viernes, 17 de enero de 2025

A GARCILASO, DE UNA DAMA

 A la dama protagonista de este soneto, el "Carpe Diem" y las recomendaciones de Garcilaso, la traen absolutamente sin cuidado.

Aviso a navegantes que este soneto es un mero divertimento en el que se revisa dicho tópico. No sé si la arruga es bella, porque no lo tengo del todo claro, pero lo que sí sé, es que es reflejo y memoria de lo vivido.



Hoy me senté delante del espejo,

de rosa y azucena mi color

mudado, contemplé en el reflejo,

cual pétalos ajados de una flor.

 

Me gustan mis arrugas sin complejos,

en ellas se refleja mi dolor:

una mujer madura que consejo,

valiente no tomó de su señor.

 

No seguí las medidas de su alma,

dictómelas juicioso el albedrío.

Yo sola decidí la libertad

 

de caminar segura hacia la calma,

dejando en el pasado el desvarío,

de ciega obedecer su voluntad.

Mª José Vergel Vega

viernes, 10 de enero de 2025

Cachinos de ilusión

 Echo hoy de menos aquel tiempo en el que no era tan asfixiante el influjo de las pantallas, la dichosa IA que terminará por absorber lo que a este mundo le queda de humano, las Alexas, las Siris, los chats del demonio que lo mismo te escriben un discurso que te montan una novela...Miedo me da de todo esto.

Con estas reflexiones de hace algunos cursos, y que os dejo a continuación, quiero reivindicar el placer de abrir sobre la alfombra de los cuentos, esas historias llenas de sentir verdadero que nos hacen imaginar otros mundos y vivir otras vidas. 




A este mes de Octubre, reino del Señor Otoño, lo hemos nombrado, el “mes de las hadas”.

A veces, mis chicos se ponen un tanto perezosos, y les da por esconderse como duendes debajo de las setas.

Seño, ¿si me duermo, no leo?

Venga, va, pero escucha el cuento que así dormirás más feliz.

Sergio nunca dice que no a una buena lectura. Después de buenas dosis de Gerónimo Stilton, ahora dice que está probando con Sherlock Holmes.

Isabel es un poquito despistada y no se acuerda ─me dice, sonrojándose─ del último libro que ha leído.

Elena es más de Kika Superbruja. Su hermano Candy dice de ella que está directamente en la “edad de la pava”. Y algo de eso hay porque se ríe todo el rato, como en un anuncio de dentífrico.

Noelia sigue poniendo en clase tranquilidad y dulzura. Recuerda con entusiasmo cada lectura que ha hecho en verano.

Cristina ríe con los ojos y dice con toda sinceridad que a ella leer, pues bueno…ahí va.

Como cada tarde, los pequeños me echaron encima un abrazo grandote, liderados por el cabecilla de Alberto, que es para comérselo.

Carlitos, al que tanto le costaba hablar el curso anterior, habla ahora por los codos. ¡Qué alegría!

A la hora del cuento, como no podía ser de otra manera, Alberto se sentó junto a mí y recostó su cabecita inquieta en mi brazo.

─¡Colorear, no, que estamos cansados!

Hay que reivindicarse desde pequeños, para que de mayores nadie trate de llevarnos por el camino que no queremos.

─¡Pues no coloreamos!

Decido que fabricaremos un avión o un barquito para ir a buscar a Biblonio, allá lejos, lejos, al país de Biblionia, el lugar donde habitan las historias.

Hugo prefirió llegar en barco, seguro que si lo ponía esa noche en su bañera, muy pronto encontraría al duendecillo que nos deja los cuentos en la Caja Roja.

Biblonio, tráenos tu Caja Roja y muchos cuentos. ¡Te queremos!

Ese es el mensaje que dejamos colgado en el árbol del patio. A ver qué pasa.

Mientras tanto, Alberto dijo que se sentía un tanto abrumado por el amor que le profesaba Yadira.

─¡Ay, Seño, dile a esta que no me quiera tanto! ¡Mira que tengo novia, no me comprometas!

Y Yadira le sigue sonriendo con una inocencia pícara: ─¡Si solo te estoy dando un besito!

Hay tardes en las que Nico me abraza fuerte y me dice  un ayquetequiero que no tiene precio.

