lunes, 10 de julio de 2023

La Quema de Torrejoncillo: volver a la alegría.

 

Foto: La Quema de Torrejoncillo. 

Tengo entre manos un libro, absolutamente necesario, de Antonio Muñoz Molina:  Volver a dónde. En él, el autor, da vueltas al tiempo de pandemia, triste y gris, en el que el aplauso de las ocho parecía que iba a cambiar nuestro modo de mirar el mundo. En aquel entonces, que tantos han olvidado ya, parecía que íbamos a dejar de contemplarnos el ombligo, para  mirar a los ojos a nuestros convecinos y preocuparnos por sus sentimientos, por sus alegrías y sus pesares.

Nada más lejos de la realidad. Ha pasado la pandemia y la sensación es que nos hemos vuelto más insensibles, menos humanos. Algunas tenemos la sensación de que estamos instalados en el reino del sálvese quien pueda, en el  reino de las sombras y el averno.

Algunos desalmados, intentan meternos en el redil de un mundo, en el que la zarpa de la censura está dispuesta a cargarse cuantas manifestaciones culturales se salgan de los cánones cavernícolas por los que algunos se rigen.

Frente a la involución, apelo a nuestros sentires más profundos, a esos mimbres que nos hacen llamarnos humanos. Hago una llamada a la celebración  de la Cultura, defendámosla siempre como pilar fundamental de una sociedad democrática y libre.

Este pasado fin de semana hemos demostrado en Torrejoncillo que la Cultura nos une , que son necesarias las manifestaciones culturales para saber qué hemos venido a hacer a este mundo. No hemos venido a luchar cada uno por nuestro lado, sino a abrazar una estrategia conjunta para dotar de esplendor y progreso a los pueblos.

"La Quema de Torrejoncillo" ha convertido Torrejoncillo en una fiesta: la FIESTA DE LA CULTURA.

  • Cultura es celebrar la alegría.
  • Cultura es alimentar la esperanza en la humanidad.
  • Cultura es recuperar lo que somos.
  • Cultura es cogernos de la mano y caminar con paso firme hacia el Futuro.
  • Cultura es zambullirnos en la vida y celebrarla.
  • Cultura es abrazar y aunar afectos.
  • Cultura es llorar juntos para sanar heridas que, a veces, sangran.
  • Cultura es el progreso de los pueblos.
  • Cultura es mirarnos en el otro y comprendernos.
  • Cultura es una plaza abarrotada haciendo presente nuestra historia, lo que un día fuimos y nos ha hecho ser como somos.

Por eso reivindico la necesidad de volver a la alegría, a la dicha de sernos en el otro, hacer nuestros sus proyectos, sus duelos, sus motivos de dicha. Traigamos al presente aquel tiempo de Antonio y Daniela, aquellos días en los que lo que afligía a uno de nuestros convecinos, lo sufríamos en nuestras propias carnes. 

Que el pedazo de tierra que habitamos sea casa sin puertas, zaguán fresco donde sosegarnos, darnos apoyo los unos a los otros, templo sagrado donde celebrar la dicha de volver a ser humanos.

Mª José Vergel Vega


miércoles, 19 de abril de 2023

Mi vida salvaje



 Siempre salgo de las presentaciones de libros de poesía con la misma desazón. Me apena que, lectores y profanos, se pierdan la liturgia de la palabra, esa conexión íntima y mágica de cómo lo que siente el poeta, va haciendo nido en nuestro corazón.

Para sentir esto que digo, hay que probarlo y saborearlo.

Hoy, el poeta Juan Ramón Santos, compartió con nosotros, en nuestra coqueta Biblioteca "Martineta Rohet": "Vida salvaje", un poemario delicioso que nos llevó a aquellos días, más o menos despreocupados, en los que descubríamos el mundo cada cual a su manera. 

La poesía tiene estas cosas, nos hace indagar en nosotros mismos a través de los versos que alguien ha escrito para nosotros, sin ni siquiera saberlo.

