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sábado, 25 de julio de 2026

Versus al frescu con Beninu el Coneju

Foto de Pepe Moreno


Tenemos la necesidad de  seguir alimentando la Cultura como patrimonio del pueblo. No debemos dejar que se pierda el legado de hombres y mujeres como Benigno el Conejo, que nos dejó versos tan necesarios y verdaderos como que en ellos están a salvo momentos importantes de nuestra intrahistoria.
Sé que he cometido la osadía imperdonable de atreverme a imitar a tíu Beninu y a su nieto Roberto, qué grandes los dos, pero vayan estos versos para agradecer lo ocurrido anoche ante la ermita de San Antonio de Padua. Ójala nos sigamos juntando al fresco a compartir versos y latidos.
Gracias a mi faro particular, el profesor Antonio Alviz Serrano, que nos descubrió un buen día los versos de Benigno el Conejo.

En la ermita San Antoniu,
serán cosas del destinu,
nos juntamus a leel
los versus de tíu Beninu.

Aquel que fue zapateru
y también guarda rural,
nos regaló una nochi
que vamus a recordal.

Estuvimus unus cuantus
leyendu las sus puesías.
¡Qué bien se estaba al fresquitu,
vaya brisa que corría!

Allí estuvu su familia
con la emoción contenía,
porque Robertu nos traju
el cuadernu en que escribía. 

¡Vaya una letra bien hecha
la que tenía tíu Beninu,
de los cuadrus del papel
no se salía ni un poquinu!

Hablamus de democracia,
nos fuimus de romería
y en aquel Apolu treci
subimus con tíu Matías.

¡Ay, San Antoniu Benditu,
tú que me visti crecel,
habel hechu esti homenaji
yo te quieru agradecel!

Sigamus siempri leyendu
a los poetas del pueblu,
esus que sin estudial
escribierun lindus versus.

Mª José Vergel Vega

lunes, 20 de julio de 2026

Dejándome leer por Alejandro Palomas

 



Dicen que las bicicletas son para el verano. Y, añado: también las pilas de libros esperando ser leídos. Nada como este tiempo estival en el que la prisa se sosiega un poquito, para darse a la lectura como uno de los grandes placeres de la vida, al menos de la mía.

Entre las joyas que tenemos alojadas en nuestra Biblioteca Pública ─lástima que esté tan poco dinamizada─, se encuentra Esto no se dice de Alejandro Palomas.

Aviso a navegantes, que no es de esas lecturas livianas que puedas leer entre vuelta y vuelta  mientras tomas el sol en la piscina. La historia de Palomas incomoda por la verdad tan dolorosa que encierra.

Alejandro Palomas se abre en canal para contarnos que él fue un niño violado y abusado por uno de los religiosos, que lo que debería haber hecho sería educarlo y respetar el territorio sagrado de la infancia.

Una se pregunta cómo se puede superar algo tan terrible, aunque lo correcto sería tal vez cuestionarse cómo se puede recuperar alguien después de haber vivido tanto horror. Lo más fácil hubiera sido echarse a morir, no dar oportunidades a una vida que tan poco te había cuidado. ¿Cómo puede la Santa Madre Iglesia y todos sus ministros mirar para otro lado, dando cobijo a quienes vulneraron el cuerpo y el alma de niños inocentes?

Pese a todo, siempre hay razones para seguir adelante. Hay a quien le cuesta toda una vida confesar aquello que no había que decir porque las víctimas se sienten sucias y culpables del proceder del verdugo. Nunca preguntemos a una víctima  por qué ahora. Cada cual cuenta cuando está preparado. Nadie sabe los desiertos, los mares enfurecidos  que ha tenido que atravesar para contar algo tan terrible, tan inconfesable, pues: “Recordar es arriesgarnos a despertar al monstruo que habita en la herida”.

¿Cómo puede un niño atreverse a contar el horror, la vergüenza a la que lo somete uno de sus educadores? ¿Hay algún camino para desechar el asco que produces en los demás sin ser tuya la culpa?

La respuesta es que hay caminos, aunque haya que transitarlos  despacio, dando traspiés en muchos casos.

En ese tránsito están las manos de una madre, su mirada sanadora, su paciencia infinita, acompañando en el dolor y en la esperanza. Como dice el autor, menos mal que las madres están sobre todo cuando ya no están.

