Cuadernos de Dauseda
sábado, 25 de julio de 2026
Versus al frescu con Beninu el Coneju
lunes, 20 de julio de 2026
Dejándome leer por Alejandro Palomas
Dicen que las bicicletas son
para el verano. Y, añado: también las pilas de libros esperando ser leídos.
Nada como este tiempo estival en el que la prisa se sosiega un poquito, para
darse a la lectura como uno de los grandes placeres de la vida, al menos de la
mía.
Entre las joyas que tenemos
alojadas en nuestra Biblioteca Pública ─lástima que esté tan poco dinamizada─,
se encuentra Esto no se dice de Alejandro Palomas.
Aviso a navegantes, que no
es de esas lecturas livianas que puedas leer entre vuelta y vuelta mientras tomas el sol en la piscina. La
historia de Palomas incomoda por la verdad tan dolorosa que encierra.
Alejandro Palomas se abre en
canal para contarnos que él fue un niño violado y abusado por uno de los
religiosos, que lo que debería haber hecho sería educarlo y respetar el
territorio sagrado de la infancia.
Una se pregunta cómo se
puede superar algo tan terrible, aunque lo correcto sería tal vez cuestionarse
cómo se puede recuperar alguien después de haber vivido tanto horror. Lo más
fácil hubiera sido echarse a morir, no dar oportunidades a una vida que tan
poco te había cuidado. ¿Cómo puede la Santa Madre Iglesia y todos sus ministros
mirar para otro lado, dando cobijo a quienes vulneraron el cuerpo y el alma de
niños inocentes?
Pese a todo, siempre hay
razones para seguir adelante. Hay a quien le cuesta toda una vida confesar
aquello que no había que decir porque las víctimas se sienten sucias y
culpables del proceder del verdugo. Nunca preguntemos a una víctima por qué ahora. Cada cual cuenta cuando está
preparado. Nadie sabe los desiertos, los mares enfurecidos que ha tenido que atravesar para contar algo tan
terrible, tan inconfesable, pues: “Recordar
es arriesgarnos a despertar al monstruo que habita en la herida”.
¿Cómo puede un niño
atreverse a contar el horror, la vergüenza a la que lo somete uno de sus
educadores? ¿Hay algún camino para desechar el asco que produces en los demás
sin ser tuya la culpa?
La respuesta es que hay
caminos, aunque haya que transitarlos
despacio, dando traspiés en muchos casos.
En ese tránsito están las
manos de una madre, su mirada sanadora, su paciencia infinita, acompañando en el
dolor y en la esperanza. Como dice el autor, menos mal que las madres están
sobre todo cuando ya no están.
Fundirte en la mirada de tu
perro cuando duerme, sentir su cálida presencia a tu lado. Animalizarnos con
él, pues en ese proceso nos sentimos capaces de volver a confiar en quienes
somos, en aceptarnos y querernos.
Y escribir, porque escribir
siempre ha sido terapéutico: “Escribo
para que la luz no se apague, esa es la verdad”. La palabra escrita y leída
nos salva de los naufragios, del dolor insoportable que produce vivir cuando la
herida es tan profunda. Las palabras nos conceden ese atisbo de luz que nos
permite intuir que en algún momento tendremos “esa habitación propia” en la que
estar a salvo. Las palabras cauterizan las heridas. Hay libros que parece que
alguien escribió pensando en nosotros, tal es la manera en la que nos reconocemos
en ellos. Esas historias nos hacen saber que no estamos solos, que hay que
seguir peleando por ser hombres y mujeres libres y sagrados.
¡Qué duro, qué necesario
contar desde lo más profundo del sufrimiento, qué inyección de esperanza para
quienes no acaban de encontrar un faro que los ilumine!
Y vuelvo a repetir qué
sinrazón y qué absoluta vergüenza que religiosos que han abusado y violado a
niños tengan hoy una vejez plácida, amparados mezquinamente por la Iglesia.
Lo que no se nombra, no
existe. Por eso, gracias a los que se atreven a nombrar porque a la par que
conjuran el horror, hacen la vida más verdadera.
Mª José Vergel Vega
viernes, 8 de mayo de 2026
CULTURA, esa dama de los sueños.
