martes, 22 de diciembre de 2015
domingo, 13 de diciembre de 2015
Artesanos de Torrejoncillo estuvieron en Belén
Siempre hemos oido hablar a nuestros mayores de la importancia que tuvo nuestro pueblo gracias a las manos de sus artesanos: pañeros, alfareros, orives, zapateros, hojalateros, cesteros, danzadores, bordadoras, sastres...y a las manos de gente humilde que trabajaba el campo, que vendía las hortalizas , el pescado en la plaza, los dulces hechos con esmero y que hacían las bocas agua...
Se me ocurrió una tarde de lluvia, sentada tras la ventana, que debía hacer unos versos para que mis niños valoraran lo que un día fue nuestro pueblo, y lo que podrá ser en un futuro, si nos apoyamos y confiamos los unos en los otros. Son versos sencillos, de poeta inexperta, pero que para mí tienen un sabor muy especial.
Contaba una vieja crónica
que en Belén se presentaron
cargados con lindas
cosas,
un puñado de artesanos.
Dicen los libros de
Historia,
que siempre son
acertados,
que esos que allí
estuvieron
eran torrejoncillanos.
Estas bonitas alforjas
dejaré junto al Portal;
tengo por nombre
Ezequiel
y trabajo en un telar.
Hasta aquí traje esta
manta
urdida con mucho afán,
os la quedo aquí
tendida,
para algo servirá.
Traigo una oronda
tinaja
fabricada con mis
manos;
tengo por nombre
Victoria,
mi vida, el torno y el
barro.
Como el vientre de la
tierra
guarda sombra en sus
entrañas,
así el cántaro que
traigo
guardará muy fresca el
agua.
Para alumbrar tu camino
he traído este farol,
está hecho de hojalata
y alumbra que es un
primor.
Andrés el hojalatero
ha llegado hasta Belén,
y esta típica aceitera
vengo a traerte
también.
Una linda Cruz de Pebah
he tallado en mi
taller,
la traigo para María
si se la quiere poner.
Ser orfebre es mi
oficio,
los metales yo trabajo;
Hugo soy de nacimiento,
¡me encanta estar en el
tajo!
jueves, 3 de diciembre de 2015
Cuentos llegan de Biblonia
De la misma Biblonia nos llegó este cuento en verso que pusieron en escena los más pequeñitos. En clase nos encanta poner en verso, con alguna que otra licencia, los cuentos clásicos. Os dejo este de Los tres cerditos . ¡Que lo disfrutéis!
Cuentos
llegan de Biblonia
que
es el país de los libros,
los
manda un duende pequeño
muy
amigo de los niños.
Biblonio
se llama el duende,
en
los cuentos vive escondido.
la
seño dice que es invisible,
por
eso no lo hemos visto.
Al
país de Biblonia
también
llega la navidad,
Biblonio
manda esta historia
que
te vamos a contar.
Éranse
que se eran
tres
lindos animalitos,
que
vivían en el bosque:
te
hablo de los tres cerditos.
Como
ya estaban muy grandes,
su
mamá les dejó dicho:
¡una
casa tenéis que haceros,
que
ya estáis creciditos!
El
mediano que era un vago,
mucho,
mucho protestó:
¡tú
te haces la casita,
porque
te lo mando yo!
Como
la casa era de paja,
mucho
no le aguantó;
en
cuanto vino el lobo
de
un soplido la derribó.
Llorando
desconsolado,
al
mayor de sus hermanos,
le
contó con mucha pena
aquello
que había pasado.
¡Déjame
que aquí me quede
que
llega la navidad,
y
en tu casita de madera
el
lobo no ha de entrar!
Pasa,
pasa, mi hermanito
que
comienza a refrescar,
y
galletitas con leche
nos
vamos a merendar.
viernes, 27 de noviembre de 2015
Il y avait un jardin...
Tal vez salga a buscar una nueva
tierra en la que todos nos sintamos vivos; donde las flores cubran mis pasos y
el viento me traiga y me lleve en pos de mis sueños.