Fundirte en la mirada de tu perro cuando duerme, sentir su cálida presencia a tu lado. Animalizarnos con él, pues en ese proceso nos sentimos capaces de volver a confiar en quienes somos, en aceptarnos y querernos.

Y escribir, porque escribir siempre ha sido terapéutico: “Escribo para que la luz no se apague, esa es la verdad”. La palabra escrita y leída nos salva de los naufragios, del dolor insoportable que produce vivir cuando la herida es tan profunda. Las palabras nos conceden ese atisbo de luz que nos permite intuir que en algún momento tendremos “esa habitación propia” en la que estar a salvo. Las palabras cauterizan las heridas. Hay libros que parece que alguien escribió pensando en nosotros, tal es la manera en la que nos reconocemos en ellos. Esas historias nos hacen saber que no estamos solos, que hay que seguir peleando por ser hombres y mujeres libres y sagrados.

¡Qué duro, qué necesario contar desde lo más profundo del sufrimiento, qué inyección de esperanza para quienes no acaban de encontrar un faro que los ilumine!

Y vuelvo a repetir qué sinrazón y qué absoluta vergüenza que religiosos que han abusado y violado a niños tengan hoy una vejez plácida, amparados mezquinamente por la Iglesia.

Lo que no se nombra, no existe. Por eso, gracias a los que se atreven a nombrar porque a la par que conjuran el horror, hacen la vida más verdadera.

Mª José Vergel Vega

viernes, 8 de mayo de 2026

CULTURA, esa dama de los sueños.

 


Decía uno, ¡vaya usted a saber!- pido perdón por ignorar su nombre, aunque bien podría llamarse Gulliver_, que “cuando desciende el sol de la cultura, hasta los enanos proyectan grandes sombras”.

Lo que éste debía ignorar es que el sol, siempre va y vuelve, y para todos amanece, sobre todo, para aquellos que se empeñan en la CULTURA.

Y si no, recordad el dicho: Siempre venceremos los eclipses, porque no hay eclipse que cien años dure ni día que no amanezca… reconozco que hemos reinventado el dicho, pero lo cierto es que hemos aprendido que si es preciso que el sol salga por otro sitio, saldrá.

A esta Dama que alimenta nuestros sueños, no le gustó nunca que alguien le pusiera cauces, ni que le estuvieran torturando el oído con lo que es o no políticamente correcto. De modo que , si lo que se impone, es salir por el Oeste y ponerse por el Este…pues, ¡qué quiere usted que le diga!, se cambian las tornas del Universo y a otra cosa…

A esta Dama de la que hablamos es bueno dejarla fluir, que se maneje a su antojo…que vaya y venga…unas veces será como amante impetuosa, capaz de trasladarnos al séptimo cielo… No lo duden, hablando de CULTURA, el Séptimo Cielo, existe…En esos momentos de éxtasis y mientras nos dure la resaca de su amor, creeremos que otro mundo es posible.

Y cuando nos pueda el desánimo, porque también habrá de esos momentos, en los que nos sintamos con el corazón partido, en los que la veamos como amantes despechados, ella vendrá a sacudirnos la abulia de estar vivos…será capaz de invitarnos a revelarnos contra aquello que nos deshumaniza, que borra lo que de hermoso hay en este mundo. Ella será capaz de hacer que, ante  nuestros ojos, se despliegue la orgía de la primavera.

Porque la CULTURA es un arma que apunta hacia el futuro. Ella hará crecer flores, aún cuando los inviernos se empeñen en hablarnos de la nieve.

De sobra sabemos que en estos tiempos desalmados,  isobaras enloquecidas nos anuncian que no hay día en que no se aproximen aguaceros. Y de sobra sabemos que esos aguaceros pretenden cogernos con el corazón desabrigado. Hay mucho desalmado que se empeña en arrojar la CULTURA por la ventana.

Pero ella , la CULTURA, sabe de paraguas contra esos aguaceros…y de paracaídas que protegen de peligrosos saltos al vacío. Por suerte o por desgracia, está muy acostumbrada a saltar sin red.

Ella es capaz de resistir todos los embates, siempre tendremos su reducto seguro…Siempre nos quedará la CULTURA…y ansiaremos ser, y lo seremos,  como esa belleza blanca de la jara que es capaz de arañar la dureza gris de la roca.