Decía uno, ¡vaya usted a
saber!- pido perdón por ignorar su nombre, aunque bien podría llamarse Gulliver_,
que “cuando desciende el sol de la
cultura, hasta los enanos proyectan grandes sombras”.
Lo que éste debía ignorar es
que el sol, siempre va y vuelve, y para todos amanece, sobre todo, para
aquellos que se empeñan en la CULTURA.
Y si no, recordad el dicho:
Siempre venceremos los eclipses, porque no hay eclipse que cien años dure ni
día que no amanezca… reconozco que hemos reinventado el dicho, pero lo cierto
es que hemos aprendido que si es preciso que el sol salga por otro sitio, saldrá.
A esta Dama que alimenta
nuestros sueños, no le gustó nunca que alguien le pusiera cauces, ni que le
estuvieran torturando el oído con lo que es o no políticamente correcto. De
modo que , si lo que se impone, es salir por el Oeste y ponerse por el
Este…pues, ¡qué quiere usted que le diga!, se cambian las tornas del Universo y
a otra cosa…
A esta Dama de la que
hablamos es bueno dejarla fluir, que se maneje a su antojo…que vaya y
venga…unas veces será como amante impetuosa, capaz de trasladarnos al séptimo
cielo… No lo duden, hablando de CULTURA, el Séptimo Cielo, existe…En esos
momentos de éxtasis y mientras nos dure la resaca de su amor, creeremos que
otro mundo es posible.
Y cuando nos pueda el
desánimo, porque también habrá de esos momentos, en los que nos sintamos con el
corazón partido, en los que la veamos como amantes despechados, ella vendrá a
sacudirnos la abulia de estar vivos…será capaz de invitarnos a revelarnos
contra aquello que nos deshumaniza, que borra lo que de hermoso hay en este
mundo. Ella será capaz de hacer que, ante nuestros ojos, se despliegue la orgía de la
primavera.
Porque la CULTURA es un arma
que apunta hacia el futuro. Ella hará crecer flores, aún cuando los inviernos
se empeñen en hablarnos de la nieve.
De sobra sabemos que en
estos tiempos desalmados, isobaras
enloquecidas nos anuncian que no hay día en que no se aproximen aguaceros. Y de
sobra sabemos que esos aguaceros pretenden cogernos con el corazón desabrigado.
Hay mucho desalmado que se empeña en arrojar la CULTURA por la ventana.
Pero ella , la CULTURA, sabe
de paraguas contra esos aguaceros…y de paracaídas que protegen de peligrosos
saltos al vacío. Por suerte o por desgracia, está muy acostumbrada a saltar sin
red.
Ella es capaz de resistir
todos los embates, siempre tendremos su reducto seguro…Siempre nos quedará la
CULTURA…y ansiaremos ser, y lo seremos, como esa belleza blanca de la jara que es
capaz de arañar la dureza gris de la roca.
Mientras tengamos dientes,
mordamos, seamos valientes, expresemos libremente lo que estamos dispuestos a
hacer por ella.
Dice un tal Luis García
Montero que “la vida no es un sueño”,
por mucho que Don Pedro Calderón de la Barca, otro tal, se empeñase en lo
contrario…
Hablando de esa Dama, a
veces mujer fatal, que atiende por el nombre de CULTURA, no sé a quién darle la
razón…probablemente ambos la tengan, porque no existe una razón absoluta, sólo
hay razones que tratan, sin demasiado acierto, de alcanzar el absoluto, que es concepto
inabarcable.
Ciertamente, a veces no se
sueña mientras se vive, porque si te da por entregarte a los sueños, la vida,
que a veces es una locahijadeputa, llega escudándose en no sé qué circunstancias, y te
borra los sueños de un plumazo, o de un guantazo, que en demasiadas ocasiones
no se anda con sutilezas.
No, a veces uno no sueña
mientras vive… A veces, hay que vivir y punto; pero, eso sí, recomendamos
encarecidamente no perder de vista la
CULTURA, así será más fácil andar el camino.
A veces la vida es un tango
triste que habla de amores imposibles y se complace en recordarnos que estamos
jodidos, tremendamente jodidos…
Pero, qué carajos…¡¡Se puede
soñar, tenemos el derecho a soñar, tenemos el deber de soñar una vida más
justa, más hermosa, más digna para todos!!
