lunes, 16 de febrero de 2026

Dejándome leer por David Uclés

 



Son  muchas las páginas que se han ocupado de retratar aquella guerra civil, o incivil, por mejor decir.

Cuando comencé a leer «La península de las casas vacías», alguien con muy buen criterio lector, me dijo que no le pillaba el punto a ver este tema bajo el prisma del realismo mágico.

Ninguna guerra se suaviza con metáforas y demás figuras retóricas, ni imprimiendo a lo narrado un halo de magia o extrañeza. Lo que ocurrió fue tan horrible que ningún punto de vista puede anestesiar el sentimiento. Esa pátina de realismo mágico que recorre la novela de Uclés no hace sino acentuar lo macabro de la realidad. Es imposible olvidar aquel horror, incluso no habiéndolo vivido.

Leyendo estas páginas me he sentido  muchas veces acompañada por un conato de náusea en la boca del estómago. Náusea literal ante esa guerra entre hermanos que se arrancan el corazón como pájaros en busca de carroña. En la memoria me martillea ese encuentro entre Pablito y José, esos jóvenes hermanos que luchan en bandos contrarios, a los que se lleva por delante los estigmas de las tres heridas a las que aludía el poeta de Orihuela.

Magistral David Uclés. «La península de las casas vacías» es una novela de lectura obligada para aquellos a los que nos obsesiona el tema de la guerra civil. Ójala dejemos de alimentar de una maldita vez tantos discursos de odio.

Mª José Vergel Vega

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