Biblonio, nadie sabe cómo, ha dejado su Caja Roja repleta de cosas del Hada Acaramelada. La encontró Elena, una niña del grupo de los mayores a la que le encantan los pequeños. ¡Creen todo cuanto les dice, hasta que se alimenta de papel!

Alberto dio un mordisquito a la varita del Hada del puesto de pipas y caramelos, para comprobar si no era mala idea alimentarse de papel como Elena.

Aquella tarde en la que Biblonio nos dejó en su caja el cuento de “La isla de las hadas”, a la que viajan los niños que son buenos y se duermen cada noche después del cuento, Alberto reía con los ojitos entornados.

─¡Cómo me gustaría que alguna noche me llevaran hasta allí!

─¿Y no echarías de menos a tus papás?─preguntó Yadira.

─Bueno, sí, un poquito. Pero uno tiene que ser valiente y atreverse a vivir las historias mágicas de las que hablan los cuentos.

 

 

Sucedió una tarde cualquiera de lunes. De lo más pequeño surge un instante sublime de felicidad. Los libros suelen propiciar muchos de esos pequeños-grandes momentos.

¡Bendito Rodari que nos dejó tantas historias para jugar!

Hoy en clase jugamos con la historia de “El hombrecillo de nada” (Cuentos por teléfono de G. Rodari). Les propuse a mis aprendices de escritores, inventar una historia sobre “El hombrecillo de algo”.

Salió de su manos un buen puñado de hermosas historias. Más a menudo de lo que pensamos, los libros nos asoman al balcón de la felicidad.

Sigo dando gracias a la vida por inundarme de historias y dejarme trabajar con niños.

Os dejo “El hombrecillo de algo” que escribió Andrés Domínguez.

Había una vez un hombrecillo de algo, que iba cada día por un camino de algo, con unas ánforas repletas de comida de algo, que llevaba al mercado de algo para conseguir dinero de algo.

Un día, el hombrecillo de algo vendió toda su comida de algo a un mercader de algo que le dio muchas monedas de algo. Con ellas se compró una buena casa de algo, pero como no tenía comida de algo no podía alimentarse y rompió a llorar lágrimas de algo.

El hombrecillo de algo se dijo que nunca más sería tan insensato como aquella vez que vendió toda su comida de algo y tuvo que buscar comida de algo suficiente durante mucho, pero que mucho tiempo de algo.

martes, 7 de enero de 2025

Regalos envenenados

 

Imagen perteneciente al libro "El miedo" de María Hesse.

Dijo que me regalaba su corazón y muchos días de lluvia.

Aquí estoy, medio anegada, intentando descifrar el enigma.

Mª José Vergel Vega

jueves, 28 de noviembre de 2024

MARTINA Y MARTÍN

 



En estas dos últimas semanas de Noviembre hemos trabajado en clase dos días internacionales muy importantes: el Día de los  Derechos de la Infancia y el Día Contra la Violencia de Género.

Hay muchos niños y niñas en el mundo que aún no saben qué es eso de tener derechos. Jamás han tenido la suerte de que los traten como niños, las terribles circunstancias en las que malviven los ha hecho madurar antes de tiempo. A través de estas líneas, queremos recordar a tantos niños y niñas que pasan su infancia en territorios en guerra, a los que ni siquiera tienen un lugar en el que vivir, a los que cada día no tienen sus necesidades básicas cubiertas, a los que no dejamos echar raíces tan importantes para disfrutar de una vida digna, a los que soportan en sus pequeñas espaldas todo el dolor del mundo.

En clase de Fomento de la Lectura hemos trabajado el «Derecho a la propia identidad», la capacidad que tenemos todos desde niños a tener un nombre  y  a la afirmación de ser uno y una mismos.

Cada niño y cada niña debe poder ser como quiera ser y a ser aceptados sin ningún tipo de condición o prejuicio.

En la alfombra de los cuentos desplegamos las velas de dos historias hermosas de Raquel Díaz Reguera, que aún nos siguen abrigando el corazón: Yo voy conmigo y Yo soy.

Se trata de dos relatos que encierran las historias de dos niños a los que la sociedad que los rodea se cree con derecho a poner coto a cómo visten, a cómo ríen, a cómo piensan, a cómo quieren, a cómo hablan, a cómo guardan silencio, a cómo son en definitiva.

