus víctimas  y ante sí mismo. Se atreve a sostenernos la mirada. Nos señala con el dedo. Y nos dice lo que nuestra conciencia trata de callar: todos somos responsables de este diluvio de deshumanización en el que nos vamos hundiendo. Todos somos responsables de la destrucción de la misericordia que hace tiempo no sentimos por nuestros semejantes; unos, porque las circunstancias los han convertido  en ángeles exterminadores, otros, porque con nuestro silencio de estatuas contribuimos a alimentar la hidra de la degeneración del monstruo.

 El silencio no borra la tragedia de Briones y demás niños perdidos , la alimenta con cada aguacero haciéndola cada día más presente.  El silencio siempre nos posiciona del lado de los Gancedos sin escrúpulos que pueblan este mundo impío. Ni el olor del incienso camufla el aroma de la podredumbre.

Es muy difícil rebelarse contra quienes sajaron la pureza de la infancia. Cuando el paraíso de la niñez se convierte en la antesala del infierno, volvemos a hacer una y otra vez lo que se espera de nosotros: morder la manzana del pecado y plegarnos a los deseos malsanos del monstruo y pisar por donde él pisa.

 Es muy difícil volar cuando se ha estado preso. Una losa de tristeza nos sepulta cuando comprobamos que si  de algo somos testigos, es de la desolación de la quimera. Una vez estuvimos llenos de sueños, pero alguien estranguló  la guirnalda de mariposas, que los traía y los llevaba uncidos a nuestra cintura de infantes.

En ambos escenarios- el del teatro y el de la vida-, Pandora continúa  esparciendo las plagas de su caja por el mundo ,y Saturno sigue devorando a sus hijos en un banquete macabro que no tiene fin .

 En algún paraíso cercano, un monstruo viejo y desdentado, sigue removiendo el caldero donde guarda la sangre blanca de los silenciados.

Mª José Vergel Vega

lunes, 28 de diciembre de 2020

Construyendo la historia desde lo local

 




En medio de este tiempo gris que nos habita y habitamos, encontramos, una vez más, el oasis de la Cultura. Siempre es un consuelo saberse a salvo al abrigo de las palabras de Antonio, pulsar las cuerdas de la vida desde la perspectiva que nos ofrecen las palabras contenidas en este nuevo libro que nos disponemos a acoger entre nosotros.

Antonio, como refiere el profesor Javier Ridruejo en el prólogo a este “Torrejoncillo en el siglo XVII” no es ningún “juntaletras”. De todos es bien sabido que es un escritor de vocación, de los que pasan horas encerrados recopilando datos , reflexionando sobre lo encontrado, redactando de manera escrupulosa y corrigiendo de manera casi enfermiza. En resumen, es uno de esos autores en los que confía el lector, pues sabemos que no nos defraudará, ni en el fondo ni en la forma.

Una no ha podido nunca decir no a las proposiciones-nunca deshonestas- que ha hecho a servidora este amante de la historia de nuestro pueblo, que para siempre será mi querido profesor. Hay personas que se cuelan en el alma y ahí se quedan por siempre, formando parte importante de tu vida. Y si antes no dije no, ahora con mayor motivo, pues me toca mimar lo máximo posible la cultura de mi pueblo, y el vuestro, desde el puesto de responsabilidad que ahora ocupo.

Creo que los torrejoncillanos tenemos mucho que agradecer a Antonio Alviz. Agradecer que a través de su inmersión en nuestro pasado haya desmontado esa creencia alimentada por algunos, de que Torrejoncillo, este hermoso pueblo artesano y lleno de artistas en el que vivimos , no tenía historia. Gracias a este cronista riguroso y ameno, sabemos que eso es totalmente incierto y empezamos a sentirnos parte importante de la historia, de una rica e importante historia.

La Historia tiene que ver con la sabiduría, con la capacidad de juzgar lo que pasa, con la pátina del tiempo que todo lo va poniendo en su sitio, con el dejar testimonio de lo que otros fueron construyendo para nosotros y para los que están por venir. Gracias a la historia nos reconocemos en lo que otros fueron, nos reafirmamos en lo que somos e intuimos lo que seremos. La historia se escribe desde abajo, desde lo profundo de la intrahistoria, desde el calor de las historias pequeñas de cada día que Antonio no ha desdeñado jamás, porque sabe que son importantes. La Historia comienza a escribirse a nivel local para convertirse en universal. Gracias a Diputación de Cáceres , concretamente al Servicio de Publicaciones y linea editorial “ Estudios Locales” por facilitar que saquemos a la luz la historia de nuestros pueblos, por dar voz a gente que tanto tiene que decir como es el caso de Antonio.