Si es preciso, buscaré dioses a los que no les importe crear el mundo de nuevo. Les
rogaré que se tomen su tiempo, porque las cosas no están para brochonazos por
doquier y que se dejen de historias cainitas, de árboles del bien y del mal, de
adanes y evas que se dejaron tomar el pelo, del ojo por ojo…
Por si sirvieran de algo, siempre
llevo unos polvos mágicos en los bolsillos; mis niños dicen que no caducan y que
sirven para todo. Los dejaré caer por ahí y que el viento los lleve allá donde
se necesiten.
Aquí yace una tierra que se desangra
sin que nadie mueva un dedo para remediarlo.
Me enseñaron que la violencia no se
cura con violencia, y aún lo sigo creyendo.
El mundo, según yo lo veo, no camina
hacia nada bueno; de nosotros depende que varíe de trayectoria. Y aunque de
sobra conozco la respuesta, aún me sigo preguntando por qué no seguimos el
camino de la Paz, que es el único camino recto que nos abre las puertas del
paraíso.
Recuerdo aquella noche oracular en
que no dejaron de pasar elefantes. Él decía que se aproximaban tiempos de
aguacero contra los que sería muy difícil luchar: ¡Demasiada agua para
marineros inexpertos!
A veces el amor no logra que sus labios muerdan con rabia la sinrazón y ésta consigue que los fanáticos nos dejen un reguero de muerte en
los dulces caminos del otoño.
Mª José Vergel Vega
sábado, 14 de noviembre de 2015
"Les fous n`ont ni couleur ni religion"
Siento una pena infinita por vosotros, fanáticos con los ojos llenos de frío, los que sembráis la barbarie y la desolación, porque vuestra mirada está vacía y vuestro equipaje lleno de muerte. Y habéis de saber que en ningún paraíso seréis recibidos, porque Alá el Grande, el Misericordioso, no permitirá que emponzoñéis su edén con vuestros crímenes.
"Les fous n`ont ni couleur ni religion"
¡Pobre del que abraza el fanatismo, porque nunca llegará al Paraíso!
"Me sentaré en la silla de la paciencia" y seguiré esperando declarar un día, que los dioses quieran que sea cercano, el estado de felicidad permenente.
Mª José Vergel Vega
martes, 29 de septiembre de 2015
Hijo de los días
Os dejo hoy estas palabras que encontré casualmente, las escribí a la muerte de Galeano y creo que deben estar recogidas en estos Cuadernos.
Abril me tatúa en el corazón el aroma
de las flores y el dolor del silencio. Nunca tuve una buena relación con el que
dicen es uno de los meses más hermosos del año. Este Abril el viento amenaza
con llevarnos al infinito sin retorno posible.
Un lunes, trece de Abril, las venas
de América latina y de los desheredados del mundo, se desbordaron como ríos
sangrantes, cuando los medios de comunicación anunciaron que Eduardo Galeano
había muerto.
Galeano siempre tuvo un halo de galán
de cine, con unos ojos que miraban
directos al meollo del asunto. Nunca enmascaró las palabras; las
escribía justo en el instante en que un picor le llegaba a la mano. Sus
palabras a unos abrigaban el corazón, y a otros les dinamitaban los adentros.
Galeano, escritor y periodista, fue
hijo de los días y la palabra. Creyó en el hombre íntegro, en el que pone la
cabeza al servicio del corazón, la vida al servicio de la justicia . Parecía
hablarnos desde un lugar de paz, conquistado a fuerza de haber gritado siempre
la verdad.
Supo que un hombre puede jactarse de
serlo, sólo cuando hace del compromiso su razón de vida, su pasaporte hacia el
paraíso, si es que éste existe. Nada ni nadie hizo que su voz callara. Hubo de
salir de su Uruguay, buscando otros lugares donde liberar su palabra de la
mordaza de la dictadura, de los escuadrones de la muerte que, como perros
rabiosos, iban contra quien en América Latina osaba hablar en nombre de la
Libertad. Fueron muchos los días y las noches de amor y guerra.