Martín y Martina (la bautizamos así, porque en el cuento no tiene nombre) son dos niños a los que les pica la nariz y las rodillas se les ponen tontas cuando están cerca el uno del otro.

Las convenciones sociales les hacen pensar que si se van despojando de lo que les caracteriza, conquistarán la amistad y el beneplácito del otro.

Martina va abandonando sus coletas, sus gafas de ver el mundo de una manera especial, su sonrisa quitapenas, las canciones que tararea a cada instante, las pecas que la hacen única, las palabras que continuamente salen de su boca, sus alas de libélula que la llevan en pos de sus sueños…

A medida que va dejando atrás su esencia, eso que la hace única, los pájaros que pueblan su cabeza salen en desbandada y terminan enjaulados.

¡Martín la mira por fin!, pero a ella no le gusta la versión en la que se ha convertido. Todo lo que ha dejado atrás era lo que la hacía llamarse Martina, esa niña alegre y parlanchina que tenía tan claro lo que la hacía feliz. Martina comprende que lo fundamental es quererse a sí misma tal y como a ella le gusta ser. No para hasta hacer regresar a los pájaros que anidaban en su cabeza y pregonar a los cuatro vientos que le gusta ser como es, y a quien no le guste que mire para otro lado como dice Alma. Ella es Martina, niña hecha de sueños, de alas que vuelan libres y que podrá conquistar aquello que se proponga.

Mis niños dicen que a Martín le pasa lo mismo, pero al contrario. Les llamó la atención que Martina se quitaba y Martín se ponía.

Martín se muere por cada una de las cosas que hacen única a Martina, pero esto no lo puede decir porque tiraría por la borda ser el más popular del colegio. Los “popus” son tipos duros, que se peinan como los futbolistas famosos, llevan gafas oscuras, escuchan los hits de moda, visten ropa de marca…

Martín lleva una mochila tan cargada de convencionalismos, que a penas puede levantar los pies del suelo. Llega un momento en que se mira al espejo y no se reconoce. ¿Qué es lo que me hace estar tan triste? se pregunta:
«Yo soy Martín, ni más ni menos, y debo caminar a mi manera»

Martín, al igual que Martina, comprende que debe mostrarse a los demás con valentía, siendo como le gusta ser, no como los demás le dicen que sea. Cuando se da cuenta de esto, al igual que Martina, comienza a escuchar el revoloteo de los pájaros de su cabeza y ¿sábeis qué? …

Pues que a él también le crecen alas, las alas de ir libre por el mundo. Martín y Martina van consigo mismos sin importarles lo que piensen los demás.

Si nos queremos y nos respetamos a nosotros mismos, estamos en el camino de recrear un mundo más justo, más humano, más igualitario, en el que no tengan cabida las faltas de respeto, el daño gratuito, la violencia de los verdugos sobre aquellos a los que se les niega una mínima dignidad.

¿Y tú? ¿Te has preguntado alguna vez si vas contigo?

Mª José Vergel Vega

martes, 19 de noviembre de 2024

VULCANO

 




No sabría decir cuál fue el  motivo  que terminó por desatar mi cólera. Hasta entonces, mi vida había transcurrido con la tranquilidad marmórea de la piedra. Nunca cuestioné el orden establecido, asumí el  papel que me correspondió en el mundo de los dioses, como se esperaba de mi condición. Para que todo funcione, cada cual debe representar su papel. Me lo repetía como un mantra entre golpe y golpe en el yunque.

  Mi cometido era dar forma a armas y armaduras que ofrecía a dioses y héroes para garantizar que la vida transcurriera sin sobresaltos, o al menos con los propios de la existencia, tan compleja y difícil . Y así un día y otro día...hasta que   llega ese instante en que la quemazón que llevas por dentro estalla y no hay puertas que la detengan. De nada habían servido mis desvelos para conservar el orden en el mundo, en vano me esforcé por que me respetaran, a mí que me llamaban el mago, el dios capaz de ablandar los metales.

 Hasta entonces  siempre había obedecido las leyes de mis ancestros. Fui el hijo biencriado que siempre hizo lo que se esperaba  de él: dejar vivir en paz a todas las criaturas, ser condescendiente con ellas, ser el guardián de lo que la tierra guardaba en sus entrañas.