Releía hace unos días un interesante artículo de Ángel Gabilondo animando a la lectura. Decía algo así como que “la lectura es una forma de encuentro con la palabra que nos viene de los demás”, que leemos para ver, escuchar y comprender mejor. Me vino a la mente Antonio y su concepción de la escritura. Sin duda, Antonio siempre ha querido escribir para que el lector se vea reflejado en lo que escribe, para arrojar luz sobre lo que el lector se pregunta, para ofrecer respuestas al alcance de todo tipo de lectores.

Este “Torrejoncillo en el siglo XVII” nos ofrece la posibilidad de encontrarnos con la palabra desde la soledad de fondo del lector para comprender el mundo y conocernos un poquito más a nosotros mismos. Estamos hechos de cachinos de los que nos precedieron. Los libros, este de Antonio en concreto, se constituye en una evidencia que nos permite asombrarnos y descubrir cuál es nuestro papel como ciudadanos del siglo XXI a través del papel que jugaron nuestros paisanos del siglo XVII.

Queridos lectores, estamos de enhorabuena, en nuestras manos tenemos una nueva criatura que Antonio ha ido gestando con amor y trabajo infatigable. En nosotros queda el último esfuerzo: completar el testimonio de Antonio, porque cada uno de nosotros está en sus palabras.

Mª José Vergel Vega






jueves, 4 de junio de 2020

De alas y palabras



Algunas de las historias de este confinamiento no las olvidaremos jamás. Yo guardaré a buen recaudo, en mi vieja caja de galletas, una que tiene que ver con libros y palomas.
Palabras y alas, una combinación evocadora para tejer una historia inolvidable.
A veces, los pasos que son curiosos por naturaleza, nos llevan hasta las puertas misteriosas de los desvanes, paraísos de oscuridad herida por rayitos de fugaces de sol. En ellos vive la memoria de lo que fuimos, de lo que hoy somos y de lo que seremos en el futuro.
El corazón se acelera por el miedo a lo desconocido y sube por la espalda el escalofrío que produce la curiosidad. En los desvanes hay fantasmas dormidos entre el polvo y el silencio; fantasmas que bregan por sacar del olvido una parte de nosotros mismos que vivió hace tiempo y que nos completa.
Dormidos y escondidos en un cajón, medio destruido por la humedad y el rodar de los tiempos, aparecieron ante mí un buen puñado de historias de otro tiempo, historias que estaban ahí y que a buen seguro completarán lo que somos. Libros que otros escribieron y leyeron para alimentar su sed de sabiduría, su afán por preguntarse qué hacemos en este mundo y qué nos queda por hacer. ¿Quién los puso ahí? ¿Por qué han estado confinados ante nuestros ojos hasta ahora?

sábado, 4 de abril de 2020

Dos o tres segundos de ternura



Cada Abril ha tomado por costumbre sembrarme espinas en el corazón. De fuera me llega el aroma intenso , casi doloroso, del hinojo. Me llega la pasión de las amapolas, desangradas en los caminos, porque no hay ojos que las miren.
Se nos fue con Abril el cantor que nos trajo, como un milagro, el alba en su voz.  Se nos fue y nos deja huérfanos en el grito de estos tiempos convulsos, en los que tenemos frío. 
Con él se marcha una parte importante de lo que fuimos, de aquellos que hicimos de su canto nuestro himno.
No sé por qué Abril insiste en arrebatarnos la esperanza.  Abril es hoy una flor deshojada de tristeza, la desnudez de un alma ahogada por la pena.
La vida se nos ha puesto dura. Sísifo ya no puede con su piedra. Está arreciando la tormenta. Intento caminar y doy pasos en falso. ¿Cómo voy a echarme a la vida sin el necesario latido de tus versos? ¿Cómo voy a aprender a vivir sin el dulce consuelo de tu voz? ¿Cómo sortear sin ella el temporal de cada día?
La vida nos va enseñando, a fuerza de embates, que las pérdidas nos cambian . Una se mira al espejo y no se reconoce. Nos descubrimos más viejos  y más cansados. Las arrugas nos apuñalan el alma de parte a parte y nos dolemos hasta encogernos.
Nos hiere recordar lo que pudo haber sido y no fue. Nos duele comprender que no todos los caminos nos llevan a Roma, ni al tiempo dulce y azul de la infancia.