No, no podemos perder de
vista a la CULTURA…Ella es experta en soñar sin importarle que muchos no crean
en sus sueños…
No vayan ustedes a pensar…, la CULTURA no es tan loca como parece, aunque
a veces no se controle cual tierna damita adolescente. Antes de mostrarse,
suele consultar con su almohada. Cualquier almohada, y más la de la CULTURA,
tiene arranques de filósofa: piensa,
duda, se tortura, se deja aconsejar, abandona el consejo…Claro que, cuando
decimos almohada, quizá queramos decir CONCIENCIA… esa tocanarices a la que
deberíamos prestar más atención.
Hacerle caso a la
conciencia, esa voz interior que te recuerda, que para la CULTURA también es
precisa la DIGNIDAD.
Normalmente callamos si
estamos solos, la CULTURA, que es sabia, nos recuerda que es mejor callar
cuando estamos mal acompañados y después…consultar con la almohada…siempre hay
alguna dispuesta a aclararnos las dudas.
Esa Dama de sueños ha
cumplido ya una eternidad, pero sigue dudando, sigue muriéndose de frío si no
encuentra nuestras manos. Le da pánico sentir que sin nosotros ni vive ni
sueña.
NO es bueno que una Dama
como ella esté sola, por mucho que no siempre se mueva en ambientes selectos. A mí me gusta más cuanto se torna arrabalera, mujer fatal con medias negras capaz de meterse
en cualquier tugurio para llevar un poquito de luz a esos reinos de sombra que
nos rodean.
Esa dama confiesa que se ha
ido haciendo en nuestras manos…cuantas más son las manos, más grande se va
haciendo su nombre, más años se va echando a las espaldas…
Es experta en hacer suyo
nuestro sufrimiento.
Ella ama si nosotros amamos.
Está alegre si nos ve
sonreir.
Llora si nosotros lloramos.
Puede ser el pasado, el
presente y el futuro.
Necesita de la memoria para
perdurar a través de nuestros recuerdos.
Estamos en ella y ella está
en nosotros, si somos humanos es gracias a ella.
En su nombre han de caber
todos los nombres.
Ella es la CULTURA, la
VERDAD de nuestras vidas, la que nos trae el progreso, la que nos diferencia de
los animales; la que nos hace dignos de llamarnos HOMBRES o MUJERES.
Ella puede ser la tierra en
la que seguirán germinando nuestros sueños. Sólo por ella seremos sembradores
de sueños, y no los abandonaremos por muchos malos despertares que nos acechen.
Siempre encontraremos una canción para invocar a la lluvia…
Y como declara un tal Mario
Benedetti, la queremos:
…porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo con codo
somos mucho más que dos.
Y aunque hoy el alma nos
hable de baladas tristes, el sol de nuestras manos será capaz de beberse la
escarcha, porque esa Dama soñadora nunca se rinde.
Ella es el fuego que alimenta nuestro entusiasmo, porque
su capacidad de amar es grande y su reino no tiene límites.
Ella es el agua que dibuja
la estela de esos barcos que recalaron en otros puertos, la estela blanca de
los sueños de esos marineros, que nos precedieron en el oficio de soñar , y que
no olvidaremos por más que pasen treinta veces treinta años.
Ella es el aire que nos
recuerda que seguimos vivos y despiertos, el que nos mantiene alertas, el que nos
dice que no estamos solos, el que nos regala una brisa salina si estamos
cansados.
Por eso, porque le gusta nuestra
compañía, ella sigue proponiéndonos una y otra vez el mismo trato: caminar
juntos, aunar esfuerzos, seguir
alimentando nuestros sueños en esta época de baladas tristes que llenan el alma de notas de escarcha.
Mª José Vergel Vega
miércoles, 29 de abril de 2026
Dejándome leer por Susanna Tamaro
Cuanto más leo, más me
convenzo de que son los libros los que nos leen y no al contrario.
Leyendo esta historia epistolar
de Susanna Tamaro me he sentido vulnerable, como si alguien estuviera contando
mi propia vida. Continuamente me preguntaba de qué me conocía a mí esta señora
para dejarme tan al descubierto.