Mientras tengamos dientes, mordamos, seamos valientes, expresemos libremente lo que estamos dispuestos a hacer por ella.

Dice un tal Luis García Montero que “la vida no es un sueño”, por mucho que Don Pedro Calderón de la Barca, otro tal, se empeñase en lo contrario…

Hablando de esa Dama, a veces mujer fatal, que atiende por el nombre de CULTURA, no sé a quién darle la razón…probablemente ambos la tengan, porque no existe una razón absoluta, sólo hay razones que tratan, sin demasiado acierto,  de alcanzar el absoluto, que es concepto inabarcable.

Ciertamente, a veces no se sueña mientras se vive, porque si te da por entregarte a los sueños, la vida, que  a veces es una locahijadeputa, llega escudándose en no sé qué circunstancias, y te borra los sueños de un plumazo, o de un guantazo, que en demasiadas ocasiones no se anda con sutilezas.

No, a veces uno no sueña mientras vive… A veces, hay que vivir y punto; pero, eso sí, recomendamos encarecidamente no  perder de vista la CULTURA, así será más fácil andar el camino.

A veces la vida es un tango triste que habla de amores imposibles y se complace en recordarnos que estamos jodidos, tremendamente jodidos…

Pero, qué carajos…¡¡Se puede soñar, tenemos el derecho a soñar, tenemos el deber de soñar una vida más justa, más hermosa, más digna para todos!!

No, no podemos perder de vista a la CULTURA…Ella es experta en soñar sin importarle que muchos no crean en sus sueños…

No vayan ustedes a pensar…,  la CULTURA no es tan loca como parece, aunque a veces no se controle cual tierna damita adolescente. Antes de mostrarse, suele consultar con su almohada. Cualquier almohada, y más la de la CULTURA, tiene arranques de filósofa:  piensa, duda, se tortura, se deja aconsejar, abandona el consejo…Claro que, cuando decimos almohada, quizá queramos decir CONCIENCIA… esa tocanarices a la que deberíamos prestar más atención.

Hacerle caso a la conciencia, esa voz interior que te recuerda, que para la CULTURA también es precisa la DIGNIDAD.

Normalmente callamos si estamos solos, la CULTURA, que es sabia, nos recuerda que es mejor callar cuando estamos mal acompañados y después…consultar con la almohada…siempre hay alguna dispuesta a aclararnos las dudas.

Esa Dama de sueños ha cumplido ya una eternidad, pero sigue dudando, sigue muriéndose de frío si no encuentra nuestras manos. Le da pánico sentir que sin nosotros ni vive ni sueña.

NO es bueno que una Dama como ella esté sola, por mucho que no siempre se mueva en ambientes selectos.  A mí me gusta más cuanto se torna arrabalera,  mujer fatal con medias negras capaz de meterse en cualquier tugurio para llevar un poquito de luz a esos reinos de sombra que nos rodean.

Esa dama confiesa que se ha ido haciendo en nuestras manos…cuantas más son las manos, más grande se va haciendo su nombre, más años se va echando a las espaldas…

Es experta en hacer suyo nuestro sufrimiento.

Ella ama si nosotros amamos.

Está alegre si nos ve sonreir.

Llora si nosotros lloramos.

Puede ser el pasado, el presente y el futuro.

Necesita de la memoria para perdurar a través de nuestros recuerdos.

Estamos en ella y ella está en nosotros, si somos humanos es gracias a ella.

En su nombre han de caber todos los nombres.

Ella es la CULTURA, la VERDAD de nuestras vidas, la que nos trae el progreso, la que nos diferencia de los animales; la que nos hace dignos de llamarnos HOMBRES o MUJERES.

Ella puede ser la tierra en la que seguirán germinando nuestros sueños. Sólo por ella seremos sembradores de sueños, y no los abandonaremos por muchos malos despertares que nos acechen. Siempre encontraremos una canción para invocar a la lluvia…

Y como declara un tal Mario Benedetti, la queremos:

…porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo con codo

somos mucho más que dos.

Y aunque hoy el alma nos hable de baladas tristes, el sol de nuestras manos será capaz de beberse la escarcha, porque esa Dama soñadora nunca se rinde.