Todo el rato, me vinieron los recuerdos, imborrables, de mi propia vida salvaje en el paraíso cercano de Dauseda. 

Pasaron ante mí las mariposas blancas que perseguíamos en busca de buenas noticias. Me vi descalza pisando los charcos al salir de la escuela, corriendo a llevarle el "cacho pan" a mi padre, que labraba entre coplas con aquel caballo sordo.

Y recité las tablas de multiplicar en aquella escuela chiquita de paredes encaladas y ventanales por los que entraba la luz cambiante de las estaciones. Y toqué las manos de mi madre que siempre olían a pan por las mañanas.

Verso a verso, me fui sumergiendo en el libro de la vida de mis abuelas. Aún cada tarde, al ponerse el sol, veo a los portugueses tirar de la cuerda. Hay relatos  que se quedan en una para siempre y nos salvan de los naufragios cotidianos, de un mundo que se me antoja que va demasiado deprisa.

Ante mí pasaron también las noches de verano y la sinfonía de escarabajos entre las hojas de la higuera...

Y tantos y tantos recuerdos que se me agolpan en la memoria.

Los versos, ciertos versos, son como aquella magdalena de Proust, que nos trae el regusto de aquello que formó parte importante- lo sabemos ahora- de nuestra cotidianeidad y que, de manera repentina, se nos hace tan presente.

 Quien lo probó, lo sabe.


Mª José Vergel Vega

jueves, 9 de febrero de 2023

Caligrameando

 


Hoy tuvimos una tarde creativa muy interesante y productiva. Mis niños de Segundo y Tercer Ciclos de Fomento de la Lectura aprendieron lo que es un "Caligrama" y estuvieron practicando.
Para ser la primera vez que lo hacían, no estuvo nada mal.
Os dejo los poemitas visuales que construyeron mis grumetes aprendices de poetas.


Silvia utilizó un corazón para escribir esta propuesta tan divertida: 

Te quiero como una vaca.
¿Cómo?
Muuuuuuuuuucho!


Cayetana dedicó el caligrama a su mamá, y lo hizo de esta manera tan original: 

Mamá,
te quiero como un LOBO.
¿Cómo?
Auuuuuuuuu!


Noel utilizó una bola del mundo que a mí me parece preciosa y original. Escribió un caligrama muy divertido:
Te quiero
como una oveja.
¿Cómo?
Meeeeeechoooooo!


A Laura le salió un caligrama que nos recuerda a una poeta muy querida, nuestra inolvidable Gloria Fuertes: 
Cómo dibujar una niña:
Empezamos con ojos azules
y boca.
Después el  pelo y la nariz
y así...


Inés dedicó su composición a la mujer más importante de su vida. ¿Adivináis quién será?

Yo te quiero
con mi corazón.
Eres la mujer
de mis sueños.
Tú eres
la mejor de todas.


La capitana de estos grumetes quiso aportar su granito de arena. Como podéis comprobar, es un poquito lunática y soñadora.

Señora Luna,
dueña del cielo.
Dame tu luz
y vela mis sueños.
Señora Luna,
dueña del cielo.
¡Cuánto te quiero!

Y colorín, colorado, estos Caligramas, a su fin han llegado.










lunes, 12 de diciembre de 2022

Torrejoncillo en el Siglo XVIII de Antonio Alviz Serrano

 

                                                               Foto de Ricardo Rodrigo

Uno de los eventos culturales más importantes, al menos desde mi punto de vista, es el de la presentación de un libro. Y lo es porque se da ese juego de toma y daca entre autor/lector, pues aunque sea ya un tópico la expresión, la obra de arte no está completa hasta que no la hace suya el receptor de la misma, en este caso nosotros potenciales lectores.


El presentar un libro de Antonio Alviz, al que todos conocemos, se está volviendo ya una costumbre placentera y necesaria. No se me ocurre mejor fecha para presentar esta nueva criatura de nuestro cronista oficial: Torrejoncillo en el Siglo XVIII. Este tiempo de Encamisá, entre otros muchos sentimientos, nos despierta el sentido de identidad y pertenencia a este pueblo tan rico desde tantas vertientes: artesana, folklórica, patrimonial, social, histórica...Identidad y pertenencia a la CULTURA con mayúsculas de este bendito pueblo.