Dejaré por aquí algunas de
las cuestiones que me ha planteado su lectura.
¿Nuestra vida hubiese tomado
los mismos derroteros si nos hubieran dado otro nombre? El nombre imprime carácter, pero también duda, desconcierto,
¿Buscamos ser invisibles o
se nos impone serlo? De lo que sí estoy
segura es de que ser invisible es bastante doloroso en algunas ocasiones.
Hija de finales de los años
sesenta del pasado siglo ─tiene bemoles cómo suena esto ─sin móviles, sin
pantallas, alma libre en medio del campo. Mis puntos de anclaje y de evasión
eran los pocos libros que tenía a mi alcance. Desde bien pequeña, cuando necesito
algo de abrigo, recurro a la poesía.
A este respecto, en la
deriva melancólica de la adolescencia, descubrí a Salvatore Quasimodo y me
aprendí como un mantra los versos que
aquí cita Chiara:
«Todos
estamos solos en el corazón de la tierra,
atravesados
por un rayo de sol:
y
de pronto es de noche»
Hermosos y terribles. Tan pronto estamos aquí como dejamos de estarlo.
Pues nada, que le doy la
razón a Susanna Tamaro y os digo que el viento sopla donde quiere y si se
levanta el solano para qué queremos más.
He cerrado el libro un tanto sobrecogida y me sigo preguntando qué podemos tener en común Susanna Tamaro y esta aprendiz eterna de tantas cosas. Misterios que seguro nunca resolveré o sí…con esto de la lectura nunca se sabe. Por si acaso, seguiré dejándome leer.
Mª José Vergel Vega
domingo, 19 de abril de 2026
Mariposa danzarina
MARIPOSA DANZARINA
Danza la mariposa,
pues sabe que es hermosa.
Viaja de flor en flor
luciendo su color.
Sus alas extendidas
van regalando vida.
Lenta revolotea
y el viento de la aldea,
deja en su corazón
un etéreo temblor.
Danza la mariposa,
pues sabe que es hermosa.
Mª José Vergel Vega
jueves, 9 de abril de 2026
Dejándome leer por Máximo Huerta
De pronto, un día mamá ─vamos
a llamarla X─, acogió un hijo más en su memoria. Era otro hijo, al que llamaremos
Y, que se superponía, suplía y/o completaba al que ya tenía. Ambos se sentaban
a diario a la mesa con Mamá X.
Así las cosas, llega a mis
manos de manera buscada la nueva novela de Máximo Huerta, Mamá está dormida, que comienza con el mismo argumento que bulle en
la cabeza de Mamá X.
─Y tu hermano, ¿dónde está?
Ahora que los años van
tendiendo un abismo hacia la juventud, a una le da por pensar que la vejez es
ese estado de la vida en que comenzamos a sentirnos vulnerables y temerosos.
Todo empieza a dar un pánico terrible. Decir futuro es lanzarse a los brazos del
peligro, de la insensatez más supina.
Comienzo a intuir a cada
paso “preguntas llenas de eco”, que
no sé quién va a responder. Quizá el silencio y nos lanzamos a convertir “vacíos en historias”. Últimamente no
hago otra cosa.
Mamá está dormida es un
canto de amor a las madres, a los cuidados de los hijos hacia ellas, que
siempre fueron casa, hogar que nos lleva al tiempo mullido de la infancia.
Cierro los ojos y recuerdo
el tacto de las manos blancas y heladas de mi madre, siempre llenas de
sabañones de lavar en el río. Necesito recuperar las manos de mi madre. Abro el
viejo álbum que guarda fotos en blanco y negro y la primera imagen que me
encuentro es una foto de mis padres con unos amigos en el puerto de Gijón.
Intuyo que es la primera vez que veían el mar. O esa otra en la que madre está
a la puerta de casa con los brazos en jarra junto a la abuela. Ambas nos miran
arrobadas a mi hermano y a mí, plantados en medio del tapiz de alfalfa poniendo
caras raras y posturas imposibles.
De pronto, la angustia. Hace
tiempo que no soy capaz de recordar la voz de mi madre. Algo parecido a un
calambre se me agita en el pecho.
