Son muchas las
páginas que se han ocupado de retratar aquella guerra civil, o incivil, por
mejor decir.
Cuando
comencé a leer «La península de las casas
vacías», alguien con muy buen criterio lector, me dijo que no le pillaba el
punto a ver este tema bajo el prisma del realismo mágico.
Ninguna
guerra se suaviza con metáforas y demás figuras retóricas, ni imprimiendo a lo
narrado un halo de magia o extrañeza. Lo que ocurrió fue tan horrible que
ningún punto de vista puede anestesiar el sentimiento. Esa pátina de realismo
mágico que recorre la novela de Uclés no hace sino acentuar lo macabro de la
realidad. Es imposible olvidar aquel horror, incluso no habiéndolo vivido.
Leyendo
estas páginas me he sentido muchas veces acompañada por un conato de
náusea en la boca del estómago. Náusea literal ante esa guerra entre hermanos
que se arrancan el corazón como pájaros en busca de carroña. En la memoria me
martillea ese encuentro entre Pablito y José, esos jóvenes hermanos que luchan
en bandos contrarios, a los que se lleva por delante los estigmas de las tres
heridas a las que aludía el poeta de Orihuela.
Magistral
David Uclés. «La península de las casas
vacías» es una novela de lectura obligada para aquellos a los que nos
obsesiona el tema de la guerra civil. Ójala dejemos de alimentar de una maldita
vez tantos discursos de odio.
Mª José Vergel Vega

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