A Antonio Alviz, autor de esta nueva entrega de nuestra historia, tenemos que agradecerle muchas cosas, y aunque él me advirtió que nada de halagos, al César lo que es del César. Antonio ha tenido por oficio el de “profesor de Francés”, por lo que somos muchos los que tenemos que agradecerle que nos enseñara, más allá de la Gramática y otras disciplinas lingüísticas, a amar esa hermosa lengua.


No menos importante es su faceta como amante de la historia y la intrahistoria de su pueblo. Me atrevo a decir que ha dedicado toda su vida a escudriñar en nuestro pasado para descubrirnos la riqueza histórica que alberga Torrejoncillo, historia que fue protagonizada por torrejoncillanos y torrejoncillanas que han ido labrando lo que ahora somos y representamos en nuestra historia presente, porque nosotros tsambién estamos escribiendo la historia de Torrejoncillo. Esto también tenemos que agradecérselo a Antonio de manera muy especial, pues han sido muchos días a solas entre el silencio de los archivos, descifrando legajos, dejándose hablar por lo allí escrito, interpretando, escribiendo, corrigiendo de manera incansable. Antonio sabe que en cada rincón de esos archivos está a salvo lo que un día fuimos, esa identidad y esa pertenencia a las que aludíamos al principio. Solo hay que tener paciencia y entusiasmo e ir a buscarlas.


Que los torrejoncillanos y torrejoncillanas del siglo XXI sepamos hoy los importantes hitos históricos que atesora nuestro pueblo, lo debemos al trabajo infatigable de Antonio.

Son ya varios los trabajos que merecen estar en un lugar especial en nuestras casas. A ellos podemos acudir para no perder de vista la importancia de saber de dónde venimos para emprender con dignidad las bifurcaciones del camino. Tucídides decía muy acertadamente: “La historia es un incesante volver a empezar”.


Entre esas joyas escritas por Antonio Alviz, aunque seguro que todos los presentes las conocéis de sobra, están: En Torrejoncillo con Jenaro Ramos , libro al que tengo un cariño especial, Crónicas de un torreoncillo, Torrejoncillo en el siglo XVI, Torrejoncillo en el siglo XVII y este que hoy nos va a presentar su autor: Torrejoncillo en el siglo XVIII.


Antonio nos trasladará esta noche al Siglo XVIII, un siglo al que las crónicas se refieren como de recuperación y reformas, no en vano es llamado el Siglo de la Ilustración o de las Luces.


En nuestro pueblo es el siglo en el que se gestó la fama que ganaron los paños torrejoncillanos, aunque, como dice la copla, en otros lugares le pusieran más brillo y finura. Los nuestros eran más bastotes, pero tenían un empaque que los hacía durar casi , o sin casi, de por vida.

Es el siglo de la importante labor llevada a cabo en Torrejoncillo por el Hospital Franciscano.

Es el siglo de la aceleración demográfica.

Es el siglo de los conflictos con Coria, refiere al autor que Torrejoncillo no soportaba ser “ pedáneo, aldea, suburbio o socampana” de nadie. Siempre tuvimos, y tenemos,genio y figura.

Es el siglo de las cofradías, nada menos que dieciocho adscritas a la parroquia y ermitas. Una parroquia que terminó por convertirse en este siglo en un templo hermoso, maravilloso. Hoy podemos decir orgullosos que es un BIC con todas las de la ley.


En definitiva, queridos lectores, este Torrejoncillo en el siglo XVIII, encierra hechos históricos y personajes en los que merece la pena detenerse a leer con tranquilidad, saboreando cada capítulo, concediéndonos la licencia de viajar hasta aquel tiempo en el que Torrejoncillo se fue haciendo un lugar importante en la historia de Extremadura y en la de España.


lunes, 25 de abril de 2022

LIBROS, CAMINOS, DÍAS...