Ahora me detengo en esa en
la que padre, jovencísimo, posa subido a un tractor, con ese porte a lo James
Dean que siempre tuvo. Estoy perdiendo también la mirada de mi padre.
Dice Máximo que los libros
son “máquinas del tiempo”, y le doy
la razón. Los recuerdos fluyen y por un momento nos sentimos capaces de
recuperar todo aquello que perdimos.
Me pregunto qué pasará
cuando ya no nos reconozcamos en las fotografías o cuando los viajes nos
produzcan más desazón que gozo, cuando queramos huir y no encontremos islas en
las que naufragar como diría el cantor.
El protagonista y su madre
están a punto de subir a una autocaravana. Un viaje que les sirva para resolver
preguntas, zonas oscuras que necesitan ser iluminadas, pero también ese viaje
posiblemente sea el viaje de despedida de una madre. Es bonito ese gesto. Lo
apunto para que no se me olvide compartirlo con mis hijos.
Y cuando ya no me reconozca
en las fotos, ni me sirvan los viajes para encontrarme, me quedarán los libros,
las historias en las que recalar y reconocerme. Ahora me viene a la memoria aquel
barco pintado de verde, amarrado al viejo chopo, que yo llenaba de versos. Hubo
un tiempo en que quise ser juglar y peinar la cabellera de las sirenas.
Dicen que es muy peligroso
tratar de volver al lugar en el que fuimos felices. La razón es muy sencilla.
Nos daremos de bruces con un lugar que ya no existe, o lo que es peor, que ya
no reconocemos.
En mi cabeza, en una sordina
melancólica, resuena el eco del poema de Juan Ramón “El viaje definitivo”. Siempre me pareció hermosa esa imagen de
marcharse y que los pájaros sigan cantando como si todo o como si nada.
Aún estamos aquí, celebrando
la vida. A pesar de tantos destrozares, nos aferramos a un sueño en forma de
rabo de nube que enciende el candil de la esperanza. Y seguiremos cerrando
heridas “aunque sea de un portazo”.
Mª José Vergel Vega
viernes, 27 de febrero de 2026
Dejándome leer por Murakami
Hace tiempo que me atrae el
universo de Murakami. Me hace plantearme de nuevo muchos de los temas
universales de la historia de la humanidad y de la literatura. Con él me vuelvo
un poco filósofa y me cuestiono constantemente.
En esta ocasión, me he
dejado leer por La ciudad y sus muros inciertos, cuya lectura recomiendo.
¿Qué pasaría si no
tuviéramos sombra? ¿Una tiene pruebas de su existencia gracias a su sombra? ¿Es
mi mano la que escribe o es acaso su sombra quien dibuja estas palabras?
Para que la sombra exista,
curiosamente, tiene que existir la luz. Los opuestos son tan necesarios como el
aire que respiramos. Estamos hechos de opuestos.
Otra pregunta que me hago
leyendo a Murakami es si las fronteras están ahí para arriesgarnos a cruzarlas
o son una invitación a ponernos trabas los unos a los otros.
Seguro que todos hemos
imaginado alguna vez una ciudad amurallada en cuyos dominios habitan unicornios
y algún que otro monstruo que mantiene a raya a los enemigos. Ni siquiera lo
imaginado nos sale como pensamos. Los paraísos están sobrevalorados.
El universo de Murakami es
inquietante. El lector tiene la sensación de atravesar una delgada línea que
separa lo real de lo imaginado. Los dos mundos se funden y nosotros, lectores
indefensos, confundimos uno y otro porque:
“Quizá el mundo se haya desvanecido al doblar la primera esquina”.
Habitamos un mundo de sombras que alguien maneja a su antojo. Cuando no podemos
sobrellevar la realidad que nos ha tocado en suerte, somos muy dados a
construir mundos paralelos.
¿Dónde fue desterrado
nuestro “ser real”? Quizá solo seamos
viejos sueños de lo que un día fuimos como humanos, los seres más perfectos ─eso
dicen los textos sagrados─ salidos del soplo de Dios.