Ella es el  fuego que alimenta nuestro entusiasmo, porque su capacidad de amar es grande y su reino no tiene límites.

Ella es el agua que dibuja la estela de esos barcos que recalaron en otros puertos, la estela blanca de los sueños de esos marineros, que nos precedieron en el oficio de soñar , y que no olvidaremos por más que pasen treinta veces treinta años.

Ella es el aire que nos recuerda que seguimos vivos y despiertos, el que nos mantiene alertas, el que nos dice que no estamos solos, el que nos regala una brisa salina si estamos cansados.

Por eso, porque le gusta nuestra compañía, ella sigue proponiéndonos una y otra vez el mismo trato: caminar juntos, aunar esfuerzos,  seguir alimentando nuestros sueños en esta época de baladas tristes  que llenan el alma de notas de escarcha.

Mª José Vergel Vega

miércoles, 29 de abril de 2026

Dejándome leer por Susanna Tamaro




Cuanto más leo, más me convenzo de que son los libros los que nos leen y no al contrario.

Leyendo esta historia epistolar de Susanna Tamaro me he sentido vulnerable, como si alguien estuviera contando mi propia vida. Continuamente me preguntaba de qué me conocía a mí esta señora para dejarme tan al descubierto.

Dejaré por aquí algunas de las cuestiones que me ha planteado su lectura.

¿Nuestra vida hubiese tomado los mismos derroteros si nos hubieran dado otro nombre? El nombre imprime carácter, pero también duda, desconcierto, 

¿Buscamos ser invisibles o se nos impone serlo?  De lo que sí estoy segura es de que ser invisible es bastante doloroso en algunas ocasiones.

Hija de finales de los años sesenta del pasado siglo ─tiene bemoles cómo suena esto ─sin móviles, sin pantallas, alma libre en medio del campo. Mis puntos de anclaje y de evasión eran los pocos libros que tenía a mi alcance. Desde bien pequeña, cuando necesito algo de abrigo, recurro a la poesía.

A este respecto, en la deriva melancólica de la adolescencia, descubrí a Salvatore Quasimodo y me aprendí como un mantra los versos que aquí cita Chiara:

«Todos estamos solos en el corazón de la tierra,

atravesados por un rayo de sol:

y de pronto es de noche»

Hermosos y terribles. Tan pronto estamos aquí como dejamos de estarlo.

Pues nada, que le doy la razón a Susanna Tamaro y os digo que el viento sopla donde quiere y si se levanta el solano para qué queremos más.

He cerrado el libro un tanto sobrecogida y me sigo preguntando qué podemos tener en común Susanna Tamaro y esta aprendiz eterna de tantas cosas. Misterios que seguro nunca resolveré o sí…con esto de la lectura nunca se sabe. Por si acaso, seguiré dejándome leer.

Mª José Vergel Vega

jueves, 9 de abril de 2026

Dejándome leer por Máximo Huerta

 


De pronto, un día mamá ─vamos a llamarla X─, acogió un hijo más en su memoria. Era otro hijo, al que llamaremos Y, que se superponía, suplía y/o completaba al que ya tenía. Ambos se sentaban a diario a la mesa con Mamá X.

Así las cosas, llega a mis manos de manera buscada la nueva novela de Máximo Huerta, Mamá está dormida, que comienza con el mismo argumento que bulle en la cabeza de Mamá X.

─Y tu hermano, ¿dónde está?

Ahora que los años van tendiendo un abismo hacia la juventud, a una le da por pensar que la vejez es ese estado de la vida en que comenzamos a sentirnos vulnerables y temerosos. Todo empieza a dar un pánico terrible. Decir futuro es lanzarse a los brazos del peligro, de la insensatez más supina.

Comienzo a intuir a cada paso “preguntas llenas de eco”, que no sé quién va a responder. Quizá el silencio y nos lanzamos a convertir “vacíos en historias”. Últimamente no hago otra cosa.

Mamá está dormida es un canto de amor a las madres, a los cuidados de los hijos hacia ellas, que siempre fueron casa, hogar que nos lleva al tiempo mullido de la infancia.