 





A veces, solo a veces, las cosas pasan como una se imagina.

Por fin, este 2022, ha sido el año en que hemos podido disfrutar de un Día del Libro que se ha estirado durante seis días intensamente vividos.

La Plaza Mayor y el bonito banco violeta que siempre nos espera a la puerta de la Casa de Cultura de Valdencín, nos sirvieron de escenarios para llevar las palabras, que otros habían escrito para nosotros, a la calle. Es hermoso ver cómo el viento las lleva de unos oidos a otros, y cada uno las va haciendo suyas a su manera.

En nuestro corazón, como un temblor de mariposa o unas cosquillitas de ala de libélula, se han quedado las historias que Margalida Albertí contó para chicos y grandes. Bichos, cuentos tradicionales,mitos, historias de otros tiempos perfumadas de tomillo y espliego y la eterna sonrisa de mamá Pepa que sabe mucho de lo narrado.

He de confesar que fue emocionante compartir tablas con los niños que leyeron y mostraron orgullosos sus relatos ganadores. La magia se palpa en un escenario lleno de niños. Todo lo impregna su frescura, esos nervios que les asoman a los ojos en forma de sonrisa, las manos temblorosas al coger el papel, la voz que, de repente, se va quedando muda hasta que de nuevo remonta y cascabelea en nuestros oídos.

Desde estas lineas quiero pedir disculpas por no haber estado con los niños y niñas de Valdencín y haber disfrutado con sus relatos. El ajetreo de estos días me pasó puntualmente factura y me impidió acudir a esta importante cita. A veces, solo a veces, una quiere y no puede.

Cecilia Bruno, educadora social comprometida profundamente con su profesión, llegó como el ángel que es, acompañada de un ser entrañable, su “Tía Esther”, a la que los usuarios del Centro de Día “María Libertad” no hacían más que gritarle “guapa, guapa”. Ambas hicieron que afloraran poemas y recuerdos. Ciertamente, como recalcaron estas dos mujeres hermosas, el libro más importante es el que escribimos cada uno con nuestra propia vida; es aquel que cuando la memoria se nos muestre cansada, ahí estarán otros para recordar lo vivido. La vida, el existir, ha de ser un camino compartido.

Con pan y vino se anda el camino”, dice un refrán castellano. En este caso, fue un aromático café y unos dulces hechos con manos amorosas, las de la Asociación Amas de Casa, los que acompañaron nuestra lectura en la Biblioteca Municipal. No hay nada como compartir viandas y lecturas en torno a una mesa. Que la palabra nos acompañe y nos guíe, que ella sea faro que nos alumbre en las zozobras cotidianas.

Un “Día del Libro” como mandan los cánones ha de tener, por fuerza, la presentación de alguna nueva criatura literaria. En esta ocasión, “El guardián del Prado”, vino de la mano de Juan Carlos Rivas, torrejoncillano de corazón afincado en Coria. Su presentación fue un alegato de amor hacia nuestro pueblo y sus gentes. Los allí convocados nos fuimos con su libro bajo el brazo, dispuestos a sumergirnos en una historia sobre mueseos, cuadros robados y el eco de la Guerra Civil latiendo entre sus páginas. Tan embebida estaba una en las palabras de Juan Carlos, que casi se me olvida entregarle el obsequio que ofrecemos a cuantos, altruistamente, pasan por nuestra Casa de Cultura:barro y dulces , esencia de lo que fuimos, somos y seremos en este bendito pueblo moldeado por las manos de los artesanos.

Y, como no podía ser de otra manera, pues aquí somos teatreros hasta decir basta, culminamos esta Semana del Libro 2022, con una comedia de enredos con música en directo: “El juego de los embustes”. Pese a ser vísperas de romería, hubo quien se acercó a disfrutar de cuatro alocados cómicos que tan pronto eran lo que decían ser, como dejaban de serlo y eran otra cosa. Merece extraordinariamente la pena acudir al teatro para que la cabeza se te llene de una algarabía de pájaros trinando aquí y allá.

