Sé de una
mujer que proclama a los cuatro vientos que nació el año en que la República
vio la luz en nuestro país; aquel tiempo en el que la gente se echaba a la
calle para celebrar que éramos más libres y que un futuro luminoso abría sus puertas
de par en par.
No sin
dificultades, a esta niña le pusieron María Libertad, porque nació republicana
y trabajadora. Cuenta, con su sonrisa imborrable, que acompañaba a su padre
cada primero de Mayo y se manifestaba con alegría; levantando el puño y
cantando las coplas que reivindicaban pan y dignidad para los obreros
explotados.
María
Libertad vivió una guerra siendo muy niña, y vio quemar con su hermana
Francisca, con todo el dolor de su corazón banderas republicanas y hasta,
relata, que quisieron quemarles el vestido rojo que llevaban puesto.
María
Libertad caminaba las calles recogiendo cachinos de pan para matar el hambre;
porque ella, cuenta, ha pasado mucho. Pero cuanto más grandes eran las
dificultades, más se crecía y más luchaba para que nadie le pisara sus ganas de
vivir y de habitar un mundo en el que todos nos tratáramos con respeto y en el
que todos tuviéramos nuestra ración de paz.
María
Libertad no se detuvo ante las adversidades, apretó los dientes y encaró con
valentía, como la mujer luchadora que siempre ha sido, lo que la vida le
mandaba, porque la vida a ratos es dulce
pero otros nos devora a
dentelladas.
María
Libertad, mujer de mil oficios. Benditas tus manos que fregaron dobles,
ventilaron matanzas, guisaron comidas de quintos. Manos que hicieron picón, que
fueron a la siega. Manos que asistieron a muchos en el momento de la muerte,
María camposantera.
María
Libertad de eterna sonrisa, la mujer que no conocía descanso, porque sabía que
cuando llegara a casa no le esperaba el reposo del guerrero, con quince hijos
tenía que lavar mucha ropa hasta las tantas de la madrugada.
María
Libertad, madre, republicana y socialista, mujer a la que tenemos que agradecer
tantas cosas, porque se ha dado a los demás olvidándose de sí misma.
Gracias por
tu ejemplo, por no rendirte nunca, por ir sembrando sonrisas, por dar por los
demás hasta lo que no tenías. Por eso no debe extrañarte que todos en este
pueblo al que adoras te quieras condeliriu y sólo tengan palabras hermosas
hacia ti.