 Tras una  eternidad siendo ninguneado, de pronto un día  un caballo desbocado   galopó por mis entrañas y fue el  grito incontrolable de mi estirpe quien  rasgó la tierra que  me sepultaba.

 Me cansé  de seguir la senda que me marcaron y decidí burlar los designios del destino. Un latido titánico fue aumentando, me iba revistiendo de una fuerza que me resultaba difícil sujetar. Me harté de estar encerrado, de mi vida de topo, ciego ante el mundo y los hombres. Me cansé de vivir aislado, recubierto de una amarga cáscara de soledad y olvido. Quise volar libre como los pájaros,aquellos alados seres  que   me pasaba las horas muertas adivinando sus cantos. Abrazar la libertad de ser pájaro sería   como romper las cadenas que me ataban desde el principio de los tiempos a lo más profundo de la tierra. Deseé ser río que atravesara valles frondosos hasta llegar a mezclarme con el mar . Quería conocer los secretos con olor a brea que dicen que atesoran   los viejos marinos, embadurnarme de sal, curarme los naufragios.

La rabia me fue habitando, me quemaba la garganta. Era como si una hidra de siete cabezas me estuviera ahogando. Aquel día, justo en el que los dioses descansaron, a mí se me colmó la paciencia y me convertí en pájaro de fuego, en río candente. Dejé libre mi lengua de lumbre y  calenté  la tierra porque ninguna criatura puede ser ninguneada eternamente.

Soy consciente de la destrucción que esta ira incontrolable ha ido provocando. A mi paso he destruido casas, tierras y vidas. Provoqué lágrimas y vi cómo mirábais al cielo pidiendo clemencia. Yo también clamé al cielo, pero no me escucharon. Nunca escucharon los de arriba a los dioses del inframundo. Les pedí que aplacaran mi ira, nunca fue  intención sembrar la destrucción. Solo quise unas migajas de reconocimiento, un gracias a tí el mundo está mejor hecho.

Creedme, quisiera que esta furia que me llena se detuviese, que parase este llanto candente que asola vuestra tierra y la mía, pero he aquí mi castigo, ser condenado a llorar eternamente  lágrimas de fuego desde las entrañas de la Tierra.

 

Mª José Vergel Vega

 

 

 

 

jueves, 26 de septiembre de 2024

La sombra de Peter Pan

 




Acababa de dormirme y allí estaba él, en medio de un sueño, pidiéndome que le diera unas puntadas a su descosida sombra. Le dije que cómo se le ocurría, que las chicas no estamos en este mundo para ir por ahí remendando sombras de nadie.

Por la forma en que me abordó, me di cuenta de que Peter seguía siendo un mocoso sin escrúpulos y que no había aprendido nada de nada; y en su misma cara le dije que me daba vergüenza confesar que un día me había dado de tortas con Wendy por él.

Le solté que era un panoli, que conmigo no le funcionarían las amenazas, y que, o se remendaba su sombra con sus propias manos, o pregonaba a los cuatro vientos por qué no había crecido nunca y seguía siendo un niño consentido y maleducado. Todo el mundo se enteraría que lo desterraron a Nunca Jamás porque pretendía que Wendy estuviese todo el santo día hecha una esclava, aguantando sus aires de machote.

-¡Mira, Peter, si quieres tu sombra, cósetela y madura, guapo, madura de una buena vez!

Mª José Vergel Vega
Relato publicado en 2009 en Matarratos Vía Igualdad

martes, 9 de abril de 2024

Abrazar la mansedumbre

 



Tengo en mis manos una reedición de 2019  de La princesa manca de Gustavo Martín Garzo, en editorial Kalandraka. Una auténtica joya.

La princesa manca tiene el regusto de los cuentos de antaño, contados al calor de la lumbre. Es de esos cuentos que una parece encontrar en un alto del camino en una reunión de pastores  ,refugiados al calor de las brasas en una noche fría de invierno, en la que lo que se cuenta, abriga y reconforta.

Fuego e historias, ingredientes perfectos para calentar el espíritu.

Gustavo Martín Garzo, autor de esta delicadeza de cuento, es un contador de historias a la antigua usanza. Lo narrado parece sembrado con  manos delicadas, hilado y cosido en el mandil de las abuelas, donde cabe lo mucho y lo poco. Las abuelas, las mejores contadoras desde que el mundo es mundo.