A esos sueños de lo que
éramos hay que despojarlos de sentimientos porque los poderosos los consideran “focos
de infección”. Cuanto menos sientas, mejor te manejan. Y si nos privan de
nuestros sentimientos, ¿qué somos sino sombras?: “el ser humano es un simple suspiro y su vida una sombra que pasa” (Libro de los
salmos).
En toda novela de Murakami
hay una biblioteca, lugar en el que todo puede suceder. El amor a los libros y la literatura atraviesa como un
río toda la novela. Las bibliotecas son santuarios capaces de acoger a las
almas en pena y sanarlas; incluso pueden reconciliarnos con nuestra sombra.
Vamos a la biblioteca a huir del ruido del mundo, a vivir como anacoretas, a
pensar, a darle vueltas a lo que importa, a interpretar lo que soñamos o nos
sueña.
No podemos evitar sentirnos
prisioneros del mundo que habitamos. ¿Será la solución marcharse lejos para
encontrar una vida nueva y restañar las viejas heridas?
El mejor de los caminos
puede estar cerca o lejos. Tenemos que encontrarlo por nosotros mismos. Algo
así da a entender el Señor Koyesu a través de estas palabras: “…que tenga el coraje de vivir según sus
propias coordenadas, en su propio mundo”…”Quizás la ciudad amurallada sea la
conciencia que lo crea a usted como ser humano. Eso explica la versatilidad de
sus contornos, la flexibilidad de su perímetro, con independencia de su
pensamiento y de su voluntad…
Los muros entre realidad e
irrealidad son muros inciertos, se reblandecen, pierden consistencia y por eso
muchas veces lo real se nos torna irreal y viceversa. Lo real es mágico.
Da la impresión de que en la
ciudad de muros inciertos no existe el tiempo. El reloj de la torre no tiene
manecilla para que reflexionemos sobre la falta de sentido del tiempo.
No todo el mundo está
preparado para entrar en esta ciudad y recalar en su biblioteca con la misión sagrada
de ser lector de sueños. Hace falta dañarse la vista para ver más allá. Para
vivir hacen falta heridas.
En realidad, nuestro ser es
un compendio de dos seres: el que quisimos ser y el que somos, en el que sin
duda intervienen las circunstancias. Pero no todos tenemos el coraje de
fusionar esos dos seres que nos permitiría encontrar el verdadero sentido de la
vida, de nuestra vida.
La unión entre esos dos
seres tiene lugar en la conciencia, aunque deberíamos escuchar también al
corazón, pues es él quien decide qué ser
de los dos queremos ser.
En definitiva, que la
realidad no es algo estático, sino que se halla sometida a un incesante devenir
y: “¿no es en ese devenir donde se encuentra
la esencia de toda historia? Yo así lo pienso”.
Mª José Vergel Vega
lunes, 16 de febrero de 2026
Dejándome leer por David Uclés
Son muchas las
páginas que se han ocupado de retratar aquella guerra civil, o incivil, por
mejor decir.
Cuando
comencé a leer «La península de las casas
vacías», alguien con muy buen criterio lector, me dijo que no le pillaba el
punto a ver este tema bajo el prisma del realismo mágico.
Ninguna
guerra se suaviza con metáforas y demás figuras retóricas, ni imprimiendo a lo
narrado un halo de magia o extrañeza. Lo que ocurrió fue tan horrible que
ningún punto de vista puede anestesiar el sentimiento. Esa pátina de realismo
mágico que recorre la novela de Uclés no hace sino acentuar lo macabro de la
realidad. Es imposible olvidar aquel horror, incluso no habiéndolo vivido.
Leyendo
estas páginas me he sentido muchas veces acompañada por un conato de
náusea en la boca del estómago. Náusea literal ante esa guerra entre hermanos
que se arrancan el corazón como pájaros en busca de carroña. En la memoria me
martillea ese encuentro entre Pablito y José, esos jóvenes hermanos que luchan
en bandos contrarios, a los que se lleva por delante los estigmas de las tres
heridas a las que aludía el poeta de Orihuela.
Magistral
David Uclés. «La península de las casas
vacías» es una novela de lectura obligada para aquellos a los que nos
obsesiona el tema de la guerra civil. Ójala dejemos de alimentar de una maldita
vez tantos discursos de odio.