Y presidiendo todos los actos, como embajadora de bienvenida a todos cuantos han querido acercarse por nuestra Casa de Cultura a disfrutar de esta semana llena de emociones, una exposición que nos ha envuelto en el halo misterioso del romanticismo a través de los evocadores versos de Carolina Coronado, a los que tan bien se adaptan los dibujos de Borja González y Alejo Bueno. Gracias al Plan de Fomento de la Lectura de Extremadura por convertir nuestro hall en una sala de exposiciones abierta de manera gratuita a cuantos tengan a bien visitarla.

Gracias emocionadas a los que habéis hecho posible esta Semana del Libro que, sin duda, quedará allí donde cada cual guarde las cosas del querer.

Mª José Vergel Vega

jueves, 7 de abril de 2022

Pétalos, pétulos

 



A mis niños de 4 años les encanta rimar. Para celebrar el Día de la Poesía compuse este poema usando las aportaciones de los alumnos. Isabel, Leo, Zoe y Alejandro son unos poetas natos. Fue Alejandro, muy apañado él, quien puso el título: "Pétalos , pétulos".



Un poema de colores

nos ayuda a ser mejores.

En mi precioso jardín,

las flores salen sin fin.


¡Verde, que te quiero verde,

el que no rime, pierde!


Pétalos, pétulos traemos

que de rimas llenaremos.

De color rosa, ella se posa:

aquí esta la mariposa.


¡Verde, que te quiero verde,

el que no rime, pierde!


Morado llega con el viento,

he aquí Don Pensamiento.

¡No queremos flores negras,

nos recuerdan a la guerra!


¡Verde, que te quiero verde,

el que no rime , pierde!


El ratoncillo Pepillo

se pirra por el amarillo.

¡Sube pronto al naranjel,

no tardes mucho, Isabel!


¡Verde, que te quiero verde,

el que no rime, pierde!


¡Pintemos el cielo azul

como un vestido de tul!

Dibuja una nube blanca,

justo encima de la granja.


¡Verde, que te quiero verde,

el que no rime, pierde!


Aleja el gris de la tristeza,

¡sonríe, no te de pereza!

Pétalos, pétulos trajimos,

mucha rimas escribimos.


¡Verde, que te quiero verde,

el que no rime, pierde!


Mª José Vergel Vega



martes, 8 de marzo de 2022

Soy mujer (Manifiesto 8M)




Un año más volvemos a salir a la calle para reivindicar, para seguir incidiendo en la lucha por el más importante de nuestros derechos: ser libres e iguales, sin brecha de género.

Las mujeres no serán iguales fuera del hogar mientras los hombres no sean iguales dentro de él”. Importante reflexión que nos dejó hace tiempo la activista del femimismo Gloria Steiman. Reflexión que no puede ser más cierta, porque mientras no haya igualdad en nuestros hogares, no la habrá de puertas para afuera. Todas y todos deberíamos compartir esta obviedad, pues nos pondría en el camino hacia la igualdad real.

Salimos a la calle para sembrar palabras de esperanza, para repetirnos hasta el hartazgo que querer es poder, para visibilizar que somos parte importante del mundo, para rasgar el oprobio al que se nos ha sometido durante siglos.

Soy mujer y grito, exijo mi presencia en los asuntos del mundo.

Soy mujer y lo que pienso, cuenta. Soy mujer y lo que hago, puede cambiar el mundo.

Soy mujer y no tengo miedo a trastocar el girar del universo, si con ello estoy contribuyendo a construir un mundo más justo, más digno, más habitable, más humano.

Soy mujer y soy marea, porque guardo en mí a todas y cada una de las mujeres. Una y todas en dulce y necesaria armonía de sororidad.

Soy mujer y defiendo la dignidad de los trabajos invisibles. Defiendo las manos de quienes se olvidan de sí mismas y se dan como un regalo a los demás.

Soy mujer y me atrevo a denunciar la violencia machista. Rechazo las manos de quienes son heraldos de muerte y de sombra.