Cierro los ojos y recuerdo el tacto de las manos blancas y heladas de mi madre, siempre llenas de sabañones de lavar en el río. Necesito recuperar las manos de mi madre. Abro el viejo álbum que guarda fotos en blanco y negro y la primera imagen que me encuentro es una foto de mis padres con unos amigos en el puerto de Gijón. Intuyo que es la primera vez que veían el mar. O esa otra en la que madre está a la puerta de casa con los brazos en jarra junto a la abuela. Ambas nos miran arrobadas a mi hermano y a mí, plantados en medio del tapiz de alfalfa poniendo caras raras y posturas imposibles.

De pronto, la angustia. Hace tiempo que no soy capaz de recordar la voz de mi madre. Algo parecido a un calambre se me agita en el pecho.

Ahora me detengo en esa en la que padre, jovencísimo, posa subido a un tractor, con ese porte a lo James Dean que siempre tuvo. Estoy perdiendo también la mirada de mi padre.

Dice Máximo que los libros son “máquinas del tiempo”, y le doy la razón. Los recuerdos fluyen y por un momento nos sentimos capaces de recuperar todo aquello que perdimos.

Me pregunto qué pasará cuando ya no nos reconozcamos en las fotografías o cuando los viajes nos produzcan más desazón que gozo, cuando queramos huir y no encontremos islas en las que naufragar como diría el cantor.

El protagonista y su madre están a punto de subir a una autocaravana. Un viaje que les sirva para resolver preguntas, zonas oscuras que necesitan ser iluminadas, pero también ese viaje posiblemente sea el viaje de despedida de una madre. Es bonito ese gesto. Lo apunto para que no se me olvide compartirlo con mis hijos.

Y cuando ya no me reconozca en las fotos, ni me sirvan los viajes para encontrarme, me quedarán los libros, las historias en las que recalar y reconocerme. Ahora me viene a la memoria aquel barco pintado de verde, amarrado al viejo chopo, que yo llenaba de versos. Hubo un tiempo en que quise ser juglar y peinar la cabellera de las sirenas.

Dicen que es muy peligroso tratar de volver al lugar en el que fuimos felices. La razón es muy sencilla. Nos daremos de bruces con un lugar que ya no existe, o lo que es peor, que ya no reconocemos.

En mi cabeza, en una sordina melancólica, resuena el eco del poema de Juan Ramón “El viaje definitivo”. Siempre me pareció hermosa esa imagen de marcharse y que los pájaros sigan cantando como si todo o como si nada.

Aún estamos aquí, celebrando la vida. A pesar de tantos destrozares, nos aferramos a un sueño en forma de rabo de nube que enciende el candil de la esperanza. Y seguiremos cerrando heridas “aunque sea de un portazo”.

Mª José Vergel Vega

lunes, 16 de febrero de 2026

Dejándome leer por David Uclés

 



Son  muchas las páginas que se han ocupado de retratar aquella guerra civil, o incivil, por mejor decir.

Cuando comencé a leer «La península de las casas vacías», alguien con muy buen criterio lector, me dijo que no le pillaba el punto a ver este tema bajo el prisma del realismo mágico.

Ninguna guerra se suaviza con metáforas y demás figuras retóricas, ni imprimiendo a lo narrado un halo de magia o extrañeza. Lo que ocurrió fue tan horrible que ningún punto de vista puede anestesiar el sentimiento. Esa pátina de realismo mágico que recorre la novela de Uclés no hace sino acentuar lo macabro de la realidad. Es imposible olvidar aquel horror, incluso no habiéndolo vivido.

Leyendo estas páginas me he sentido  muchas veces acompañada por un conato de náusea en la boca del estómago. Náusea literal ante esa guerra entre hermanos que se arrancan el corazón como pájaros en busca de carroña. En la memoria me martillea ese encuentro entre Pablito y José, esos jóvenes hermanos que luchan en bandos contrarios, a los que se lleva por delante los estigmas de las tres heridas a las que aludía el poeta de Orihuela.

Magistral David Uclés. «La península de las casas vacías» es una novela de lectura obligada para aquellos a los que nos obsesiona el tema de la guerra civil. Ójala dejemos de alimentar de una maldita vez tantos discursos de odio.

Mª José Vergel Vega

martes, 10 de febrero de 2026

Febrero de cigüeñas

 



La cigüeña es un ave símbolo de fertilidad. Son fieles a los lugares que habitan temporada tras temporada.