Mª José Vergel Vega
martes, 10 de febrero de 2026
Febrero de cigüeñas
La cigüeña es un ave símbolo
de fertilidad. Son fieles a los lugares que habitan temporada tras temporada.
Cada año ─mucho antes ya de
la onomástica que reza en el dicho de “por
San Blas, cigüeñas verás” ─regresan a sus nidos desde tierras más cálidas en
las que han pasado los rigores del invierno.
Las torres de nuestras
iglesias no serían las mismas sin el crotorar de estas aves que preparan el gazpacho
como los más reputados chefs.
San Isidoro y otros estudiosos
nos dicen de ellas que son un símbolo de “piedad
filial”. Pocas aves como ellas se dedican con tanta atención a la cría de sus hijos.
Mitológicamente, la cigüeña
estaba consagrada a Juno, diosa del matrimonio.
Has de saber, cuando veas
una cigüeña, que la vida está próxima a renovarse, a ofrecernos días de cálida
esperanza.
Vengan o no vengan por San
Blas, en clase hemos abierto nuestras puertas a las cigüeñas este mes de
febrero. Tenemos ya unas cuantas acomodadas en unos nidos artesanos que han
hecho los alumnos/as de Infantil y Primer Ciclo de Primaria de la actividad de
Fomento de la Lectura del CEIP Batalla de Pavía de Torrejoncillo.
Os dejo unos versos que hice
para esta actividad.
¡Buen provecho, grumetes de
las palabras!
CIGÜEÑA PATEÑA
Conozco una cigüeña,
pate pateña,
que subida en la torre
su pata enseña.
Yo sé de una cigüeña,
pate pateña,
que cuando llega el día
peina sus greñas.
Me gusta la cigüeña,
pate pateña,
que sale de mañana
y va a la aceña.
Se baña la cigüeña,
pate pateña,
y pesca con el pico
ramas pequeñas.
Volando la cigüeña,
pate pateña,
regresa a su nido
risu risueña.
Se oye a la cigüeña
pate pateña,
haciendo su gazpacho
desde la peña.
Por San Blas las cigüeñas,
pate pateñas,
vuelven al campanario:
son lugareñas.
Mª José Vergel
viernes, 30 de enero de 2026
Pacific-ARTE: Arte para la PAZ
Desde la actividad de
Fomento de la Lectura hemos querido este curso dar un enfoque diferente a la
celebración pedagógica de la Paz y la No Violencia.
Hemos llamado a nuestro
pequeño proyecto: Pacific-ARTE. En él han participado todos los grupos de
Primaria.
Partiendo de la frase de
Wolf Vostell: “ Yo declaro la PAZ como la mayor obra de arte”, nos hemos
propuesto reivindicar y transitar el camino del arte como uno de los más firmes
para llegar a una PAZ verdadera entre todos los pueblos del mundo.
Os invitamos a mirar con los
ojos luminosos del arte, a dibujar un manto de amor que cubra todos los
rincones de la tierra.
Nos hemos centrado en dos
pintoras que tienen una fuerza extraordinaria. Dos pintoras que siempre serán
referentes de la lucha por la igualdad, la dignidad, la libertad y la
humanidad, valores que se desgajan de la palabra PAZ.
El primer paso ha sido
investigar sobre ambas artistas, viendo algún documental/cuento biográfico
adecuado a la edad de los participantes. Después hemos cogido nuestra caja de
pinturas y hemos dado rienda suelta a nuestra imaginación para decorar las
cabezas de Frida y Maruja con flores y conchas marinas. Finalizamos esta
actividad escribiendo acrósticos partiendo de los nombres de las pintoras y
microcuentos sobre la PAZ . El resultado podéis verlo en el pasillo de la
Biblioteca.
Os proponemos un
acercamiento a Frida Kahlo y Maruja Mallo, dos mujeres valientes que siempre
tuvieron claro que vida solo hay una y que debe ser vivida al máximo por todos
los seres del mundo.
Como decía nuestro añorado
Robe Iniesta: “Amad, amad y ensanchad el alma”. Dejad que vuestro corazón se
llene del blanco candor de las palomas. Que el arte dibuje de nuevo el camino
más corto hacia la PAZ y el entendimiento entre todos los pueblos del planeta.