Siempre se miró en los charquitos de
las pequeñas cosas, y caminó incansable hacia el horizonte, por más que éste se
nos aleje a cada paso que avanzamos. Él sabía que en los charquitos se puede
ver el mar y en el horizonte podemos visionar la película de nuestros sueños.
domingo, 13 de septiembre de 2015
Volvoretas
-Ehtati quieta, criatura, que no acabamuh nunca y hay que ilsi a la ehcuela, que tu hermanu ya ehtá preparau cuantu ha_ me decía suspirando largo y tendido.
La abuela Moreno suspiraba mucho porque decía que el pecho le descansaba. Le habían pasado tantas cosas tristes... hasta una guerra había pasado la abuela, que debía ser lo más terrible del mundo, porque cuando se acordaba de ella vertía unas lágrimas grandes como puños que le resbalaban hasta el escote.
Aunque también para ella hubo días azules como el que inmortalizó la foto, siempre la recuerdo vestida de negro, con la saya casi hasta los pies, la blusa que se adaptaba a su cuerpo como un guante, el pañuelo negro cubriéndole aquel moño blanco tan bien hecho y aquel mandil que servía para todo, bien se abanicaba cuando le venían los calores, o bien le servía para secarse después de fregar los cacharros o para esconder del frío aquellas manos llenas de dolores.
Andaba muy tiesa y muy ligera con un baño a la cabeza y otro al cuadril, yendo a lavar al río con las manos llenitas de sabañones.
domingo, 6 de septiembre de 2015
Palabras para Charo
| Detalle portada Dama Luna de Charo Alonso Fotografía de Mª José Vergel Vega |
¡Qué de
recuerdos se me agolpan, querida Charo, leyendo tu Dama Luna!
Es el
campo que me llega a borbotones, el caminar sobre los charcos, el desgranar
cada noche, al calor de la lumbre, bolas de algodón, que nos agrietaban
los dedos. Me llegan nítidas las voces de los abuelos contando viejas historias
y todo, todo lleno de la blancura del algodón.
Y no sé
por qué esta Dama Luna me lleva hasta el "cuatrolatas" del abuelo, que me producía una
mezcla de emoción, de miedo y revoltura en el estómago. Yo no quería montar en
aquella nave del demonio, prefería acomodarme con la abuela en aquel
burro zancajosu que nos
trasladaba , a duras penas, al pueblo.
Entre las
lineas de tus palabras tan hermosas, aparece y desaparece, como por ensalmo,
aquella niña de trenzas largas y tirantes, con las rodillas raspadas de jugar
entre las peñas, porque todos decían que era un poco marimacho.
He leído
tu Dama Luna a pequeños sorbos. He saboreado la ternura, la pasión, el dolor,
el amor y el odio, la vida y la muerte, el qué dirán y las ansias de
libertad...
Inés
Luna me ha hecho más llevadero este tórrido verano en esta Extremadura
reseca en que sentía precipitarme por el abismo del hastío, de la desesperanza
por la tierra arrasada por los rayos del odio que no cesa y llega para incendiar paraísos y almas. Hasta este retiro de mar y caracolas llegan
cenizas que se clavan como esquirlas en mi pequeño corazón ornado de algas.
"La
vida es más fuerte que nosotros a pesar nuestro". La vida gira y a veces nos
enreda con sus malas artes, en los hilos enmarañados de su madeja.
Entonces sentimos que no hay escapatoria y nos resignamos a nuestra mala
suerte, a lamentarnos, a perdernos aún más en su laberinto.
martes, 1 de septiembre de 2015
La semillita dormilona
Ahora que empieza Septiembre, volvemos al cole y nos vamos sacudiendo la modorra estival, voy a dejaros una historia que compuse para que mis niños de Educación Infantil celebraran el Día del Libro . Es un poemita, sin grandes pretensiones, a base de pareados, sobre una semilla que no despertaba ni a la de tres y que a ellos les hizo mucha gracia.