Cada año ─mucho antes ya de la onomástica que reza en el dicho de “por San Blas, cigüeñas verás” ─regresan a sus nidos desde tierras más cálidas en las que han pasado los rigores del invierno.

Las torres de nuestras iglesias no serían las mismas sin el crotorar de estas aves que preparan el gazpacho como los más reputados chefs.

San Isidoro y otros estudiosos nos dicen de ellas que son un símbolo de “piedad filial”. Pocas aves como ellas se dedican con tanta atención  a la cría de sus hijos.

Mitológicamente, la cigüeña estaba consagrada a Juno, diosa del matrimonio.

Has de saber, cuando veas una cigüeña, que la vida está próxima a renovarse, a ofrecernos días de cálida esperanza.

Vengan o no vengan por San Blas, en clase hemos abierto nuestras puertas a las cigüeñas este mes de febrero. Tenemos ya unas cuantas acomodadas en unos nidos artesanos que han hecho los alumnos/as de Infantil y Primer Ciclo de Primaria de la actividad de Fomento de la Lectura del CEIP Batalla de Pavía de Torrejoncillo.

Os dejo unos versos que hice para esta actividad.

¡Buen provecho, grumetes de las palabras!


CIGÜEÑA  PATEÑA

Conozco una cigüeña,

pate pateña,

que subida en la torre

su pata enseña.


Yo sé de una cigüeña,

pate pateña,

que cuando llega el día

peina sus greñas.

 

Me gusta la cigüeña,

pate pateña,

que sale de mañana

y va a la aceña.

 

Se baña la cigüeña,

pate pateña,

y pesca con el pico

ramas pequeñas. 

 

Volando la cigüeña,

pate pateña,

regresa a su nido


risu risueña.

 

Se oye a la cigüeña

pate pateña,

haciendo su gazpacho

desde la peña.

 

Por San Blas las cigüeñas,

pate pateñas,

vuelven al campanario:

son lugareñas.

Mª José Vergel 

 


viernes, 30 de enero de 2026

Pacific-ARTE: Arte para la PAZ

 


Desde la actividad de Fomento de la Lectura hemos querido este curso dar un enfoque diferente a la celebración pedagógica de la Paz y la No Violencia.

Hemos llamado a nuestro pequeño proyecto: Pacific-ARTE. En él han participado todos los grupos de Primaria.

Partiendo de la frase de Wolf Vostell: “ Yo declaro la PAZ como la mayor obra de arte”, nos hemos propuesto reivindicar y transitar el camino del arte como uno de los más firmes para llegar a una PAZ verdadera entre todos los pueblos del mundo.

Os invitamos a mirar con los ojos luminosos del arte, a dibujar un manto de amor que cubra todos los rincones de la tierra.

Nos hemos centrado en dos pintoras que tienen una fuerza extraordinaria. Dos pintoras que siempre serán referentes de la lucha por la igualdad, la dignidad, la libertad y la humanidad, valores que se desgajan de la palabra PAZ.

El primer paso ha sido investigar sobre ambas artistas, viendo algún documental/cuento biográfico adecuado a la edad de los participantes. Después hemos cogido nuestra caja de pinturas y hemos dado rienda suelta a nuestra imaginación para decorar las cabezas de Frida y Maruja con flores y conchas marinas. Finalizamos esta actividad escribiendo acrósticos partiendo de los nombres de las pintoras y microcuentos sobre la PAZ . El resultado podéis verlo en el pasillo de la Biblioteca.

Os proponemos un acercamiento a Frida Kahlo y Maruja Mallo, dos mujeres valientes que siempre tuvieron claro que vida solo hay una y que debe ser vivida al máximo por todos los seres del mundo.

Como decía nuestro añorado Robe Iniesta: “Amad, amad y ensanchad el alma”. Dejad que vuestro corazón se llene del blanco candor de las palomas. Que el arte dibuje de nuevo el camino más corto hacia la PAZ y el entendimiento entre todos los pueblos del planeta.

A continuación os dejo los acrósticos que los alumnos/as de Segundo y Tercer Ciclos escribieron sobre FRIDA.

Fantasiosa.

Resplandor.

Imaginación.

Diosa.

Asombrosa.

MEYVIS

Flor mexicana.

Rosa puro.

Isla lejana.

Día soleado.

Agua que canta.

ZOE

Famosa pintora.

Reina del color.

Imaginación portentosa.