La sorpresa, el encantamiento, el asombro, el volver a ser infantes, está a solo un pase de página.

Queremos más, que nos cuente más, que la historia que se hace otras historias, no se detenga. La noche es larga y las palabras del contador brotan del manantial sereno de los sueños. Primero es un hilito, pero poco a poco, si sabemos darle el tiempo necesario, la historia se va haciendo río y el río se va haciendo cada vez más caudaloso hasta alcanzar el mar, donde desembocan todos los cuentos.

Los cuentos de Martín Garzo son como casas solariegas en las que recalar buscando sosiego. En ellos las palabras se cocinan a fuego lento, removiendo con la cuchara de palo, dando las vueltas necesarias para que el guiso final nos aproveche y nos reconforte: “sólo en su mansedumbre se guardaba el secreto del paraíso”. La mansedumbre como la mejor manera posible de transitar esta vida.

Una no puede entrar en las historias de Martín Garzo sin poner a punto la imaginación, sin volver de nuevo al reino de la inocencia donde conviven en amor y compaña animales, hombres, criaturas extrañas, una naturaleza madre que nos guía y nos salva de los peligros, el bosque como criatura poseedora de todos los secretos. Emboscarse para sanar: “Aunque existieran la pobreza, las ofensas, los fracasos, nadie lograría extinguir jamás esa luz que  les llegaba del misterioso bosque, revelándoles lo simples y verdaderas que podían ser las cosas”.

La princesa manca, y otros cuentos de Martín Garzo, son percibidos por los cinco sentidos. Sólo así podemos entenderlos, disfrutarlos y sanarnos. Nuestra existencia viene dada por la aceptación  del ciclo reiterativo entre la vida y la muerte. El autor nos muestra el verdadero ritmo de la vida, que no es otro que la pausa, el transitar tranquilo, el dejarse mecer en los hilos de las horas. Hay un tiempo para “encontrarnos con las cosas, y otro para despedirnos de ellas”. Y esto es así de sagrado.

A la usanza de los antiguos juglares, cuenta directamente al corazón. Lo narrado no parece escrito, sino dicho por labios expertos en pregonar historias.

La vida es un camino lleno de pruebas y sorpresas. En ella el dolor da paso a una felicidad más o menos efímera, y de ésta al sufrimiento media un suspiro. Cuanto antes lo aceptemos, más disfrutaremos del tiempo de vida que nos ha sido asignado. Y esto nos lo enseña como nadie este filósofo contador de historias que es Martín Garzo.

Contar para asombrarnos del milagro que es la vida.

Mª José Vergel Vega

domingo, 7 de abril de 2024

A la vida pirata.

Foto de la portada de "El pirata pata de lata".



 Buscando en el baúl de los versos, encontré unos poemitas que escribí hace algunos cursos para animar a leer y escribir a mis grumetes aprendices de escritores.

No tienen mayor pretensión que el divertimento y la animación a navegar en el mar de los libros.


EL PIRATA DEL OTOÑO


Resulta un poco gazmoño

el pirata del Otoño.

Duerme sobre una seta

y pasea en bicicleta.

No lleva parche en el ojo

porque tiene sus antojos..

No lleva pata de palo,

ni es un pirata malo.

Es amigo de los duendes

y con ellos bien se entiende.

No hay en el mundo un pirata

que tanto meta la pata.

¡Que es un poco gazmoño

el Pirata del Otoño!


CRISTÓBAL , “EL PIRATA ENAMORADO”


Cristóbal , de pequeño, 

jugaba a ser marinero.

En una hoja de papel

dibujó un barco velero. 

¡Yo quiero surcar los mares,

yo quiero ser bucanero;

yo no quiero cien cañones,

ni quiero uniforme nuevo!

¡Yo quiero ver las estrellas,

yo quiero mirar al cielo,

y mostrarle a los Mares

mi corazón tan tierno!

Y con el paso del tiempo,

Cristóbal fue creciendo,

y , por cosas de la vida,

se hizo pirata bueno.

Puso un corazón por vela

y al mar echó su velero;

con los cañones, Cristóbal,

sólo disparaba versos.


Mª José Vergel Vega


miércoles, 3 de abril de 2024

Las manos vacías, una historia necesaria de Rosa López Casero.