Soy mujer y denuncio que siete de cada diez empleos a tiempo parcial tengan rostro femenino, que no exista aún un reparto de tareas equitativas en muchos hogares y en muchas familias, que no se haga lo suficiente para romper el techo de cristal y favorecer el liderazgo de las mujeres en la toma de decisiones.

Soy mujer y me duele el horror de la guerra, el que están sufriendo muchas de mis hermanas en Afganistán, Yemen, Corea del Norte, Venezuela, Siria, Palestina, Ucrania. Vuestro dolor es mi dolor.

Soy mujer y me sumo al lema de Naciones Unidas: “Igualdad de género hoy para un mañana sostenible”, y solicito la cooperación entre hombres y mujeres para construir una sociedad mejor.

Soy mujer y os invito a creer en el feminismo, a no olvidar a las que sufren, a las que se creen solas ante el dolor.

Soy mujer y sé que soy capaz de romper cadenas.

Soy mujer y soy fuerte, porque estoy hecha de retazos de esperanza y libertad.

M.ª José Vergel Vega

Torrejoncillo 8 de Marzo de 2022






viernes, 4 de febrero de 2022

Cosas que detesto

 



Detesto la luz cuando me invade la tristeza.

Detesto el grito si me abraza el silencio.

Detesto los ojos que miran sin verme.

Detesto los labios que besan como escarcha.

Detesto la vida cuando no es verdadera.

Detesto las manos que aprietan como garras.

Detesto soñar cuando no estoy despierta.

Detesto darme por vencida sin presentar batalla.

Detesto las frases hechas, la palmada en la espalda.

Detesto olvidar el lugar de donde vengo.

Detesto tropezar, perder el norte.

Detesto la rabia asomada a los labios,

las palabras que no pasan por el corazón,

la miel perdida de los recuerdos.

Detesto meter la vida en la maleta.

Detesto los trenes que no esperan.

Detesto las estaciones cerradas,

el mundo que gira a su manera.

Detesto olvidar los nombres

de quienes cayeron por el camino.

Detesto las flores en las cunetas,

el insoportable barranco del olvido.


Detesto no ser yo cuando me detesto.

Mª José Vergel Vega



domingo, 25 de abril de 2021

Me atreveré a decir vuestros nombres

 


Llegó el cantor con los versos enredados entre las cuerdas de su guitarra, dejándonos un temblor de agua en la mirada. Quiso haceros visibles para traeros de vuelta hasta este presente que es el vuestro.

Maruja, Margarita, Ángeles, Rosario, María, María Teresa, Rosa, Concha, Josefina, Ernestina, Marga, Ángela...nuestros labios os nombran para regresaros al ahora, para que sigáis caminando al lado de nuestros sueños. Vuestra lucha continúa en la nuestra.

Juntas derribaremos los muros que nos impiden vislumbrar un horizonte lleno de luz, de vida plena y digna.

Reivindicaremos vuestra manera de ser y estar en el mundo, que ha de ser la nuestra. Vuestras manos de mujer serán una entre nuestras manos; esas manos siempre ocupadas, yendo de unos asuntos a otros, como mariposas nerviosas que el viento trae y lleva sin tregua.

Pronunciaremos una a una las letras de vuestros nombres, para reclamar la falta que nos hace vuestro legado. Seguiremos quitándonos el sombrero, abrazando la irreverencia de caminar contra corriente.

Queridas Sin Sombrero, cuánta falta nos hacen vuestros versos para llenar de sensibilidad y fuerza el caminar de cada día.

Sin duda, éste ha sido un 23 de Abril muy especial: despertar la memoria y hacer presentes a aquellas mujeres valientes que se empeñaron en hacernos libres . No nos cansaremos de repetir vuestros nombres , de echarlos a volar como mariposas que baten las alas del sentimiento.