Dolor sobre dolor.

Amante diosa.


Fuente del arte.

Río de pasión.

Isla tormentosa.

Dama de México.

Aurora de color.


Fabulosa pintora.

Refugio feliz.

Isla preciosa.

Día luminoso.

Arcoiris amarillo.

ZAIRA

Flor bonita.

Regalo grande.

Isla famosa.

Día feliz.

Agua cristalina.

SANTIAGO

Flor imaginaria.

Rosa oscuro.

Isla desierta.

Día fosforescente.

Agua cristalina.

ALMA

Frío eterno.

Rosa de amor.

Isla desierta.

Duda y dolor.

Amor de México.

DAVID

Os habéis quedado mudos, ¿verdad? Pues aún  nos queda alguna cosita más, como estos acrósticos dedicados a Maruja:



Música y rito.

Alma del grito.

Río del universo.

Universo como río.

Jardín de colores.

Arcoiris de locura.

ALMA

Más valiente.

Alma de la risa.

Ramo volador.

Universo imaginado.

Júbilo de la tarde.

Artista única.

AMANDA

Mariposa voladora.

Arcoiris blanco.

Rebelde reina.

Universo bonito.

Jardín hermoso.

Artística y musical.

ZAIRA

Música de amor.

Artista profesional.

Risa y dolor.

Umbral del arte.

Jardín de flores.

Abanico del frío.

DAVID

Mariposa del viento.

Artista del año.

Risa feliz.

Utopía y sueños.

Jardín hermoso.

Alma grande.

SANTIAGO

Marúnica.

Aurora de color.

Remolino de locura.

Universo reinventado.

Júbilo de la mañana.

Alba de la risa.


Mujer valiente.

Amiga de la vida.

Rumor de mar.

Umbral de sueños.

Jardín de las delicias.

Alma libre.


Y para poner el broche final a esta actividad, os dejo los microcuentos que escribieron a partir de las siguientes  palabras:  Frida, Maruja, Paz, arcoiris, pintura, universo y blanco.


David escribió:

Éranse dos pintoras que se llamaban Frida y Maruja. Frida tuvo un accidente y terminó en el hospital. A Maruja le gustaba el mar y todo lo que contenía. Sabían que el arcoiris sale después de la lluvia y que después de la guerra vendría la PAZ.

Maruja y Frida se hicieron pintoras y siempre las acompañó un universo blanco.

Zaira escribió:

Frida y Maruja eran dos pintoras muy famosas.

Un día, mientras paseaban, vieron un arcoiris muy bonito. Con sus manos de paz pintaron un cuadro el día en que el universo se cubrió de blanco.

Amanda escribió:

Éranse una vez unas niñas llamadas Maruja y Frida. Les gustaba mucho el día de la PAZ. Ese día empezó a llover, pero también salió el sol y eso no es otra cosa que el arcoiris.

Entonces pintaron el universo en un folio en blanco y ese fue su día de la PAZ.

Santiago escribió:

Eran dos amigas que vivían en paz en un universo donde había una casa blanca, que se hizo con pintura.

Las amigas se llamaban Frida y Maruja y un día paseando vieron un arcoiris y como nunca vieron uno, se desmayaron.

Meyvis escribió:

Frida y Maruja fueron al parque. De pronto apareció un arcoiris. A Frida le pareció PAZ, pintura y estupendo. En cambio a Maruja le pareció blanco, universo y aburrido.

Alma escribió:

Éranse unas niñas llamadas Frida y Maruja. Ellas querían pintar un arcoiris para el día de la PAZ. Dibujaron un universo y lo pintaron de blanco entero.




domingo, 9 de noviembre de 2025

Hala Layya

 





Hace ya muchos meses que en nuestra pequeña aldea  de Gaza, donde vivimos, suenan las sirenas cuando menos lo esperamos.

Hoy, para variar,  ha sido un día tranquilo. Hasta habíamos jugado entre las ruinas los niños del barrio. Construimos una cometa de un blanco sucio con unos trapos que encontramos. Estuvimos volándola un rato muy grande. Ahmed dijo que seguro que papá se pondría contento de verla desde su estrella en el cielo. Al atardecer, cada cual regresó a su casa, o a lo que nos queda de ella. Ojalá todo siga en calma y podamos rezar tranquilos por los que esta guerra tan fea se ha llevado.