Era de saber
una semillita
dormidita en
su cunita.
Soñaba el
señor Sol
con viajar a
Sebastopol.
Pero antes
de emprender viaje,
debía de
pagar peaje:
¡Despertar a
la Semilla,
haciéndole
cosquillas!
_¡Esta
Semilla dormilona
se está
haciendo la remolona!
Por más que
el Sol lo intentaba,
la Semilla
no despertaba.
Cuando el
Sol se fue a dormir,
alguien
llegó por allí.
Dando un
traspiés Doña Luna,
se chocó
contra la cuna.
La Semillita
enfadada,
despertó
congestionada.
_¡Ay mamá,
dile a la Luna
que no me ha
hecho gracia alguna!
_Ya sabes
que a mamá Tierra
no le gusta
nada la guerra.
Le dijo a la
Semillita:
-¡Niña,
quédate quietita!
miércoles, 17 de junio de 2015
Los libros del General
![]() |
| Foto Internet |
Guardo este artículo, que ya se publicara con anterioridad, con especial cariño. En él duerme una preciosa historia, al menos para Julia y para mí, de un verano ya lejano en el que ambas descubrimos la aventura de leer e imaginar.
Los”
Libros del General” estaban colocados en una librería de madera muy antigua que
había en el piso alto. La abuela me la había enseñado alguna vez, pero me tenía
terminantemente prohibido cogerlos a mí sola; no porque pudieran resultarme
perjudiciales moralmente, sino porque algunos de ellos eran verdaderos
incunables. Era el caso de un Quijote en dos tomos con una encuadernación
lujosísima, de piel de vaca repujada, aunque yo, sinceramente, prefería lo que
había por dentro.
Recuerdo que la primera vez que lo abrí
tuve que taparme la boca con las manos para no gritar de asombro. Estaba
escrito con una letra preciosa con muchos adornos, y unos dibujos que invitaban
a soñar y a zambullirte de lleno en el mundo de los Caballeros Andantes y las
Damas Enamoradas. Pero quien quiera que fuera el que había escrito aquel libro
con aquella letra tan preciosa, sin duda no había tenido , ni por asomo, una
maestra tan severa como la mía: ¡ Madre Soberana, si allí había miles de faltas
de ortografía! Si el tal Cervantes, que así se llamaba el autor, hubiera tenido
que copiar veinte veces cada palabra mal escrita, todavía hoy estaría
escribiendo, el pobre. Después me enteré- mi abuela por poco se muere de la
risa cuando me lo explicaba el viejo General Mutilado-, que en los tiempos en
que Cervantes escribió El Quijote no se escribía como ahora, y lo que yo creía
faltas de ortografía, pues resulta que no lo eran.
¡Pues menos mal!, porque ya estaba yo
dispuesta a plantear severa batalla a la
Señorita Remi, que siempre estaba con aquello de que las faltas de ortografía
le daban un dolor de barriga tremendo. ¡Pobre! Por eso estaba mala cada dos por
tres.
Os confieso que en un solo verano conseguí
leerme los dos tomos de El Quijote, que ya es mérito para una niña de ocho
años. Por eso, aunque a muchos les sonará extraño y a niña repelente, cada vez
que me preguntan cuál es mi libro favorito, siempre digo que El Quijote y me
importa un pimiento que la gente me mire con mal disimulada cara de asco. ¡Qué me importa a mí que las demás niñas
prefieran a Blancanieves, Caperucita y otras del mismo estilo! Ni se imagina la
gente el grado de felicidad que yo alcanzaba cuando me ponía a leer aquella
maravilla, con aquellos dibujos tan fantásticos del loco de Don Quijote colgado
de los molinos de viento, o del bueno de Sancho Panza con su barriga serena y
oronda, que no lograba explicarse qué había hecho él para merecer semejante
amo.
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