 


Conozco a Rosa desde hace muchos años y me cabe el inmenso honor de haber presentado con ella alguna de sus criaturas. Guardo como un tesoro aquella presentación entrañable de Últimos días con Fernando en Madrigalejo.

Las manos vacías es una historia escrita de manera sencilla, pero también de manera sublime porque Rosa maneja como nadie los tiempos de la novela.

Los libros de Rosa siempre encuentran su cachino en el alma de quien los lee, y esto es así porque cuentan historias humanas, sencillas. Nos ofrecen refugios a los que entrar confiados y vivir otras vidas, dejando de lado los cambalaches de la nuestra por unos instantes. No hay mejor refugio que una historia bien contada.

En Las manos vacías, Rosa cambia un tanto el tono de sus novelas históricas, género del que es una auténtica maestra, para recalar en los sucesos cotidianos de la intrahistoria. Esa intrahistoria tan importante porque cuenta las pequeñas cosas de la vida. Decía a este propósito Miguel de Unamuno:

Esa vida intrahistórica, silenciosa y continua como el fondo mismo del mar, es la sustancia del progreso, la verdadera tradición, la tradición eterna, no la tradición mentida que se suele ir a buscar al pasado enterrado en libros y papeles y monumentos y piedras”.

La intrahistoria es una historia pequeñita que teje la gran historia. Esa es la historia que nos cuenta la niña Argeme, la historia de un éxodo como el de tantos extremeños y extremeñas de aquellos años tan duros de la primera posguerra, aquellos años del hambre.

La historia de gentes que cogía los cuatro bártulos y traqueteaba en vagones de tercera hasta llegar a una capital de la que esperaban sustento y esperanza para sus familias y en muchas ocasiones era un monstruo que las engullía. Gentes oscuras a las que la vida les negaba la alegría. Porque la vida era dura y más aún para las mujeres.

Era un tiempo de sabañones, de pilas de ropa que lavar en las frías aguas del río con las manos ateridas. Y aún así, en medio de tanta miseria y cansancio infinitos, la boca se les endulzaba con versos y coplas.

Era un tiempo de seriales radiofónicos que hacían olvidar el pan negro, las cartillas de racionamiento, el estraperlo, el brazo en alto, el no salirse del redil, las rodillas descarnadas de tantas escaleras fregadas. Tiempo de costura en un patio de vecinas en torno a la radio, de repasar las cuentas de un rosario para rezar por el fin del miedo, de arropar las miserias propias con las miserias de otros. Tiempos de miedo, de hambre, de ver, oir y callar. Tiempos en los que el infierno estaba en la tierra.

Argeme, Libertad y otras mujeres de la novela, representan a todas aquellas mujeres, seguro que conocemos a unas cuantas, desganchadas de trabajar de sol a sol, de aguantar carros y carretas, de dar a manos llenas cuando ellas las tenían tan vacías. Mujeres que no claudicaban, que no se mordían la lengua clamando por su dignidad, aunque luego vinieran los golpes. Mujeres a las que les queda una almohada llena de sueños para manejarlos a discreción, como alguna vez dice Argeme.

Y en esos sueños iban incluídas las ganas irrefrenables de estudiar, de saber, de ser críticas, de cambiar el mundo. Tiempo de maestras que se empeñaron en cambiar currículos en los que rezaban “Sus labores” por otros en los que las niñas, mujeres del mañana, fueran lo que quisieran ser. Aulas oscuras que ellas, las maestras, iluminaban con sus ansias de inculcar a sus alumnas libertad de pensamiento y conciencia crítica, propósitos nada fáciles en aquellos tiempos.

Entonces, como ahora, leer, aprender, saber, nos salvan de una vida anodina y carente de sentido, nos permiten coger impulso para abrazar una vida digna y edificante en la que quepamos todos, hombres y mujeres.

Esta hermosa y dura historia que nos presenta Rosa, tiene también mucho que ver con la memoria, pues si no guardamos memoria de lo que fuimos, difícilmente entenderemos el presente.


Mª José Vergel Vega

 

domingo, 10 de marzo de 2024

Sembradoras de esperanza: Manifiesto 8M 2024

 


Estamos ante un nuevo 8 de Marzo que nos ofrece la oportunidad de volver a reivindicarnos como piezas claves en el funcionamiento del mundo. Y no podemos rendirnos.