Como cada noche, cuando tenemos harina, yo ayudo a mamá a hacer el pan de pita para la cena. Me encanta meter mis manos pequeñas entre la masa y pintar la nariz de mi hermano cuando está despistado. Los tres reímos con mi ocurrencia. A mí me gusta mucho el pan de pita. ¡Huele tan rico, que parece que en ese olor tan  familiar estamos a salvo! ¡Hasta se me olvida la guerra por un momento!

Ahmed, sin parar de reir y haciendo malabares con los platos, pone la mesa. Yo aplaudo esa actuación improvisada. Mi hermano es mi héroe.

Justo en el momento en que mamá saca el pan del horno, comienzan a sonar las sirenas. Mamá nos  entrega nuestra porción de pan recién hecho y nos pide que la guardemos en los bolsillos. Nos toma de la mano y salimos los tres a la calle para dirigirnos al refugio. Ya lo hemos hecho en otras muchas ocasiones.

Esta noche, las sirenas suenan con tanta urgencia, que tenemos que correr más rápido que otras veces. Mamá tropieza  y cae al suelo, pero nos dice que sigamos  corriendo, que ya nos veremos en el refugio. Yo miro a mamá un momento, pero Ahmed tira fuerte de mí.

Corremos. Corremos. Corremos.

 Las sirenas suenan cada vez con más intensidad. Una luz cegadora, a la que sigue un estruendo muy grande, nos paraliza. Ahmed aprieta fuerte mi mano. Se abren a nuestros pies las entrañas de la tierra.  No podemos llegar al refugio. Nos resguardamos en un hueco que a mí me parece como una cueva, en la que entra, como un milagro la luna  llena.

Lloro. Me acuerdo de mamá, de nuestra casa, del limonero que sembramos en el pequeño huerto para honrar a nuestros ancestros.  Siento que me estallan los oídos. Quiero llamar a Ahmed, a mamá, pero mi boca está muda. No oigo nada. No puedo  hablar. ¿Por  qué tanto silencio de pronto?

Ahmed me abraza muy fuerte. Aprieta mi cabeza contra su pecho. Me acuna.  Dice o canta algo que yo no oigo, pero me gusta leer sus labios dulces.

 Hala Layya.

Estoy tranquila. Los ojos enormes de Ahmed velarán mi descanso. Sé que no dejará de sonreírme. Que me cogerá la mano, me acariciará las mejillas o apartará algún mechón rebelde de mi frente, como hace mamá mientras me lee el cuento de buenas noches. Ahmed me sigue hablando, creo que ahora dice “Amira, mi pequeña reina. Agita tus alas como una paloma y vuela hacia la libertad”. Canto, desde mi silencio, esa nana que tantas veces escuché en la voz de mamá. Sonrío a mi hermano y  él me sonríe derramando sobre mí toda la miel de sus ojos.

Hala Layya.

Sigue cantando y al abrazarme, me llega el olor a pan reciente que sale de su cuerpo. Comemos el pan de pita que mamá nos hizo guardar en los bolsillos. Damos gracias a Dios por estar juntos comiendo este alimento y le pedimos tenga misericordia de los que se fueron y que nos devuelva a mamá sana y salva. Pienso en mamá y lloro.

Hala Layya. “ Deja de llorar, pequeña, mi alma siempre te protegerá”.

Deben de estar sonando de nuevo las sirenas, porque Ahmed me abraza aún más fuerte. Me mira y me sonríe. No debo tener  miedo. Mi hermano es mi héroe. Él siempre pondrá voz a mis silencios. Él siempre hablará por mí cuando no encuentre las palabras. Cuando todo sea oscuridad, me alumbrarán sus ojos que atesoran toda la luz que los mártires de Palestina nos envían desde el paraíso.

 Estoy cansada. Cierro los ojos. Intento dormir. Sé que cuando despierte, Ahmed seguirá ahí, sin  moverse de mi lado. Juntos iremos a buscar a mamá y volaremos de nuevo la cometa de un blanco sucio que tanto le gusta ver a papá desde su luz en el cielo.

 Me acurruco en el cuenco de su pecho. Ahmed, mi hermano querido “el que agradece a Dios”, dulce nombre de los de mi estirpe.

Mª José Vergel Vega