A continuación os dejo los acrósticos que los alumnos/as de Segundo y Tercer Ciclos escribieron sobre FRIDA.
Fantasiosa.
Resplandor.
Imaginación.
Diosa.
Asombrosa.
MEYVIS
Flor mexicana.
Rosa puro.
Isla lejana.
Día soleado.
Agua que canta.
ZOE
Famosa pintora.
Reina del color.
Imaginación portentosa.
Dolor sobre dolor.
Amante diosa.
Fuente del arte.
Río de pasión.
Isla tormentosa.
Dama de México.
Aurora de color.
Fabulosa pintora.
Refugio feliz.
Isla preciosa.
Día luminoso.
Arcoiris amarillo.
ZAIRA
Flor bonita.
Regalo grande.
Isla famosa.
Día feliz.
Agua cristalina.
SANTIAGO
Flor imaginaria.
Rosa oscuro.
Isla desierta.
Día fosforescente.
Agua cristalina.
ALMA
Frío eterno.
Rosa de amor.
Isla desierta.
Duda y dolor.
Amor de México.
DAVID
Os habéis quedado mudos, ¿verdad? Pues aún nos queda alguna cosita más, como estos acrósticos dedicados a Maruja:
Música y rito.
Alma del grito.
Río del universo.
Universo como río.
Jardín de colores.
Arcoiris de locura.
ALMA
Más valiente.
Alma de la risa.
Ramo volador.
Universo imaginado.
Júbilo de la tarde.
Artista única.
AMANDA
Mariposa voladora.
Arcoiris blanco.
Rebelde reina.
Universo bonito.
Jardín hermoso.
Artística y musical.
ZAIRA
Música de amor.
Artista profesional.
Risa y dolor.
Umbral del arte.
Jardín de flores.
Abanico del frío.
DAVID
Mariposa del viento.
Artista del año.
Risa feliz.
Utopía y sueños.
Jardín hermoso.
Alma grande.
SANTIAGO
Marúnica.
Aurora de color.
Remolino de locura.
Universo reinventado.
Júbilo de la mañana.
Alba de la risa.
Mujer valiente.
Amiga de la vida.
Rumor de mar.
Umbral de sueños.
Jardín de las delicias.
Alma libre.
Y para poner el broche final a esta actividad, os dejo los microcuentos que escribieron a partir de las siguientes palabras: Frida, Maruja, Paz, arcoiris, pintura, universo y blanco.
David escribió:
Éranse dos pintoras que se
llamaban Frida y Maruja. Frida tuvo un accidente y terminó en el hospital. A
Maruja le gustaba el mar y todo lo que contenía. Sabían que el arcoiris sale
después de la lluvia y que después de la guerra vendría la PAZ.
Maruja y Frida se hicieron
pintoras y siempre las acompañó un universo blanco.
Zaira escribió:
Frida y Maruja eran dos
pintoras muy famosas.
Un día, mientras paseaban,
vieron un arcoiris muy bonito. Con sus manos de paz pintaron un cuadro el día
en que el universo se cubrió de blanco.
Amanda escribió:
Éranse una vez unas niñas
llamadas Maruja y Frida. Les gustaba mucho el día de la PAZ. Ese día empezó a
llover, pero también salió el sol y eso no es otra cosa que el arcoiris.
Entonces pintaron el
universo en un folio en blanco y ese fue su día de la PAZ.
Santiago escribió:
Eran dos amigas que vivían
en paz en un universo donde había una casa blanca, que se hizo con pintura.
Las amigas se llamaban Frida
y Maruja y un día paseando vieron un arcoiris y como nunca vieron uno, se
desmayaron.
Meyvis escribió:
Frida y Maruja fueron al
parque. De pronto apareció un arcoiris. A Frida le pareció PAZ, pintura y
estupendo. En cambio a Maruja le pareció blanco, universo y aburrido.
Alma escribió:
Éranse unas niñas llamadas Frida y Maruja. Ellas querían pintar un arcoiris para el día de la PAZ. Dibujaron un universo y lo pintaron de blanco entero.