Gracias, querido cantor , por derramar sobre nosotros esa lluvia de necesarios versos, capaces de curar las heridas del ostracismo y la indiferencia. Gracias por hacernos saber que las manos de las mujeres también escriben versos que labran los caminos de la esperanza, versos que abrasan, que nos remueven y nos ponen en guardia, que constatan la fuerza que nos imprime el haber nacido mujeres.

Nací mujer. Soy libre, valiente, dueña de mis actos. Soy mujer y guardo en la rebotica del corazón un buen manojo de sonrisas de recambio para cuando las fuerzas me flaqueen. Soy mujer y danzaré sobre los prejuicios que me impiden avanzar. Nací mujer y con vosotras lanzo al viento mi sombrero, porque ser mujer no ha de significar otra cosa que ser libre.

Mª José Vergel Vega



martes, 19 de enero de 2021

Hoy me muero por volver

Federico eterno. Madrid , enero de 2020

 

Un día precioso el de ayer bajo el cielo de Madrid. La lluvia volvió a ser estación de reencuentro, esta vez con la familia del teatro.

De buena mañana, Angelita, una de las voluntarias del Real, nos mostró las entrañas de este emblemático teatro. Más de uno se vio ensayando en aquellas salas inmensas y pisando un escenario con tanto renombre.

Seguimos por San Ginés, degustando con deleite un chocolate artesano con unas porras que quitaban el sentío.

Repuestas las fuerzas, caminamos Madrid bajo la llovizna, demorando los pasos para saborear los recovecos del camino.

Fue un día de arte callejero: el buen hacer de Moe el tubero que nos llevó a través de los entresijos de sus tuberías musicales hasta el último mohicano. Un chico de mirada dulce, nos puso un temblor en la mismísima puerta del alma, dejándonos rendidos y desarmados ante su Granada. El llanto de los violines ,amansando la lluvia, puso banda sonora a la mañana.

Día también de experiencias" surrealistas", que mis compañeros de paseo no me dejarán contar. Dicen que lo que pasa en el teatro en el teatro se queda.

La tarde condujo nuestros pasos hacia una ruta literaria guiada por el maestro de ceremonias, Pedro Luis López Bellot, que nos llevó por el Madrid de Max Estrella donde cenó con el poeta Rubén Darío. De aquella esperpéntica cena sólo queda hoy, como recalcó con cierta sorna nuestro guía, la manzana de Apple, con un mordisco, apostilló uno de sus alumnos. Pudimos descubrir lo que de cóncavo y convexo tienen nuestra vidas reflejadas en el callejón del Gato. Paseo tan especial sólo podía terminar a las puertas del Teatro Español, donde nos consolaron las lágrimas de Federico bajo la lluvia. Federico herido, muerto de amor, ofreciéndonos eternamente su corazón de niño y la paz que soñó entre las manos.

Y paso a paso, con la lluvia como compañera, llegamos al Kamikaze para poner fin a un día teatral de principio a fin, disfrutando de teatro de calidad: Jauría, de Jordi Casanovas, dirigida por Miguel del Arco. Se trata de una obra gestada a partir del juicio a la Manada. Un montaje con una calidad enorme en todos los aspectos. Unos actores espectaculares que manejaron magistralmente todos los registros. Consiguieron que en la sala contuviéramos la respiración. Teatro que da voz a las víctimas y abre en canal a los verdugos, mostrándolos tal cual son.

Y cayó el telón. Seguramente afuera seguiría lloviendo. Me se sentí abrigada por el abrazo que sus compañeros le dieron a María Hervás, la actriz que asumió en sí todo el dolor y la incomprensión de la víctima de unos malnacidos. ¡YO SÍ TE CREO, TODOS LOS QUE ALLÍ NOS CONGREGAMOS TE CREEMOS! No habrá paz para los que no quieren entender que NO ES NO. Jauría: teatro que remueve las tripas y no deja indiferente.

Gracias Pedro Luis López Bellot y familia del Teatro, por invitarme a esta bonita experiencia.

La lluvia de Enero, de cuando en vez, cae y nos bendice. Hoy, como diría el cantor, me muero por volver.

Mª José Vergel Vega. Madrid, enero de 2020.