Foto de Ricardo Rodrigo
Uno de los eventos culturales
más importantes, al menos desde mi punto de vista, es el de la
presentación de un libro. Y lo es porque se da ese juego de toma y
daca entre autor/lector, pues aunque sea ya un tópico la expresión,
la obra de arte no está completa hasta que no la hace suya el
receptor de la misma, en este caso nosotros potenciales lectores.
El presentar un libro de
Antonio Alviz, al que todos conocemos, se está volviendo ya una
costumbre placentera y necesaria. No se me ocurre mejor fecha para
presentar esta nueva criatura de nuestro cronista oficial:
Torrejoncillo en el Siglo XVIII. Este tiempo de Encamisá, entre
otros muchos sentimientos, nos despierta el sentido de identidad y
pertenencia a este pueblo tan rico desde tantas vertientes: artesana,
folklórica, patrimonial, social, histórica...Identidad y
pertenencia a la CULTURA con mayúsculas de este bendito pueblo.
A Antonio Alviz, autor de esta
nueva entrega de nuestra historia, tenemos que agradecerle muchas
cosas, y aunque él me advirtió que nada de halagos, al César lo
que es del César. Antonio ha tenido por oficio el de “profesor de
Francés”, por lo que somos muchos los que tenemos que agradecerle
que nos enseñara, más allá de la Gramática y otras disciplinas
lingüísticas, a amar esa hermosa lengua.
No menos importante es su
faceta como amante de la historia y la intrahistoria de su pueblo.
Me atrevo a decir que ha dedicado toda su vida a escudriñar en
nuestro pasado para descubrirnos la riqueza histórica que alberga
Torrejoncillo, historia que fue protagonizada por torrejoncillanos y
torrejoncillanas que han ido labrando lo que ahora somos y
representamos en nuestra historia presente, porque nosotros tsambién
estamos escribiendo la historia de Torrejoncillo. Esto también
tenemos que agradecérselo a Antonio de manera muy especial, pues han
sido muchos días a solas entre el silencio de los archivos,
descifrando legajos, dejándose hablar por lo allí escrito,
interpretando, escribiendo, corrigiendo de manera incansable. Antonio
sabe que en cada rincón de esos archivos está a salvo lo que un día
fuimos, esa identidad y esa pertenencia a las que aludíamos al
principio. Solo hay que tener paciencia y entusiasmo e ir a
buscarlas.
Que los torrejoncillanos y
torrejoncillanas del siglo XXI sepamos hoy los importantes hitos
históricos que atesora nuestro pueblo, lo debemos al trabajo
infatigable de Antonio.
Son ya varios los trabajos que
merecen estar en un lugar especial en nuestras casas. A ellos podemos
acudir para no perder de vista la importancia de saber de dónde
venimos para emprender con dignidad las bifurcaciones del camino.
Tucídides decía muy acertadamente: “La historia es un incesante
volver a empezar”.
Entre esas joyas escritas por
Antonio Alviz, aunque seguro que todos los presentes las conocéis de
sobra, están: En Torrejoncillo con Jenaro Ramos , libro al que tengo
un cariño especial, Crónicas de un torreoncillo, Torrejoncillo en
el siglo XVI, Torrejoncillo en el siglo XVII y este que hoy nos va a
presentar su autor: Torrejoncillo en el siglo XVIII.
Antonio nos trasladará esta
noche al Siglo XVIII, un siglo al que las crónicas se refieren como
de recuperación y reformas, no en vano es llamado el Siglo de la
Ilustración o de las Luces.
En nuestro pueblo es el siglo
en el que se gestó la fama que ganaron los paños torrejoncillanos,
aunque, como dice la copla, en otros lugares le pusieran más brillo
y finura. Los nuestros eran más bastotes, pero tenían un empaque
que los hacía durar casi , o sin casi, de por vida.
Es el siglo de la importante
labor llevada a cabo en Torrejoncillo por el Hospital Franciscano.
Es el siglo de la aceleración
demográfica.
Es el siglo de los conflictos
con Coria, refiere al autor que Torrejoncillo no soportaba ser “
pedáneo, aldea, suburbio o socampana” de nadie. Siempre tuvimos, y
tenemos,genio y figura.
Es el siglo de las cofradías,
nada menos que dieciocho adscritas a la parroquia y ermitas. Una
parroquia que terminó por convertirse en este siglo en un templo
hermoso, maravilloso. Hoy podemos decir orgullosos que es un BIC con
todas las de la ley.
En definitiva, queridos
lectores, este Torrejoncillo en el siglo XVIII, encierra hechos
históricos y personajes en los que merece la pena detenerse a leer
con tranquilidad, saboreando cada capítulo, concediéndonos la
licencia de viajar hasta aquel tiempo en el que Torrejoncillo se fue
haciendo un lugar importante en la historia de Extremadura y en la de
España.