Seguimos luchando por alcanzar la igualdad real. Desgraciadamente cada vez se va haciendo más tarde para terminar con la brecha de género. Tarde para solicitar que las sociedades del mundo abracen el feminismo como única forma posible- la mejor- para transformar las relaciones sociales, para lograr la igualdad real y para que cese cualquier tipo de discriminación y abusos contra las mujeres. Porque como dice Ana Bernal Triviño: “El feminismo salva y el machismo mata”.

Llevamos siglos luchando por la igualdad real entre mujeres y hombres. Todos y todas somos criaturas dignas de habitar este mundo, todos y todas deberíamos tener la capacidad de poder tomar decisiones sin ningún tipo de cortapisas.

No vamos a negar que se han alcanzado logros muy importantes, pero también somos conscientes de que nos queda mucho por conseguir. Son muchas las veces en las que el camino hacia la igualdad nos pone obstáculos que nos parecen insalvables,  muchas las veces que no podemos  con el cansancio de tanta losa echada a las espaldas y se nos pasa por la cabeza la idea de desistir.

Todos y todas somos conscientes de la veta de odio machista que se está generando en algunos sectores sociales y políticos, que tratan de levantar un muro de intransigencia y de intolerancia hacia las metas por las que ha luchado el feminismo y por las que, en definitiva, seguimos luchando.

Que no nos puedan ni el cansancio ni la intransigencia. Ni un paso atrás.

Pese a que sintamos agotarse nuestras fuerzas, os invitamos a seguir luchando por una sociedad más justa en la que la Igualdad sea una realidad, pues al fin y al cabo esta lucha no va de denostar a unos para encumbrar a otras, sino de que todos y todas estemos en el mismo nivel. La lucha feminista va de ser iguales. Hombres y mujeres somos personas que combaten la misma causa.

Llevamos andados muchos caminos para sacudirnos la maldición de ser ciudadanas de segunda, para conseguir que se respeten nuestros derechos de una manera real, para que se tomen en consideración nuestras valías, nuestros talentos, nuestras ilusiones, nuestras metas.

Nos reivindicamos, pese al silencio de siglos al que hemos sido sometidas, mujeres trabajadoras cuyo esfuerzo mueve el mundo. Mujeres dignas e iguales que los hombres, con todo el derecho de luchar por nuestros sueños. No tengáis la menor duda: si las mujeres avanzamos, el mundo avanza.

Nos acordamos hoy de las  mujeres , a las que de una manera u otra no se les permite salir a manifestarse este 8 de Marzo, a las que no se les permite celebrar que somos mujeres dignas y valientes.

Nos acordamos hoy de las mujeres  víctimas de violencia de género. A las mujeres se las sigue matando hoy por el mero hecho de serlo, se nos sigue violando, se nos sigue callando. Hoy nos manifestamos también por vosotras, por vuestro sufrimiento, y condenamos vuestras muertes injustas y crueles. En nuestros labios llevamos vuestros nombres.

Recordamos hoy a tantas mujeres que son el sostén de sus familias en medio de la crueldad de las guerras que asolan nuestro mundo. Vuestros nombres también están hoy con nosotras: mujeres de Ucrania, de Palestina, de Israel, de Burkina Faso, de Somalia, Sudán, Yemen, Myanmar, Nigeria, Siria.

Nos acordamos de las mujeres en riesgo de exclusión social y de todas aquellas que nuestro mundo, cada vez más deshumanizado, no tiene en cuenta.

Que nadie nos arrebate el derecho de ser libres, de sentirnos libres y capaces de cambiar el mundo, para que éste sea un lugar amable en el que quepamos todos y todas. No caigamos en el desánimo, debemos seguir trabajando  para poner en valor todo aquello por lo que otras mujeres lucharon antes.

Decía Mary Wollstonecraft :”Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”. Eso es lo importante, sentirnos empoderadas, creer que somos capaces , que nuestro empeño nos llevará a alcanzar metas de justicia.

Que no nos paralicen ni el miedo ni el cansancio. Sigamos saliendo a las calles a gritar que somos marea y que en cada una de nosotras guardamos a todas y cada una de las mujeres. Una y todas en dulce armonía de sororidad.

En este 8 de Marzo, sigamos uniendo nuestros pasos, sigamos juntando nuestras manos para sembrar el feminismo de la esperanza.

Mª José Vergel Vega